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La mascarilla resiste en la calle

Tres expertos explican por qué el cubrebocas continúa siendo mayoritario en los espacios exteriores pese al fin de su obligatoriedad uPrudencia y un nuevo hábito, principales causas

Las mascarillas lucen en la mayoría de los viandantes del centro de València, el viernes.

Las mascarillas lucen en la mayoría de los viandantes del centro de València, el viernes.

Viernes 18 de junio, Pedro Sánchez anuncia el fin de la obligatoriedad de las mascarillas en exteriores. Días después el BOE certifica la medida a partir del 26 de ese mes con el condicionante de que deberá llevarse si no puede mantenerse la distancia de seguridad. «No la va a llevar nadie, va a ser un descontrol», señalan voces agoreras. Sábado 26 de junio y días siguientes, con la medida ya en funcionamiento, las mascarillas siguen predominando por la calle. ¿Por qué? En busca de la explicación, tres expertos.

Consuelo Tomás es psicóloga especialista en Psicología Clínica y ya cuando se anunció la medida expresó que mucha gente tardaría en quitarse la mascarilla pese a que no fuera obligatoria. «Sensación de estar amenazados, de sentirse en peligro», aseguró la especialista en hace medio mes, una opinión que se ha visto confirmada con la experiencia del paso de los días «aunque también hay muchos, especialmente jóvenes, que se la han quitado».

Percepción del riesgo

«Sigue habiendo una percepción del riesgo y las últimas noticias del aumento de casos hacen que mucha más gente mantenga la prudencia y que decidan seguir llevando la mascarilla en la calle», explica Tomás quien añade otro factor: la incertidumbre. «No saber qué va a pasar hace que mucha gente no tenga claro qué hacer y cómo actuar y que prefiera esperar hasta que la situación esté mucho más definida», argumenta la psicóloga.

Argumentos similares a los que expone Neus Salvador, socióloga y politóloga investigadora de la consultora System Analytic en Londres. «También es que hay mucha gente que no está vacunada y que sigue con la prevención, que piensa que todavía es pronto, que tienen una percepción de riesgo alta», explica Salvador quien va más allá:«Creo que todavía estamos procesando lo que ha pasado y que hay cosas que evolucionan más rápido que nuestras acciones».

La investigadora de asuntos relacionados con la Salud Pública indica que el uso de la mascarilla «es algo que ya hemos normalizado, lo hemos incluido a nuestra vestimenta, es parte de un hábito casi igual casi igual que el de móvil, cartera y llaves para salir de casa». Y más: «Preguntando en redes sociales y a amistades me han dicho que estar sin la mascarilla por la calle es como sentirse desnudo».

Salvador habla de las mascarillas desde Londres, Reino Unido, un lugar en el que nunca fueron obligatorias en el exterior. «Una diferencia es que en la Comunitat Valenciana y España el uso de la mascarilla no ha estado politizado mientras que en otros lugares como Estados Unidos llevar la mascarilla o no implicaba casi mostrarse como votante de un partido u otro», desgrana.

Más que en los próximos meses desaparezca la mascarilla, la especialista señala que «quizás ocurre lo contrario, que en los próximos meses se haga normal, que se siga utilizando para evitar contagios de otros virus porque se ha quedado la idea de que llevarla ayuda a reducir mucho los contagios».

Francesc Hernández, doctor en Filosofía, Ciencias de la Educación y Sociología de la Universitat de València, indica la relación «secular» entre las pandemias y las mascarillas como aquellas utilizadas en la peste y que acabaron desembocando en máscaras para el carnaval, un símbolo que dejó marcado a la Venecia medieval.

No obstante, volviendo a la situación actual, Hernández señala que la acción colectiva «tiene una cierta independencia del avance científico» y pone de ejemplo que aunque ya ha se ha demostrado que la infección por contacto de la covid «es de una probabilidad ínfima comparada con los aerosoles continuamos haciendo servir los dispensadores de gel hidroalcohólico», algo que, en su opinión, «también explica la pervivenia de las mascarillas» pese a que la comunidad científica señale que el riesgo de contagio en los exteriores es mínimo al disolverse los aerosoles.

El profesor de Sociología cita a Ulrich Beck para explicar que en situaciones de crisis como la actual hay una «cierta ilustración»: «Aprendemos a desconfiar de los mensajes políticos». En este sentido, «no es de extrañar que la población siga reticente a quitarse las mascarillas» e indica, como Neus Salvador, que en los próximos años podría mantenerse no solo por olas de la covid sino para frenar resfriados.

La psicóloga Consuelo Tomás añade:«Habrá gente que mantenga la prudencia, pero también puede haber quien sufra un miedo patológico como quienes tenían miedo a salir de casa cuando acabó la cuarentena», lo que se conoció como «síndrome de la cabaña». «A nadie nos han preparado para esta situación, no solo para vivir la pandemia, sino para volver a la normalidad; sería bueno tener a profesionales para ello», sentencia.

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