Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

"El alzhéimer necesita avances, da esperanza ver que un ensayo funciona"

Francisca Forteza se siente afortunada de participar en el tratamiento que una decena de pacientes recibe en La Fe

Francisca Forteza, participante en el ensayo clínico del fármaco contra el alzhéimer, pinta un mandala en su casa de València. | F. CALABUIG

Francisca Forteza, participante en el ensayo clínico del fármaco contra el alzhéimer, pinta un mandala en su casa de València. | F. CALABUIG

Francisca Forteza cumplirá 82 años en julio y tiene alzhéimer. Es una de las pacientes que recibe tratamiento en el ensayo clínico del medicamento Aduhelm (aducanumab) en el Hospital La Fe de València, un fármaco que fue aprobado hace dos días por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA en inglés), tras un proceso que no ha estado exento de polémica.

El medicamento frena el desarrollo de la enfermedad en pacientes que experimentan los primeros síntomas. El producto crea «anticuerpos monoclonales», elementos que «detienen la propagación de las placas beta-amiloide, que son las que se acumulan en el cerebro y alteran las neuronas, produciendo pérdidas de memoria», cuenta el neurólogo Miquel Baquero, del hospital La Fe.

La admisión de este medicamento en EE UU ha causado controversia ya que al sospechar que no tenía efectos se suspendió temporalmente para luego comprobar que funcionaba. «Se canceló la investigación a mitad, ahora hemos vuelto a incorporarla para comprobar los efectos que tiene en personas enfermas a largo plazo», añade Baquero, al tiempo que matiza que todavía queda tiempo hasta que se apruebe en Europa y se concluya cómo instaurarla en España y en qué condiciones. Habrá que ver, también, cómo de exclusivo es el acceso al fármaco.

Por el momento, algo más de una decena de pacientes se someten a este tratamiento experimental en La Fe. Francisca es una de ellas. Desde hace cuatro años, poco después de ser diagnosticada—a excepción de los meses que el ensayo se suspendió—, acude una vez al mes para recibir el fármaco en estudio.

Desde entonces, dice, su enfermedad no ha ido a más. «Me supo mal cuando me dijeron que no estaba haciendo efecto, aunque después volvimos y yo me veo muy bien», dice. «Esta enfermedad necesita avances y es esperanzador saber que el ensayo funciona, puede beneficiar a muchas personas», añade Francisca.

Una lectora voraz

Agradecida, contenta, risueña y cuenta que «muy presumida», Francisca acude cada dos días a los «talleres de la memoria» del Instituto Valenciano de Neurociencias (Ivann), donde ejercita el cerebro. Es una gran lectora. Una actividad que dejó de hacer en el primer diagnóstico. «Le dolía la cabeza y no podía leer», explica, por su parte, su hija Juana, su acompañante en todo este proceso. Ahora, detallan ambas, Francisca devora libros como lo ha hecho durante toda su vida. Y pinta mandalas, algo que le «chifla».

No ha mejorado desde que le identificaron alzhéimer pero lo importante, dice su hija Juana, «es que tampoco ha ido a más». Desde la Asociación de Familiares de Alzhéimer de València apuntan que es esperanzador pero «hay que ser cautos por los efectos secundarios que puedan causar». Para Baquero, «los pequeños avances significan grandes esperanzas para los pacientes, cuando se identifica la enfermedad se ponen en lo peor, pero con los nuevos fármacos resurge la esperanza». Y así lo cree Francisca que, aunque hay días en los que no está tan animada, se siente afortunada por ser «una pionera».

Baquero cree que el fármaco «será eficaz y útil para detener la progresión de la enfermedad». Eso sí, añade que se ha de aplicar al principio. «En personas con alzhéimer evolucionado el medicamento no tendrá eficacia», dice. Por eso, se han de producir avances. «Facilitar el diagnóstico precoz, investigación y medios para poder tratar y hacer seguimiento», al tiempo que dice que ahora que Estados Unidos lo ha aprobado, la Agencia Europea del Medicamento se verá obligada a valorarlo también. «Esperemos que así sea», dice Francisca, quien a sus (casi) 82 años, cuenta como se levanta el camal del vestido para que le de el sol cuando sale a pasear, y a la luz natural, sus ojos verdes brillan todavía más.

Compartir el artículo

stats