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Treinta años del tsunami del PP

El aniversario del primer gran triunfo, que inició el cambio electoral, coincide con una redada y un liderazgo en ciernes que recuerda al de los 90 con Zaplana

Rita Barberá logra la mayoría junto a Unión Valenciana en mayo de 1991, hace ahora 30 años. | LEVANTE-EMV

Domingo 26 de mayo de 1991. Un solo concejal da al bloque de la derecha la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de València. PP (9) y UV (8) alcanzan los 17 concejales frente a 13 del PSPV y 3 de EU. Las urnas decretan el primer gran cambio de ciclo electoral en la Comunitat Valenciana. El segundo llegará en 2015 y en sentido inverso, con el desalojo del PP.

Barberá y Camps, en el Ferrari con los pilotos Alonso y Massa, y el propietario de la escudería, Montezemolo, en 2009. | EFE

Los socialistas han dominado la vida pública prácticamente desde la muerte del dictador y Rita Barberá se estrena en la Alcaldía de València. Extenderá su supremacía en la ciudad durante 24 años y el partido ampliará la suya a toda la Comunitat Valenciana durante dos décadas hasta convertir cuatro procesos electorales en un tsunami y hacerse fuerte en todos los rincones del territorio, de norte a sur y de este a oeste, en las grandes ciudades, en el mundo rural y hasta en el llamado ‘cinturón rojo’ metropolitano.

El de Barberá es el primer momento victorioso para el PP desde la recuperación de la democracia. Y esta semana se cumplen 30 años de aquel triunfo electoral.

El aniversario ha coincidido con una redada policial que ha ido directa al corazón de la gestión de aquellos años en el Ayuntamiento de València con Barberá al frente. Y también llega en un momento en que el PP agita la bandera de un posible nuevo cambio de ciclo tras seis años alejado del poder en las instituciones.

Y lo hace inmerso en un proceso de cambio de liderazgo que no deja de tener paralelismos con el realizado hace tres décadas. El aterrizaje de Carlos Mazón, que se prepara para ser elegido presidente del partido en el congreso del 3 de julio, tiene muchas similitudes con el cambio que los populares impulsaron en los años 90 y que situó a Eduardo Zaplana al frente del partido tras desplazar al que era entonces presidente regional, Pedro Agramunt, como ha ocurrido hace apenas dos semanas con Isabel Bonig, cuya retirada ha forzado la dirección nacional que lidera Pablo Casado.

Descomposición de Ciudadanos

Y también llega la fecha en el calendario con una operación en marcha para el reagrupamiento de la derecha, que en el PP aseguran que ha cogido fuerza tras las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, y que pasa por la descomposición de Ciudadanos y la absorción de su electorado.

También en los 90, los populares tuvieron que esperar a la caída de Unión Valenciana para afianzar su hegemonía. Una formación que empezó a desplomarse, precisamente, el mismo día en que Barberá entró en el despacho de la alcaldía y UV, que no supo negociar compartirla al menos dos años, le entregó la vara de mando. El proceso de fagocitación comenzó entonces pero adquirió velocidad a partir de1995.

PP y UV firmaron el llamado ‘pacto del pollo’. El partido de Lizondo logró carteras en el Consell pero los populares no tardaron en alentar las fugas en UV y asumieron pronto el discurso regionalista, lo que aceleró el proceso.

Ya con mayoría absoluta, Zaplana se embarcó en la política de grandes proyectos, siempre con sobrecostes, y forzó un cambio en la ley de cajas de ahorros para hacerse con el control y facilitar obras como Terra Mítica. También fue el primer presidente de la Generalitat encarcelado.

Aquella primera candidatura de Barberá de hace 30 años ya incorporaba nombres que iban a ser protagonistas años después en los sucesivos gobiernos autonómicos y también en las crónicas judiciales. José Luis Olivas era el dos; Francisco Camps, el cinco, y Juan Cotino, el siete.

Olivas sería el presidente interino de la Generalitat cuando Zaplana dejó la presidencia para irse a Madrid como ministro de Aznar mientras Camps ocupará la presidencia del Consell ocho años (2003-2011).

Precisamente Camps, hijo político de Barberá, altera ahora la hoja de ruta popular y amenaza con convertirse en el principal dolor de cabeza del futuro liderazgo de Mazón. El expresidente, casi liberado del vía crucis judicial, insiste en recordar casi a diario que quiere ser candidato a la alcaldía, lo que obliga a María José Catalá (que ha formado un tándem con Mazón que rememora el de Barberá y Zaplana en los 90) a insistir también casi cada día que es ella la que tiene el apoyo de Génova.

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