Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La C. Valenciana se erige como referente de la España periférica

Exige una compensación a la capital que podría ser un impuesto a ricos

Ximo Puig, durante su conferencia ayer en el foro que organiza periódicamente Europa Press en Madrid. | ALBERTO ORTEGA/E.P.

Ximo Puig, durante su conferencia ayer en el foro que organiza periódicamente Europa Press en Madrid. | ALBERTO ORTEGA/E.P.

Ximo Puig se presentó ayer en Madrid no con un ‘Qué hay de lo mío’, sino con un ‘Cómo está lo nuestro’. El presidente valenciano no aterrizó en la capital con la retahíla de reivindicaciones valencianas, que también, sino que planteó un programa conjunto para la España que parece menos España, la que no es ni Madrid ni Cataluña, la que busca progreso y convivencia a partir de equidad y diálogo. Es quizá lo más importante de ayer: la posición de Puig como voz de la periferia y el paso del lamento a las propuestas, aunque alguna escalde en la capital.

La nueva ministra Diana Morant, al llegar al acto. | ALBERTO ORTEGA/E.P.

No es casual que Puig se explayara al inicio de su conferencia en el foro de Europa Press con Ortega y Gasset y su España invertebrada. Coser ese país de vértebras dislocadas es el eje del discurso que el jefe del Consell ha ido asentando a lo largo de esta legislatura y que supone mirar hacia dentro de la C. Valenciana, pero también, y es la novedad, mirar hacia fuera. También porque la solución a los grandes problemas valencianas solo puede ser comunal, no específica. No sé si alguien se dio cuenta, pero no hubo mención a la corrupción ni a hipotecas reputacionales, esos conceptos sobre los que giraba la actualidad valenciana hace unos pocos años. La agenda es ya otra, la de un territorio más normal, que tampoco es poco tras dos importantes crisis.

Puig dialoga con Garamendi y Salvador Navarro. | ALBERTO ORTEGA/E.P.

«La Comunitat Valenciana quiere impulsar desde la periferia una España mejor». La frase, al final de la intervención de Puig, resume el sentido de esta: el despliegue de un programa amplio y detallado para una nueva España vertebrada.

Porque España tiene cinco vértebras que sostienen los equilibrios dislocadas, fue el diagnóstico de Puig para España. A saber: el independentismo, el centralismo «ineficiente», la financiación «injusta», la España invisible y la despoblación.

El president no habló solo así de la C. Valenciana, sino de las Alpujarras, del Bierzo, la Tierra de Campos, el Empordà, la Matarraña o la Marina.

No habló así solo de la agenda local, pero sí ofreció la vía valenciana como camino de progreso, resumida en el lema de Lluís Vives («sine querella»), aquel humanista judío valenciano que prefirió arrinconar el rencor pese a tener que huir de València y ver a su familia ajusticiada por su religión. Puig planteó desde este enfoque un programa para el mañana de España desde el diálogo y el acuerdo.

En un discurso con sustancia, en opinión del presentador (el director de la agencia de noticias Europa Press), Puig, que aseguró no tener nada personal con Madrid, sentenció que «España necesita más motores», no solo el de la capital, para que no suceda lo que Pasqual Maragall ya pronosticó hace dos décadas: que «Madrid se va».

El jefe del Consell reutilizó conceptos que ya ha empleado al hablar de la idea de España: el «procés invisible» de Madrid con las competencia desleal y el dumping fiscal, el «efecto capitalidad» y su consecuencia de «aspiradora» de recursos. Son algunos de los «privilegios» que pidió rebajar.

Impuesto a los ricos de Madrid

El aporte fundamental de la intervención fue proponer algunas soluciones posibles para un país más equilibrado. Quizá la más llamativa es que pidió un mecanismo de compensación de los beneficios que obtiene ahora Madrid por el efecto capitalidad, que entre otras cosas supone que en la comunidad de Isabel Díaz Ayuso los funcionarios del Estado y sus familias sumen 250.000 personas, lo que viene a ser tanto como la provincia número quince del país.

Una «buena opción» para esa compensación podría ser un impuesto nuevo para las rentas altas de la capital, señaló en el turno de preguntas, si bien abogó por huir de improvisaciones.

No tardó en recibir la respuesta de Madrid. El portavoz del Gobierno de la Comunidad, Enrique Ossorio, le dijo que «los dirigentes incompetentes no tienen que cargar las culpas sobre los que lo hacen bien».

El riesgo de la posición de Puig es convertirse de esta manera en el enemigo público de la popular (en los dos sentidos) Díaz Ayuso. El dirigente valenciano ganará protagonismo, seguro, para él y para sus propuestas, pero se arriesga a ser marcado públicamente como el presidente que va contra los madrileños.

Puig exigió asimismo poner fin a la concepción radial del país en las infraestructuras e instó a avanzar en la descentralización de instituciones (hace una semana ya dijo que Puertos del Estado debía estar en València). Pidió institucionalizar asimismo la conferencia de presidentes autonómicos. Y exigió, claro, la reforma del modelo de financiación de las autonomías. Ha de haber más dinero para el Estado del Bienestar y ha de haber una redistribución, dijo.

Propone que la fiesta del 12 de octubre sea en una ciudad cada año

«¿Por qué la fiesta nacional de España se celebra siempre en el mismo sitio?», se preguntó Ximo Puig durante su intervención a la hora de reclamar una España descentralizada y más plural. Su propuesta fue así que la fiesta del 12 de octubre «se celebre cada año en una ciudad distinta para coser este país».

No es un planteamiento sin riesgo, porque la llamada «fiesta nacional» tiene muchas connotaciones rancias para sectores de la izquierda y nacionalistas. Algunos ya hacían notar su desagrado ayer en las redes. La propuesta del jefe del Consell va en la línea de repensar el país más allá de identitarismos.

«En esta hora de España la causa común ha de ser la convivencia», dijo Puig. En términos gráficos: pasar de los monstruos de Goya a El abrazo de Juan Genovés. Pasar de los «expertos en demoliciones» a los aprendices de constructores de puentes. «España precisa más puentes y menos muros», zanjó.

En el turno de preguntas, aseguró que su voluntad es agotar la legislatura, aunque «todos los días pasan muchísimas cosas» y, por tanto, «estamos sujetos a las contingencias». Hacía referencia a las palabras del pasado martes del presidente de las Corts, Enric Morera, en las que pedía que los comicios autonómicos no coincidan con las generales. «Hay una voluntad de cumplir los compromisos y agotaré la legislatura», concluyó el president. El adelanto electoral en 2019 provocó una crisis larga con el socio Compromís que aún deja secuelas.

Puig defendió un cambio cultural contra la despoblación y una nueva mentalidad para una España diversa y plural. Pidió diálogo, acuerdo y convivencia. «Es la hora de la Política, no del partidismo, no del cortoplacismo, no del tribalismo», dijo-

Por ese camino, aplaudió el «coraje» para pactar. La referencia fue evidente sobre los indultos a los presos del procés.

«Respaldo el camino que está explorando el presidente Sánchez. Por convicción y por pragmatismo. Porque las Españas necesitan pasar pantalla para abordar los grandes retos aplazados. Los indultos son una decisión valiente y sensata tras una década de ruido y furia», dijo.

Compartir el artículo

stats