Derek es Derek. Por fin. Al menos en su SIP sanitario y en su clase de ciclo medio del instituto Gilabert de Centelles de Nules, a este joven de 21 años, cuando pasan lista de viva voz o en el proyector, le llaman por su nombre. Lo del DNI es otra cosa, un proceso más largo que arrastra desde hace un año y donde aún no se reconoce su verdadera identidad. Tampoco en las notas finales ni en documentos legales, por ahora. Lo más sencillo para cualquiera, es para él otra discriminación a superar hacia las personas trans. «Al nacer me dijeron que por mis genitales yo era una niña. Pero realmente da igual lo que tenga. Porque al final es lo que tú sientes que eres. Yo no considero que haya sido nunca una niña. Soy trans porque me asignaron otro género con el que no me identifico. Pero es un cuerpo más», relata.

«Hay quien busca hacer daño» 

A lo largo de su etapa de estudios --ahora también trabaja--, hay quien le ha llamado «reina y cosas así para hacer daño». Pero por fin este curso ha logrado «que en el instituto en la lista de clase conste Derek». «Primero lo pedí y desde el centro no sabían cómo hacerlo. Hablé con el colectivo LGTBI y con mi tutora, que me ayudaron para ver cómo era posible establecer ese cambio, y les doy las gracias. Ahora en la lista ya figura mi nombre real, Derek. En las notas finales y documentos aún sale el nombre legal, el del DNI. Hay muchas personas que no van a estudiar simplemente por eso, por no pasar por esa situación. Se puede cambiar y mejorar», recalca. 

¿Cuál es su historia? Pasó su infancia y adolescencia en Nules. «En el cole siempre estaba la gente que te llamaba marimacho y cosas así. A mis amigos les conté que era trans con 16 años. Y a los 18, el mismo día de mi cumpleaños, se lo dije a mis padres y a mi familia, porque así si me echaban o no me apoyaban, pues me iba», cuenta desde su punto de vista.

"Mi sueño es ser feliz y que me respeten"

Y sucedió lo que más temía. «Mis padres no me aceptaban, ni entonces, ni ahora. Para poder seguir viviendo y respirando, sin tirarme por la ventana, me fui de casa, primero a otro piso en Nules y luego a Castelló», cuenta con una voz serena, pero que revela el sufrimiento interior pasado. ¿En qué cree que se tiene que avanzar? «En el respeto y la tolerancia de toda la sociedad, y que salga adelante la ley Trans estatal», afirma. Siempre ha vestido como ha querido pero «a veces estás en un bar y al lado te sueltan cosas, escuchas comentarios», apunta. «En Castelló enseguida busqué respaldo en el colectivo LGTBI y me han apoyado mucho y en general sin ningún problema», manifiesta. Su sueño por cumplir es «simplemente ser feliz y que me respeten». Opina además que «es una discriminación en todos los sentidos que aún no figure mi nombre en el DNI y dependa de lo que diga un médico». «Una persona tiene que ser libre para decidir cómo quiere que le traten y qué hacer, mientras no haga daño a los demás», matiza.