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"El teletrabajo me ha permitido volver y estar cerca de los míos"

El fin del confinamiento favorece que los valencianos regresen a casa

Sandra Bódalo trabaja desde su casa en València tras volver de Madrid hace poco más de un año.  | JOSÉ MANUEL LÓPEZ

Sandra Bódalo trabaja desde su casa en València tras volver de Madrid hace poco más de un año. | JOSÉ MANUEL LÓPEZ

Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero ¿y si la pandemia y el teletrabajo acercan un poco más a la realidad este imposible? La Comunitat Valenciana lleva cinco años aumentando su población y el último dato se sitúa en 5.045.885 habitantes. Pero no porque nazcan más criaturas— el salgo vegetativo sigue siendo negativo— sino por la llegada de personas migrantes. Del exterior y del interior.

En este segundo supuesto, las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que el territorio valenciano es el segundo con mayor saldo migratorio interior, con un valor de 5.043, lo que quiere decir que entran más personas de otras autonomías que las que se van. En ocasiones, quienes vienen a vivir a la Comunitat, en realidad regresan, pues volver a los orígenes tras el confinamiento está siendo uno de los patrones en estos meses.

Sandra, Silvia y David se enmarcan dentro de estos casos. Los tres residían en Madrid y cambiaron la capital por el Mediterráneo que les vio nacer. Un fenómeno también reflejado en los datos. La Comunitat Valenciana aumenta en migración interior. Madrid, sin embargo, va en la dirección contraria con un valor negativo de 20.836 personas que se van y que superan a las que llegan.

Campamento base

Sandra Bódalo retornó a València, donde creció,justo antes de la pandemia tras siete años en Madrid. Es periodista y freelance, dejó su trabajo y se zambulló directamente en la piscina de las trabajadoras autónomas. «Volví por la calidad de vida, no por los lazos de amistad, pues en València no tenía mi propio entorno, llevaba mucho tiempo fuera y a pesar que al principio fue difícil —me sentía turista en mi propia ciudad— ahora estoy feliz, he hecho amigas nuevas y voy haciendo mi cartera de clientes», cuenta.

Su primera opción era que el cap i casal fuera su «campamento base» con la idea de ir moviéndose en distintos proyectos por España y Europa, pero la realidad de la pandemia hizo que se estabilizara con más rapidez en la ciudad. «Me ha sorprendido volver. Juzgaba la Comunitat en mi etapa universitaria pero ha cambiado mucho y aquí, ahora que empiezo la treintena, he encontrado muchas otras cosas, entre ellas, lo que estaba buscando», dice. «Estoy cerca de mi familia, es algo que he notado mucho a nivel emocional», comenta con Levante-EMV.

Sandra pensaba que sería difícil crearse su cartera de clientes «pero me han recibido con los brazos abiertos», cuenta, al tiempo que valora que la Comunitat ha cambiado mucho y ha desarrollado sectores, como el de la comunicación, en los que «antes las empresas no estaban interesadas». Las raíces importan, y mucho.

Al menos así lo expresa, por su parte, Silvia Ruiz de la Prada, valenciana de 29 años y también periodista, hasta ahora en Madrid. Volvió a València en marzo de 2020 con la intención —como seguro que a muchos les pasó— de regresar «en dos semanas».

Ha pasado más de un año y, aunque ha cabalgado entre la capital española y la valenciana durante estos meses, se establecerá en la Comunitat definitivamente. «La sede del trabajo y el talento se ha descentralizado gracias al teletrabajo. Me ha permitido estar cerca de los míos. El valor no solo está en Madrid o Barcelona», dice. «Me siento orgullosa de haber vuelto, si tengo capacidad y mi gente alrededor, ¿por qué me tengo que ir a Madrid o Barcelona si puedo potenciar la vida aquí?. València está ofreciendo oportunidades de espacios de coworking», dice la periodista de Campanar.

Como Sandra, Silvia valora este cambio como muy positivo. «He aprendido a redescubrir otra València de la que percibía cuando me marché. Me apetece vivir esta etapa nueva. Me he dado cuenta de lo que verdaderamente importa, que es estar con los tuyos, lo demás ya vendrá», opina.

«Todas las ciudades están ahora en igualdad de condiciones. Madrid siempre va a estar ahí. Soy muy trotamundos pero ahora el cuerpo me pide es intentarlo en València, apreciar mi ciudad, madurar», asevera. Aunque tenía claro que quería volver a vivir en su ciudad, detalla que «nunca veía el momento. La pandemia y el confinamiento ha acelerado el proceso, eso es una realidad», admite. La periodista proyecta para septiembre dejar de pagar su habitación en Madrid para alquilar un piso compartido en la capital del Túria.

«València es mi casa»

Desde la otra parte de la línea telefónica, David Mocholí, de 26 años ingeniero aeronáutico atiende a este periódico. Se formó en València pero ha volado por diferentes países europeos hasta aterrizar en Madrid. Ahora, ha negociado con su empresa, Nommon, teletrabajar para poder vivir en València con su novia.

«Mi objetivo siempre fue volver, me encanta mi Comunitat pero aquí no hay oferta de lo mío o hay muy poca, por lo que era complicado ganarme la vida aquí, he cambiado mi rama y eso me da más margen de movimiento», explica.

Sin embargo, detalla que «la pandemia ha traído al menos al positivo. En mi caso, he podido negociar con mi empresa para teletrabajar y regreso por fin después de tres años», dice contento. «A mí Madrid se me hace muy grande. València es mi casa, está todo más cerca, es más familiar y el tener mar es esencial», resume.

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