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ENTREVISTA

Manolo Mata: "El Gobierno central es un poder residual hoy en nuestra vida cotidiana"

Sostiene que la legislatura «se va a intentar estirar hasta el final», a pesar de los desencuentros entre los socios del Botànic

Manolo Mata (València, 1959), fotografiado el pasado jueves en el Paseo de las Alameditas de la ciudad. | FERNANDO BUSTAMANTE

Manolo Mata (València, 1959), fotografiado el pasado jueves en el Paseo de las Alameditas de la ciudad. | FERNANDO BUSTAMANTE

Mata es de esos que parece siempre feliz, aunque el cielo se esté cayendo, y de esos que con los que parece que es imposible llevarse mal. La sonrisa y las prisas no le fallan al llegar a la cafetería, a pesar de que hace unas semanas le instalaron un marcapasos y de los palos por haber asumido la defensa de un investigado por corrupción (Jaime Febrer) en un caso en el que aparecen algunos excargos socialistas. «Hacerse mayor es una putada», resume mientras da cuenta de una tostada con jamón y un refresco gigante de esos perseguidos hoy.

¿El semestre más difícil de los seis años de Botànic?

A nivel personal, sí, por los temas de salud, pero el tiempo más difícil para todos fue entre marzo y el verano del año pasado.

¿Por qué defender a Jaime Febrer con la cantidad de detenidos y acusados que hay?

Uno defiende al que quiere que le defienda. Y me resultó peculiar. Estamos viviendo una época de mucha vulneración de derechos fundamentales, de muchas prisiones provisionales con una cierta alegría, de una frivolización de las condenas. O se me entendió mal o me expliqué mal. Si en algún momento ser quien soy o ser socialista perjudica la defensa de Febrer, lo dejaré.

Creo que la juez ha pedido que diga quién le representa.

La juez tiene la tesis de que la gente tiene que tener un letrado y otro que le sustituya. La experiencia que he vivido con Alquería me ha abierto mucho los ojos: que les pidan barbaridad de años de cárcel, que no es un caso de corrupción ni de lejos, las detenciones que hubo...

¿No las veía cuando pasaban a los del PP?

Las veía en algún caso. Ha habido operaciones policiales excesivas. Otras, muy razonables. El problema es que se genera un totum revolutum que viene a decir que la política es corrupta. Es un problema muy serio. La sentencia del PGOU de Alicante, gustara o no, pero alguien ha hecho las cosas mal.

¿Quizá el tribunal?

También, pero Zaplana consiguió que la responsabilidad política se infiriera de la condena penal y eso no es verdad. Si alguien intenta ocultar que siendo alcalde es íntimo amigo del mayor promotor y que se van de juerga, si se les descubre tendría que dimitir. Ahora, ir a la cárcel, no sé, tengo mis dudas.

El caso de Febrer tiene ramificaciones que afectan al PSPV.

Por lo que yo sé, no afectan.

Está investigado el responsable de finanzas o el subdelegado del Gobierno.

Pero ni la UCO ni la Fiscalía, que yo sepa, están investigando financiación ilegal. Y en el tema de Rafa Rubio, seguro que tiene una explicación que no tiene que ver con corrupción.

¿Sigue creyendo que Rubio es inocente, como dijo?

Creo que es inocente de lo que le acusan. Por ejemplo, si a lo mejor había un dinero que no había declarado a Hacienda, pero no tiene que ver con corrupción, aunque tenga que asumir la responsabilidad política.

¿Con lo que ha visto, volvería a asumir el caso?

En algún momento he pensado que no me tenía que haber metido en este lío, pero cuando tienes la conciencia muy tranquila, resbalan bastante ciertas críticas. Hubiera sido más cómodo, pero fue un cúmulo de casualidades.

¿Ha tenido el apoyo del partido?

No necesito ningún apoyo de nadie, pero entiendo que la gente opine que no está bien.

Es fácil pensar que actúa para tapar el partido.

Pero cómo voy a ocultar pruebas. Es imposible pensar eso o que vas a tener una actitud política. Vulneraría un deber sagrado del abogado. Defiendo a muchísima gente que a lo mejor es muy llamativa y que nadie lo sabe.

¿Es menos feliz que hace un año?

Cada año soy menos feliz porque me veo más deteriorado. Pero esto no me ha afectado.

¿Y afecta a su futuro político?

Mi futuro político suele coincidir con mi presente. Yo no tengo ninguna aspiración en política. Todo lo que hubiera deseado ser ya lo soy. Me encanta el parlamentarismo, pero nunca he querido ser conseller ni ministro.

¿Recuerda algún momento de polarización y crispación como este o hay mucho de presentismo y adanismo?

Nunca. Esta crispación cotidiana no la he vivido nunca. Podía haber momentos en el 9 d’Octubre o días específicos, pero estos discursos tremendistas y descontextualizados un día normal en Corts no lo había vivido.

¿Qué hay que hacer para sacar a los partidos de los extremos?

El problema es la sociedad. A medida que va ganando en complejidad, los opinadores, políticos y sociólogos apuestan por soluciones muy sencillas. Entonces todo el mundo tiene un motivo para estar cabreado. Y busca en el marco político espacios donde se sienta confortable. Lo que no se da cuenta el PP es la consecuencia: es caldo de cultivo para la extrema derecha.

¿La radicalización es solo en la derecha o en dos extremos?

