Fernando Valladares Ros todavía asimilaba ayer su galardón en los Premios Rei Jaume I. El investigador madrileño, de 55 años, fue reconocido con el premio «Protección al Medio Ambiente» por su contribución para comprender las interacciones de las plantas de los bosques entre sí y cómo se ven afectadas por factores como la humedad, las concentraciones de carbono y otros parámetros que se ven modificados debido al cambio climático.

Después de 30 años de investigación, Valladares disfruta de su gran reconocimiento. «La verdad es que estoy muy contento. Al principio no me lo acababa de creer, porque uno siempre piensa que estos reconocimientos se los dan a alguien más importante, pero quizá en los últimos años hemos hecho un gran esfuerzo de investigación y divulgación y eso me ha hecho ganar un poco más de convencimiento de que también merecía este galardón. Sin duda es un espaldarazo muy potente, porque son 30 años de investigaciones, desde la época de la Cumbre de Río de Janeiro», se sinceró.

Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, con premios extraordinarios de licenciatura y doctorado, y premio internacional Mason H. Hale (Canadá, 1994). En la actualidad es profesor de investigación del CSIC, donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Es además profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Halagado por las palabras del jurado, Valladares hizo balance de sus 30 años de investigación y de sus más de 400 publicaciones para quedarse con tres momentos especiales de su carrera. «En la fase más juvenil tuve la ocasión de ir a la Antártida a estudiar líquenes, y aquello fue toda una aventura. Luego en una fase posterior me marcaron mucho los estudios en el chaparral de California, comprobando cómo el estrés hídrico de la zona es muy parecido a España. Guardo muy buenos recuerdos de aquello. Y por último destacaría recientemente la investigación sobre la plasticidad fenotípica, es decir la capacidad de los organismos de adaptarse en función de los cambios en el medio ambiente».

El Mediterráneo, cóctel ambiental

Preguntado por cómo ve el escenario del cambio climático en el Mediterráneo y sobre si cree que 2030 es una fecha de no retorno para la humanidad si no hace nada, el investigador explicó que el Mediterráneo «es un punto caliente de cambio global en general, no solo de cambio climático», que soporta muchas formas de contaminación y otras variables que lo convierten en «un cóctel ambiental bastante tremendo». Por ello, explica que la sociedad tiene que hacer los deberes «para llegar con límites de seguridad para la humanidad en 2050. Si no actuamos está en juego la supervivencia de la especie humana, no del planeta, que seguirá su curso», advierte. «Hay que darse un poco de prisa y pasar a la acción», reclama.