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Un grupo de familiares acudió a recoger al ex subdelegado a la salida de Picassent

Rafael Rubio salió a las 18.30 horas caminando, cargado con dos bolsas grandes con su ropa y otras pertenencias

Rafael Rubio ya está fuera de la cárcel

Rafael Rubio ya está fuera de la cárcel

Eran algo más de las seis y media de la tarde en el aparcamiento del centro penitenciario de Picassent. Internos de permiso volvían a la que es su casa hasta cumplir la condena y familiares de todas las edades llegaban para visitar a sus familiares. Los coches entraba y salían y los acompañantes que no podían entrar esperaban a los afortunados escuchando música o bebiendo una coca cola a la sombra. «Los internos nuevos que no han traído sábanas que bajen», se escuchaba desde un altavoz que llegaba a la zona de estacionamiento.

Fue entonces entre un anuncio de altavoz y otro cuando Rafael Rubio apareció caminando hacia la puerta de salida del centro a paso sosegado. El ex subdelegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana abandonaba la prisión tras dos meses interno.

Cargado con dos bolsas de colores y dibujos en las que portaba sus pertenencias, Rubio, que estaba visiblemente desmejorado y envejecido, salió de la cárcel de forma simultánea y en total coordinación a la entrada de un coche todoterreno rojo. Ataviado con una camisa blanca a cuadros azules y camuflado tras la mascarilla, el procesado saludó a las personas que iban dentro del automóvil y él mismo dio indicaciones para su estacionamiento, que se consumó justo en la puerta de salida de la prisión. Del vehículo salió una mujer que le abrazó efusivamente, justo antes que el procesado se introdujera en el coche rápidamente.

El investigado se fundió en un abrazo con sus familiares y entró en la parte trasera del vehículo para evitar ser grabado

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El ex subdelegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana se fue sin hacer declaraciones a los medios de comunicación presentes minutos después de su puesta en libertad provisional en la tarde de ayer.

Cuando el coche abandonó el recinto del aparcamiento, el político, que se sentó en la parte trasera del vehículo, se ocultó el rostro con el brazo para no ser fotografiado ni grabado por las cámaras.

Al tiempo que el todoterreno rojo salía, unas niñas bailaban una canción infantil con una mujer mientras esperaban a otra familiar que había entrado de visita. A partir de ese momento, el aparcamiento relajó su actividad. Aunque el calor ya amainaba, cada vez entraban menos vehículos. Dos hombres bebían una cerveza mientras esperaban a alguien y el autobús hizo su parada, sin que nadie se subiera. «Hoy no sale nadie», comentó. Rubio, por lo menos, ya había partido hacia su casa, tras dos meses en prisión. 

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