EL D. D. T., conocido como dicloro - difenil - tricloroetano, responde a la fórmula química C14H9CL5. Aunque su verdadero nombre químico es un poco más complicado: 1, 1, 1 - Tricloro - 2, 2 - bis (p - clorofenil) etano. Actualmente, es una sustancia química prohibida prácticamente en todo el mundo. Se dijo que salvaría al mundo, que erradicaría las plagas, que brindaría un futuro mejor a la humanidad, y daría de comer a todo el mundo. Se pulverizaba intensamente y a conciencia, ¡fue un horror! ¡mataba a la fauna! Pero el insecticida D. D. T., se transmitía de los insectos a las aves que se los comían mediante una cadena trófica que puede llegar a tener de 3 a 4 niveles. Si el pájaro no moría de inmediato, el veneno se acumulaba y terminaba transmitiéndose en altas dosis a depredadores como las aves de presa. Daba pena ver cómo las aves de presa agonizaban pre mortem.

Como muchos otros pájaros, los halcones peregrinos (Falco peregrinus), se morían o ponían huevos de cáscara sumamente frágil que se rompían durante el periodo de incubación. Los científicos descubrieron que el D. D. T. bloqueaba la absorción de calcio haciendo que las cáscaras de los huevos fueran demasiado finas, inhibiendo la reproducción. La científica y escritora americana Rachel Carson, en 1962, llegó incluso a hablar de una primavera silenciosa (sin la reproducción de las aves). Exponía todos los peligros ecológicos derivados de la utilización del insecticida D. D. T., llegando a alegar que acabarían desapareciendo todos los pájaros del mundo si se seguía usando ese insecticida. En su bestseller la científica americana se imaginaba un mundo sin aves y por fin el mundo se dignó a escuchar a la comunidad científica. La gente se dio cuenta de que la química no era la solución a todos los problemas del mundo, y que de hecho podía ser mejor el remedio que la enfermedad.

El D. D. T. se prohibió en muchos países. Miles de huevos de halcón peregrino fueron incubados artificialmente. Y los polluelos del halcón peregrino que son altriciales (término que significa que nacen desamparados y necesitan de sus progenitores para subsistir) fueron instalados en nidos y adoptados por las pocas parejas de halcones peregrinos supervivientes. Fue una campaña colosal que marcó un antes y un después en la conservación de la fauna. 

Poco a poco, el halcón peregrino volvió de entre los muertos. Conforme iban pasando las primaveras, huevo tras huevo, las nuevas generaciones de polluelos eclosionaron el cascarón y repoblaron el mundo que los había envenenado. Los halcones peregrinos que vemos hoy son supervivientes de aquella catástrofe que se produjo. Si bien, ya no es una especie clasificada como amenazada, nuestros errores pasados siguen suscitando muchas preguntas. Los humanos seguimos produciendo muchos componentes químicos diferentes cuyos efectos sobre el medio ambiente son desconocidos. Como muchos otros venenos, el D. D. T. tarda décadas en descomponerse, y aún está muy presente en el medio ambiente. Los halcones peregrinos han vuelto tras verse al borde de la extinción, pero hoy, la industria química sigue creciendo y afectando nuestras vidas.

Hoy en día se siguen envenenando aves rapaces como buitres blancos o leonados (Gyps fulvus, nombre científico que viene del latín y que significa rubio o rojizo); buitres negros (Aegypius monachus, del griego, monje), milanos negros (Milvus migrans), emigrar de un lado para el otro. Las aves rapaces son esenciales en los ecosistemas, y los buitres son rapaces carroñeras alimentándose de reses muertas. También depredan animales enfermos que tienen disminuidas sus facultades de percepción y huida.

Todavía hay mucho D. D. T. en suspensión en el medio ambiente que nos rodea. Millones y millones de partículas en suspensión. Incluso se ha detectado el D. D. T. en el líquido amniótico, en la placenta de los seres humanos, en el feto, leche materna , y por lo tanto, los niños que lactan por supuesto, también están expuestos. El D. D. T., se ha hallado incluso en lagos encumbrados. Actúa sobre los nervios motores y sensitivos de los invertebrados y potásicos. Se pulverizó intensamente y murieron millones de insectos, entre ellos abejas (Apis mellifera), ápidos que incluyen las abejas productoras de miel. Hoy en día la abeja doméstica está en peligro de extinción.

Desde que cursé estudios para la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la Universitat de València, todo esto es lo que imparto como profesor de Educación Ambiental, formando a mis alumnos y alumnas, en el Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer.