Respirar. Ese es el anhelado y simbólico deseo que devuelve el cese de la obligatoriedad, aunque con reservas, del uso de mascarillas. Porque la pandemia de la covid-19 parece, o al menos aspira, a desdibujarse gracias a sueros de excéntricos nombres como Pfizer, AstraZeneca, Janssen o Moderna. Porque recuerda a una vida, tan cercana como lejana en el horizonte de la memoria, en la que sonreír y besar no suponían un riesgo —en muchas ocasiones vital—. Porque la ansiada normalidad quiere ser más que la suma de diez letras. No obstante, el júbilo y el miedo bailan juntos sin pisarse los pies.

El repunte de casos, más de 1.200 en las últimas 72 horas en la Comunitat Valenciana, y el temor ante los nuevos macrobrotes hacen que los tapabocas, en sus múltiples formatos, colores y texturas, sigan siendo una herramienta de seguridad.

Y es que, la entrada en vigor del Real Decreto-Ley que regula el fin del uso de la mascarilla en exteriores se vivió ayer con prudencia en la capital del Túria. La normativa, que sigue la estela de países como Israel, Australia o Polonia, llega en un momento en el que la Comunitat Valenciana roza el 50 % de inmunización colectiva, con más de 2,4 millones de personas inoculadas con, al menos, una dosis de las diversas vacunas disponibles y coincidiendo, además, con la llegada de la época estival —y sus elevadas temperaturas— y el inicio de las rebajas.

¿El vaso medio lleno?

Así, grandes arterias del cap i casal, como Colón, la plaza de la Virgen o la plaza del Ayuntamiento, fueron testigos de una euforia a medio gas. Cientos de personas transitaron los principales viales de la ciudad ofreciendo una panorámica de contrastes entre quienes optaban por respirar sin mascarilla en espacios abiertos y quienes, por el contrario, apostaban por la cautela.

«Mi pareja y yo somos grupo de riesgo y, además, no estamos vacunados. Yo la voy a seguir llevando hasta final de año. Esta normativa no debería haber llegado hasta que todos estuviésemos inmunizados», afirmaba una vecina de València acompañada por su amiga Sara Monzó, quien comparte su misma opinión. «Las noticias generan bastante impacto, la gente se junta para hacer fiestas y yo quiero seguir siendo precavida. Ya no por mis padres, que están vacunados, sino por mí».

'No llevo la mascarilla porque hace mucho calor y creo en su uso, pero de forma responsable, como en espacios masificados'

Fue la noticia del día, quizá también la del mes, pues supone un paso más en una desescalada progresiva que tuvo como punto de inicio el cese del Estado de Alarma y, semanas más tarde, del toque de queda. Así, se podían escuchar vivaces debates en las terrazas de los restaurantes o en los cruces de las aceras. «¡Con la que está cayendo!», exclamó una mujer mientras esperaba la señal verde de un semáforo que le permitiese cruzar, «es mejor seguir usándolas —las mascarillas—, hay mucho tránsito de personas y la gente hace lo que le da la gana».

Por el contrario, Aroa Casa fue una de esas personas que celebró la aprobación de esta «necesaria» medida. «No llevo la mascarilla porque hace mucho calor —el termómetro sobrepasó holgadamente los 30º C durante la jornada de ayer— y porque creo en su uso responsable. La utilizaré en espacios masificados».

'Mi pareja y yo somos grupo de riesgo y no estamos vacunados, voy a llevar la mascarilla hasta finales de año. Esta decisión no se debería haber aprobado hasta llegar al 100 % de inmunidad'

Como ella, decenas de vecinos hacían el mismo resumen ya alejados de las céntricas calles del casco antiguo de la ciudad. La zona marítima se llenó de bañistas que acudieron a las diversas playas de València sin las, hasta hace escasas 24 horas, obligada mascarilla.

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La prudencia marca la primera jornada sin mascarillas en exterior en València Eduardo Ripoll

No obstante, la flexibilización en su uso no supone un adiós definitivo a los cubrebocas. Estos deben seguir empleándose en espacios cerrados, como establecimientos comerciales, en medios de transporte aéreo, marítimo y terrestre —también en andenes y estaciones— e, incluso, en vehículos de hasta nueve pasajeros si estos no pertenecen al mismo núcleo de convivencia

'La gente se junta para hacer fiestas y yo quiero ser prudente, ya no por mis padres que están vacunados, sino por mí'

Además, su utilización sigue siendo obligatoria en aquellos espacios en los que, aunque al aire libre, no se pueda mantener la distancia de seguridad —1,5 metros—, en grandes eventos o en las terrazas de bares y restaurantes si no se está consumiendo.

En este sentido, el presidente de la Generalitat Valenciana instó ayer a la ciudadanía a mantener su ejemplar cautela. Y es que, aunque calificó de «gran avance» esta medida, Ximo Puig apeló a la prudencia ante el repunte de casos entre personas jóvenes y recomendó llevar los cubrebocas «puestos o en el bolsillo».

Una indicación aplicada, bien por hábito o por temor al contagio, en el territorio valenciano que, de momento, se dirime entre el vaso medio vacío o medio lleno y mantiene el uso de las mascarillas pese a la euforia ante, el que se prevé, como un cambio de era.