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Expertos piden fijarse en criterios como la hospitalización y dejar la incidencia a 14 días

Afirman que hay que tener en cuenta que la vacunación ha hecho caer la mortalidad entre los más mayores

El proceso de vacunación ha ido rebajando la media de edad de los fallecidos por coronavirus. | F.B.

El proceso de vacunación ha ido rebajando la media de edad de los fallecidos por coronavirus. | F.B.

La media de edad de las personas fallecidas a causa de la covid-19 en la Comunitat Valenciana se va reduciendo conforme avanza la pandemia, ya que en la primera ola el 58,4 % de los fallecidos tenía 80 o más años, mientras que en este mes de mayo esa franja de edad ha bajado hasta el 50,9 %, lo que supone 7’5 puntos menos. El rejuvenecimiento de los fallecimientos se observa también en los datos referido al tramo de edad de entre 40 y 59 años, ya que en la primera oleada representaron el 3’6 % del total, mientras que el mes pasado supusieron el 8’1 %, más del doble, según los datos de la Conselleria de Sanidad.

Menos muertes a partir de 80

La evolución a la baja en las defunciones por coronavirus en la Comunitat Valenciana se observa sobre todo entre las edades comprendidas entre los 80 y los 89 años, en las que al comienzo de la pandemia se produjeron en 40’1 % de las muertes, mientras que en mayo fueron el 33 % del total, siete punto menos.

En el tramo de 90 o más años, en la primera ola supusieron el 18’3 % de las defunciones totales, y el mes pasado eran el 17’9 %, casi medio punto menos.

El principal cambio de tendencia se observa en el tramo comprendido entre los 40 y los 59 años, en el que al inicio de la pandemia se registraron el 3’6 % de las muertes y actualmente son el 8’1 %. De 40 y 49 años han pasado a multiplicar su peso entre la media de edad de fallecimientos.

La vacunación ha hecho cambiar tanto la situación de la pandemia que hasta las gafas con las que mirarla necesitan revisar su graduación. En la primera ola, ante la falta de capacidad de diagnóstico del virus, la única manera de poder seguir la evolución epidemiológica era el número de fallecidos mientras que posteriormente ya tomó un papel relevante la incidencia acumulada.

Sin embargo, los cristales que muestran el número de casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días (periodo de tiempo en el que se tiene estipulado que un caso está activo) parecen no captar la realidad vírica todo lo nítida y los expertos consultados por Levante-EMV abogan por fijarse en otros parámetros para poder hacer un análisis correcto y completo de la situación pandémica.

«La incidencia acumulada ahora resulta poco informativa, se nos escapan muchos casos», explica el investigador de la Fundación Fisabio y experto en Salud Pública, Salvador Peiró. El motivo, indica, es que como hay una buena parte de la población adulta más vulnerable vacunada y gran parte de los contagios se dan entre población joven, en muchos casos asintomáticos, hay muchos de estos que no se detectan.

«Estamos en un momento de infradiagnóstico», alega Peiró para remarcar que se podrían generar brotes que se diseminaran y que no llamarían la atención hasta que en esa cadena alguien presentase síntomas. «Pero no es una mala noticia, lo mejor es que no haya casos graves, significa que la vacuna funciona, el problema es que sigue habiendo gente de riesgo sin proteger», expresa.

La Comunitat Valenciana se encuentra en torno a los 40 puntos de incidencia acumulada, una cifra que se ha mantenido prácticamente estable con un ligero aumento en las últimas dos semanas de cerca de 10 puntos mientras el resto de España bajaba. Claro que los puntos de partida no eran los mismos: mientras que en la autonomía valenciana el riesgo era considerado «bajo», por debajo de 50, en la media estatal estaba por encima de 100.

El dotor en Epidemiología por la Universidad de Harvard y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València, José María Martín-Moreno, sí que defiende la utilidad de la IA a 14 días, aunque añade un matiz. «Lógicamente ese indicador no se debe limitar a la cifra global sino que debemos afinar lo máximo posible para saber cómo se distribuye según los variables de persona por edad y sexo o de lugar», desgrana. En su opinión, «poco a poco (ojalá) se producirán menos muertes y hospitalizaciones, pero deberán ser contabilizadas hasta que desaparezca la pandemia».

No obstante, para el catedrático de Inmunoparasitología de la Universitat de València, Rafael Toledo, la incidencia acumulada, actualmente, «no tiene sentido». «No diferencia un caso de la enfermedad, se incluye en el mismo saco a quien no tiene ningún síntoma y a quien acaba en una UCI, aunque este problema ya venía de antes; lo que pasa es que ahora ya la posible correlación que había entre casos totales y personas que padecen graves o fallecen se ha roto», desgrana el experto.

Toledo se refiere a que si antes el virus se transmitía de manera homogénea por los diferentes grupos etarios y por cada 100 casos había uno grave, ahora, al vacunar especialmente a las personas de más edad y, por tanto, con más riesgo de padecer la enfermedad de manera grave, «ya no es así». «Se ha visto que cuando se ha vacunado a los mayores de 80 ha caído la mortalidad y al vacunar a los de 50 a 70 se están vaciando las UCI, aunque la incidencia aumente y no signifique que estamos peor», defiende mientras pone de ejemplo que en Reino Unido «se ha vivido un pico de casos pero en cambio las muertes han continuado a la baja».

También la forma de medición de la incidencia acumulada es un asunto de crítica por parte del investigador de la UV ya que, considera, existe «muchos sesgos que pueden influir en este dato». «Se pueden hacer más o menos PCR a más o menos población, puedes hacer aislamiento sin prueba a los contactos estrechos o puedes hacer testeos aleatorios o simplemente seguir los contagios que conoces, todo influye para que haya un dato u otro», explica.

Incidencias por tramos de edad

Entonces, ¿cómo seguir la pandemia? Para Peiró seguir la evolución de casos diarios genera la sensación de «dientes de sierra con subidas y bajadas constantes» por lo que, dice, que si hay que fijarse hay que hacerlo en periodos de plazo medios, de entre tres y siete días. Así, considera que un buen dato «que nos dará pistas» son las tasas de hospitalización, así como fijarse en las incidencias por tramos de edad. «Lo importante es que baje en los más vulnerables», dice.

Por su parte, Toledo aboga por centrarse en las hospitalizaciones porque son las que determinan cuántos casos graves existen. En este sentido, el catedrático de Inmunoparasitología propone contabilizar «el número de nuevos ingresos hospitalarios». «No el acumulado», matiza. Precisamente es este último dato el que facilitan desde la Conselleria de Sanidad en sus actualizaciones diarias.

En este sentido, indica que con las variaciones del acumulado «solo sabemos que han entrado más o menos gente de la que ha sido dada de alta, pero no cuántas han necesitado ingresar».

Asimismo, añade que en el caso de las UCI hay estancias «muy largas» que se verían reflejadas «durante muchos días en las estadísticas». «Una persona con dos meses ingresada estaría siendo notificada durante 60 días», sentencia. La pandemia evoluciona, las gafas para leerla, también.

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