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Viaje final del último brigadista internacional con su bandera tricolor

José Almudéver Mateu, fallecido a los 101 años, es enterrado en Pamiers y despedido por su familia con el tango «Adiós Muchachos» y «¡Ay, Carmela!»

Viaje final del último brigadista internacional con su bandera tricolor

Viaje final del último brigadista internacional con su bandera tricolor

Las personas pueden transitar por la vida como espectadoras o como protagonistas activas de la realidad. José Almudéver Mateu «Galló», como se le conocía en Alcàsser, era del segundo tipo de personas. Su vida de novela de acción y compromiso como miembro de las Brigadas Internacionales y del Ejército Popular de la República ha escrito esta semana sus penúltimas páginas. Penúltimas porque su legado perdurará. Almudéver falleció el 23 de mayo a los 101 años, a dos meses de los 102.

El viernes fue enterrado en el cementerio de Pamiers despedido con los compases del tango de Carlos Gardel «Adiós muchachos», «Ay, Carmela» y el himno de Riego. Sus diez nietos y seis biznietos también le dedicaron una canción de cuna francesa. José Almudéver Mateu reposará junto a su mujer Carmen Ballester Vicens «la Cordellera», vecina de Silla y fallecida en 2006.

En este último trayecto José Almudéver Mateu también viajará con su inseparable bandera tricolor que lo identificaba como miembro de las Brigadas Internacionales y del Ejército Popular de la República. Un activismo que cambió el rumbo de su vida y que le obligó a vivir exiliado en Francia desde 1947.

José Almudéver Mateu pudo ser Brigadista Internacional por su doble nacionalidad hispano-francesa. Nació en Marsella en 1919 por casualidad porque sus padres y abuelos estaban de gira por Europa con el Circo Alegría. La familia Almudéver Mateu volvió a Alcàsser en 1931. En esta población de l’Horta, José solía acudir al Casino para leer el periódico a quienes no estaban alfabetizados y contextualizarles las noticias de actualidad. Su temprana conciencia le llevaría a ser miembro fundador de la Juventud Socialista Unificada (JSU) de Alcàsser, como recuerda el historiador local Antoni Simó, en el libro «Alcàsser. Biografía d’un poble en guerra (1931-1941)».

Almudéver con su mujer Carmen Ballester y en las trincheras de la Sena en 2007 Archivo JAM

Después del golpe

El activismo de José Almudéver no se arredró con el golpe de Estado militar del 18 de julio de 1936. Dispuesto a defender la II República se alistó en la «Columna Germanías» de la que fue expulsado porque sólo tenía 17 años. Finalmente logró un certificado falso de nacimiento con el que «alcanzó» la mayoría de edad y en septiembre de 1936 ya luchaba en la columna Pablo Iglesias en el frente de Teruel donde el 25 de mayo de 1938 un obús le hirió en «brazo, pecho y espalda», como contó a Levante-EMV en 2012.

Tras recuperarse en Alcàsser de las heridas, se enteró que la Columna italiana Carlos Rosselli de las Brigadas Internacionales se alojaba en el Molí de Magalló de Silla. Almudéver hizo valer su origen francés para que lo aceptaran. Y con ellos luchó hasta que las Brigadas fueron expulsadas en enero de 1939 después de que el Comité de no Intervención decidiera sacar a los guerrilleros antifascistas de España.

Aún volvió a España, pero fue apresado y retenido cinco meses en el campo de concentración de Albatera, cuando intentaba huir por el puerto de Alicante, como miles de exiliados.

Después estuvo encarcelado en Portaceli, la Cárcel Modelo de València y terminó su cautiverio en Aranjuez. Fue liberado por buena conducta en 1942. Volvió a Alcàsser, donde conoció a Carmen Ballester Vicens con la que se casó, y retomó su activismo al convertirse en enlace de la Agrupación guerrillera de Levante y Aragón. En 1947 iba a ser detenido, pero su mujer logró para él un salvoconducto que le permitió huir a Barcelona para cruzar a pie los Pirineos, desde Olot, «sin comer, ni beber durante tres días», como contó en sus memorias «El pacto de no intervención. Pobre República». Su mujer Carmen Ballester repetiría la hazaña en febrero de 1948. Ambos rehicieron sus vidas en Pamiers hasta que pudieron volver a Silla y Alcàsser a partir de 1965.

Como legado, José Almudéver deja su lucha incansable para defender los valores republicanos. «Repetiría todo lo que he hecho, sin cambiar ni una coma. De todo lo que he vivido, aunque he sufrido en algunos momentos, he aprendido muchísimo», aseguraba Almudéver Mateu en el documental «El último brigadista» de la productora valenciana Three Roots, del que fue guionista un sobrino, Josep Aguado Llobet. Un documental histórico en el que dejó un mensaje a las generaciones futuras: «La humanidad no será humana mientras exista el capitalismo».

El día que bajó del estrado al oír el himno «franquista»

José Almudéver Mateu dedicó sus últimos años a divulgar los desastres de la Guerra Civil y su lucha por el Gobierno legítimo de la II República en colegios, institutos y centros públicos valencianos. Tras su fallecimiento, las redes sociales se llenaron de mensajes recordando su legado, que su familia agradece de corazón. Como el del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien destacó el «compromiso político y perseverancia de Josep Almudéver, el último brigadista internacional. Combatió contra la dictadura y defendió la democracia sufriendo la represión de la posguerra y el exilio. Mi cariño a sus seres queridos». También el presidente de la Generalitat Ximo Puig y la consellera, Rosa Pérez Garijo, mostraron sus condolencias a la familia. «Qué contento estaría de leer todos estos mensajes que le han dedicado estos días», aseguran sus hijas Ilda y Sonia Almudéver a Levante-EMV. Un reconocimiento que el último brigadista pudo recibir en vida. La Generalitat lo nombró «Embajador de la C. Valenciana» en el Nou d’Octubre de 2016, recibió el Porrot d’Honor Ciutat de Silla en 2017. En el acto de 2016 protagonizó varias anécdotas. Un exceso de celo de una responsable de protocolo le impidió exhibir la bandera republicana cuando iba a recoger el premio. Al final del acto, cuando sonó el himno de España, Almudéver se apartó discretamente del estrado al escuchar la Marcha Real y que él consideraba una reliquia franquista porque era la música que sonaba en la Cárcel Modelo cada mañana cuando fusilaban a los presos.

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