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Perfil/Análisis

La crisis de Sánchez planea sobre Ábalos

La hipotética remodelación de Gobierno amenaza uno de los puestos del gran poder valenciano en Madrid: o ministro o alto mando del PSOE

José Luis Ábalos, con una carpeta de su ministerio. | E.P./HELLÍN

José Luis Ábalos, con una carpeta de su ministerio. | E.P./HELLÍN

José Luis Ábalos regresa hoy a València, su espacio de confort, en acto de partido. Su convocatoria ha coincidido con la multiplicación de informaciones sobre la gestación en Moncloa de una posible crisis de Gobierno. El hoy ministro de Transportes es el único apoyo orgánico que tuvo Pedro Sánchez en el PSOE cuando se rebeló contra el aparato (y ganó). Por ello es el principal valor político valenciano en la capital. Es aventurero presumir su futuro, pero los mentideros socialistas dan por hecho que tendrá que elegir entre sus dos responsabilidades: o ministro o secretario de Organización del partido. La lógica dice que, si le dejan escoger, se quedará con la cartera ministerial. El puesto en el timón de mando del PSOE es un seguro de problemas y escasa resonancia.

Dicen los monclólogos también que cuando se habla de remodelación del Ejecutivo, esta puede llegar antes o después, pero llega. La lógica invita a pensar que puede ser en julio. Septiembre, a más tardar. Al margen de la necesidad de reforzar el Ejecutivo, el debate viene bien cuando el foco está en los indultos del procés y el conflicto con Marruecos. La crisis y el último giro de Kitchen contra De Cospedal han dado un vuelco en unas horas a la agenda informativa.

Si la remodelación se consuma, Ábalos tendrá que decidir antes de lo previsto, porque en el partido se da por seguro desde hace tiempo que el ministro no continuaría como secretario de Organización, una combinación que pocas veces se ha dado. Todo apuntaba a que en el congreso federal de octubre, en València para más épica, Ábalos abandonaría la secretaría de Organización por algún puesto de honor y prestigio en la ejecutiva. Ahora tendrá que decidir antes. Posiblemente.

La buena estrella con que Ábalos aterrizó en 2017 en el poder madrileño empezó a apagarse con el Delcygate, la extraña aparición en el aeropuerto de Barajas de la vicepresidenta del Gobierno de Venezuela. La conexión bolivariana convirtió el episodio en pieza de alta prioridad para cierta prensa. A partir de ahí, el ministro se ha visto salpicado por un viaje a Canarias pagado en parte en metálico por su asesor y guardaespaldas y, más recientemente, por las ayudas estatales a la aerolínea Plus Ultra.

Políticamente, el fiasco de la moción de censura en Murcia, fracasada y de la que se derivó una convocatoria electoral en Madrid que ha acabado en sonada derrota socialista, ha quedado sin padre ni mentor, pero es difícil obviar la responsabilidad de la secretaría de Organización. Por acción u omisión.

El ministro y alto mando del PSOE no pasa por su mejor momento político, pero su trayectoria indica una capacidad de resistencia (política) muy superior a la media. En algún análisis periodístico de estos días lo sitúan incluso de futuro vicepresidente, en el lugar de Carmen Calvo. Puede ser, o no, pero en todo caso parece improbable que Sánchez abandone a su suerte a quien ha sido uno de sus principales apoyos.

Una opción de futuro siempre es el regreso a la política valenciana. Sería más fácil con un líder local desgastado y débil. No parece el estado presente de Ximo Puig, que además ha recompuesto relaciones con Pedro Sánchez y aparece como su principal apoyo entre los presidentes autonómicos.

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