Respirar. Ese es el anhelado y simbólico deseo que devuelve el cese de la obligatoriedad, aunque con reservas, del uso de mascarillas. Porque la pandemia de la covid-19 parece, o al menos aspira, a desdibujarse gracias a sueros de excéntricos nombres como PfizerModerna, AstraZeneca o Janssen. (Aquí puede consultar quién se vacuna de la covid esta semana en València).

Porque recuerda a una vida, tan cercana como lejana en el horizonte de la memoria, en la que sonreír y besar no suponían un riesgo —en muchas ocasiones vital—.

Porque la ansiada normalidad quiere ser más que la suma de diez letras. No obstante, el júbilo y el miedo bailan juntos sin pisarse los pies.

El repunte de casos, más de 820 en las últimas 48 horas en la Comunitat Valenciana, y el temor ante los nuevos macrobrotes hacen que los tapabocas, en sus múltiples formatos, colores y texturas, sigan siendo una herramienta de seguridad. (Aquí puede consultar qué efectividad tiene cada vacuna del covid-19 frente a la variante Delta).

En este sentido, las calles más céntricas de la ciudad, en las que la temperatura ha superado holgadamente los 30ºC, han sido testigo de una jornada en la que la entrada en vigor del Real Decreto-Ley que regula el fin del uso de la mascarilla en exteriores se ha vivido a medio gas.

El 26 de junio, coincidiendo con el inicio de la época estival y las rebajas, se suma al calendario de las destacadas fechas que arroja esta crisis sociosanitaria y supone, además, un paso más en un proceso progresivo de desescalada que tuvo como punto de inicio el cese del Estado de Alarma y, semanas más tarde, del toque de queda.

Así, España sigue la estela de otros países como Israel, Australia o Polonia, entre otros, en los que el uso de los cubrebocas ya no es obligatorio. Una decisión que llega en un momento en el que la Comunitat Valenciana roza el 50 % de inmunización colectiva, con más de 2,5 millones de valencianos y valencianas inoculados con, al menos, una dosis de las diversas vacunas. (Aquí puede consultar el gráfico de cómo avanza la vacunación en la Comunitat Valenciana).

¿Vaso medio lleno?

El casco antiguo del Cap i casal se ha llenado esta mañana de visitantes. Cientos de rostros transitaban grandes arterias como Colón, la plaza de la Virgen, el antiguo cauce del Túria o la plaza del Ayuntamiento ofreciendo una panorámica de contrastes en la que convergían aquellas personas que sí han dicho adiós al uso de mascarillas en exteriores y, otras muchas, que prefieren no desprenderse de ella en un ejercicio de prudencia.

“Mi pareja y yo somos grupo de riesgo y, además, no estamos vacunados. Yo la voy a seguir llevando hasta final de año. Esta normativa no debería haber llegado hasta que todos estuviésemos inmunizados”, afirmaba una vecina de València acompañada por su amiga Sara Monzó, quien comparte su misma opinión. “Las noticias generan bastante impacto, la gente se junta para hacer fiestas y yo quiero seguir siendo precavida. Ya no por mis padres, que están vacunados, sino por mí”.

Por el contrario, personas como Aroa Casa, sí se animan a respirar sin mascarilla en los espacios al aire libre. “No la llevo porque hace mucho calor y porque creo en su uso responsable. Sí la usaré en espacios con gran aglomeración”, destaca.

Ya alejados del centro de la ciudad, la zona marítima de València ofrecía una estampa diferente. Al contrario que en el casco histórico, donde la tendencia estaba marcada por el uso de la mascarilla, las playas y paseos marítimos valencianos destacaban por la laxación de su utilización. Aunque, como todo, la vida es cuestión de perspectiva y de ver el vaso medio lleno o medio vacío.