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Memoria Histórica

Una fosa común bajo la tumba del primer fascista de España

Los familiares de nueve fusilados en Enguera se movilizan para recuperar sus restos. Un estudio apunta a que los huesos podrían yacer bajo el mausoleo franquista del «doctor Albiñana», un ilustre enguerino considerado como la primera persona que fundó un partido puramente fascista en España. Víctimas bajo la tumba del victimario.

Fotografía del mausoleo de José María Albiñana

Fotografía del mausoleo de José María Albiñana

Martes 6 de junio de 1939, cinco de la mañana. Amanece. La escuadra de camisas negras falangistas está lista. Suben a siete republicanos, maniatados, a la parte trasera de la camioneta militar. Salen del convento de Enguera (convertido en cárcel), y van a la tapia trasera del cementerio. En su camino, el traqueteo del motor despierta a un vecino, que prende un candil para ver, pero solo ve varias siluetas, y una que le dice; «nos vemos en la eternidad». Lo siguiente que se escucha es a los fascistas descerrajando siete tiros.

Los franquistas mintieron en la localización de la fosa («en el campo»), y no permitieron que los restos fueran velados por sus familiares. Las víctimas fueron nueve en total: un teniente de la Guardia de Asalto (fusilado el 25 de mayo), dos alcaldes, dos concejales, y tres consejeros del Comité Ejecutivo Popular (6 de junio), y otro concejal más (16 de junio). Esa misma mañana los franquistas presentaron sus falsas actas de defunción. Causa de la muerte: síncope cerebral, parálisis cardíaca, asistolia, colapso, anemia aguda... La ejecución impuso el miedo y el silencio en el pueblo. Era un escarmiento para que aprendieran la lección fascista.

Tapia trasera del cementerio de Enguera, donde se realizaron las ejecuciones. Levante-EMV

Dos años después, en laprimavera de 1941, el castigo sería, si se puede, más cruel. Encima de los fusilados se levantó un mausoleo en honor a José María Albiñana, también conocido como «doctor Albiñana», la primera persona que formó un partido puramente fascista en España, el Partido Nacionalista Español (1930-1933). Albiñana era un ultranacionalista, antisemita, imperialista, y gran admirador confeso de Hitler y Mussolini. Ramiro de Ledezma, fundador de Falange, hablaba de él como un «reaccionario» y un «ensayo mostrenco de fascismo». En las filas de su partido se encontraban los «Legionarios de España» o «Legionarios de Albiñana», una escuadra que, según él mismo, serían «centinelas permanentes de la seguridad patria». Los legionarios protagonizaron ataques violentos y armados durante varios años, el más sonado, hacia Miguel de Unamuno en el Cine Europa de Madrid. Albiñana buscaba emular a las Squadre d’azione italinanas o a las S.A alemanas. 

A falta de que se aprueben las ayudas, los familiares han pagado de su bolsillo el inicio de los trabajos arqueológicos

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Aunque se llegó a reunir con el general Mola poco antes del golpe de Estado de 1936, quedó atrapado en Madrid, y fue fusilado en la cárcel Modelo. Sus restos volvieron a su Enguera natal en abril de 1941, donde le esperaba el monumento. Entre los donantes para su mausoleo (obra propuesta desde Madrid) figuraba lo más granado del régimen franquista. El propio Franco puso dinero para ese monumento que sepultaba a las víctimas bajo el victimario.

Jose María Albiñana. Levante-EMV

Ochenta y dos años después, las familias se han unido para reclamar los restos de sus padres (en muy pocos casos), y abuelos. El ayuntamiento de Enguera ha aprobado la cesión del terreno para los trabajos, pero ni Diputación ni Conselleria han dotado todavía de subvenciones al proyecto, presentado en febrero. Pero ni siquiera eso ha parado a las familias, que han decidido poner el dinero de su bolsillo para que los arqueólogos inicien los trabajos con un análisis de georradar. Aún así, siguen a la espera de fondos para recuperar a sus familiares.

Represión interna

La madre de Pepi siempre tenía una foto de José Barrón en la cómoda del dormitorio. Una postal del hombre con el que se iba a casar, pero que fusilaron a los 26 años, dejándola sola con una niña recién llegada al mundo. Con 36 días, Pepi cuenta que sus tías la llevaron a la cárcel, a ver a su padre. Su madre no tenía valor para hacerlo sin derrumbarse.

«Me han contado muy poco siempre, en aquella época cuanto menos se hablaba mejor. Mi madre solo me decía que era una buena persona, que no le había hecho daño a nadie y que era muy, muy listo», recuerda Pepi, su hija.

José Barrón

José Barrón Levante-EMV

«Son cosas que una se guarda dentro, se calla y se calla, pero llega un momento en que crecen los nietos. Mi abuela me lo contaba llorando amargamente, porque le arrancaron de su vida a un hombre joven que no había hecho nada, y la dejaron en esa época, sola con una niña de 30 días, y búscate la vida...» cuenta Mari Carmen, la nieta mayor. José no quiso exiliarse a Francia «pensaba que no le iba a pasar nada, que le respetarían porque no había hecho nada malo, pero no fue así». La madre de Pepi se fue hacia Aldaia con su niña, en busca de oportunidades cuando ella tenía 8 años.

Otros, como los hijos de Ricardo Simón Monerris, último alcalde republicano de Enguera, migraron a Terrasa, porque la vida de un «rojo» en el pueblo era imposible, según cuenta su nieta desde la localidad catalana. Por desgracia, su hijo ya no podrá ver cómo recuperan los restos.

Contra el olvido

«Es una fosa debajo de un monumento franquista, puesta ahí a conciencia», dice Matías Alonso, Coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica, citando un estudio de Alfredo Barberán. «Es flagrante que se le de una pátina de normalidad democrática a este lugar. No podemos permitir que pase el tiempo, los familiares mueran y nadie recuerde lo que pasó allí. No puede ser que el fascismo permanezca», denuncia Alonso, que recuerda que el mausoleo franquista en un sitio público (a lo que se añade una calle en el pueblo con su nombre) «atenta contra el corazón de la ley de memoria histórica».

 «Me lo decía mi abuela, que habían matado a todos en Enguera, que estaban todos juntos en una fosa, como manera de dar un escarmiento al pueblo y decir ‘así no levantaréis cabeza’. Si mi abuelo está de verdad allí, claro que lo queremos recuperar para que descanse con su mujer, y el día de mañana con su hija», cuenta la nieta de José Barrón.

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