En los dos. Hay una radicalización desde la simpleza. Pensar que las cosas se resuelvan con ideas mágicas y sencillas es desconocer cómo funcionan las sociedades. La política, que es la gestión de la complejidad, no puede caer en los simplismo.

El Botànic da muchos más síntomas de desencuentro interno. ¿Qué ha pasado?

Pues como las parejas que después de la pasión inicial entran en una época de normalidad y te molesta como deja el cepillo de dientes el otro. Es inevitable. Se ha ido muriendo la pasión, pero hemos ganado en racionalidad.

El presidente de la patronal cree y desea que esta legislatura del Botànic no acabe. ¿Qué va a pasar?

Esta legislatura se va a estirar hasta el final, porque estamos en una situación de extrema complejidad y todos pensamos que todo va a ir a mejor, que vamos a salir de esta especie de cementerio horroroso y, por tanto, se va a estirar todo lo que se pueda.

¿Y las elecciones tienen que singularizarse?

En otros sitios cuando hay elecciones sólo autonómicas te encuentras con participaciones del 40 %. Una de las cosas que no hemos podido conseguir en estos 40 años es demostrar que toda nuestra vida tiene mucho más que ver con los ayuntamientos y las comunidades que con el Gobierno central.

Quizá ha quedado más evidente ahora con la pandemia.

Pero a pesar de eso la gente cree que las grandes decisiones estratégicas se toman en Madrid de una manera centralizada para todo el Estado. Y no. Madrid es casi un poder residual en nuestra vida cotidiana.

Pero cada vez estamos más pendientes de Madrid.

Esa es la incoherencia. Uno de los grandes éxitos de Ximo [Puig] es haber conseguido construir un imaginario de la España periférica de verdad, que se ha intentado muchas veces.

¿Compromís quiere el mantenimiento del Botànic?

Lo que le gustaría es llegar al sorpasso, pero creo que hoy por hoy es imposible. Quizá hace tiempo y no salió. El socialismo democrático además es una ideología de moda. Son otros los que han aceptado que no hace falta la austeridad en momentos críticos.

¿Teme una alianza de intereses Compromís-Unides Podem?

En política la suma de dos no suele ser uno más uno.

¿El PP es más temible con Carlos Mazón en al frente?

No. A mí los simpáticos me parecen bien, pero que los ejes de su discurso se basen en tres falacias (el trasvase, la financiación y el imaginario identitario) es desconocer cómo funciona esta sociedad. Hablar de Paísos Catalans ahora no tiene el mismo contenido que hace cuarenta años.

Algo habrá cuando se sigue utilizando.

Desde el procés es impensable que haya fuerzas aquí, en el marco de la izquierda, que se declaren pancatalanistas. Ni Compromís. Oltra se esfuerza en decir que no es nacionalista.

¿El ‘president’ Puig no está mirando demasiado fuera y se está dejando de lado el flanco interno? Por los roces internos.

El president ha podido ejecutar cosas que siempre ha soñado como la cogobernanza. Porque Puig sí que es nacionalista. Las conferencias de presidentes han puesto en valor el sentido común y el trellat. En segundo lugar, poder articular por la financiación un eje periférico es algo que nunca se había producido. En la época de Joan Lerma el clan andaluz nos tenía masacrados.

¿Cree que Puig debería seguir el camino de Sánchez y hacer una crisis de gobierno?

Las crisis de gobierno son fruto de una necesidad de regeneración y oxigenación. En nuestro mestizaje debería suponer que las crisis fueran de todo el gobierno, no de una parte.

¿Sánchez se está equivocando con la estrategia de la financiación autonómica?

Tenemos que ser conscientes de que excepto nosotros, Murcia y Andalucía, toda España está contenta con lo que tiene. Eso es un problema. Que tú tengas que obligar a los diputados a algo que igual les perjudica es un melón que nadie ha querido abrir. Por eso dije que igual tardamos 30 años. La cuestión es cómo buscamos estar bien financiados aunque no haya sistema de financiación.

Pero al final nunca es un derecho.

El error del Gobierno central es no haber asumido que el Estado autonómico requiere que su trozo de tarta sea más grande.

¿Erran quienes quieren una manifestación de nuevo?

Las manifestaciones están bien. Lo que echo en cara es decir que como soy el que pide la manifestación, soy el más valenciano y el que más quiere la financiación. Vamos avanzando, pero no lo deprisa que querríamos.

¿Qué piensa al ver lo que ha pasado con José Luis Ábalos?

Que la política es extremadamente cruel y muy ingrata. No sé las claves, pero esto es una trituradora de amistades y lealtades.

¿Invita a apartarse?

Los que estamos somos yonquis de esto, enfermos. Lo bonito de la política es haber sido, no ser, porque cuando has sido ves que tu vida es maravillosa comparada con la que tienes cuando estás metido en esto.

En cambio, se les ve como una clase privilegiada.

El privilegio es no estar. No puedes dejar nunca el teléfono, ni dejar nunca de atender, y luego los conflictos internos de los partidos. Es muy poco gratificante. No hace que te vayas, sino que otra gente no se acerque. La gente prefiere estar en una ONG cuando la política es el gran transformador de las cosas.

¿El abalismo se ha acabado?

Todos los movimientos con nombres y apellido no tienen mucho contenido. Soy más de sectores ideológicos. Ahora no hay que ser nada sectario. Ximo no lo es. Y buscar el talento. Pero habrá gente que siempre seguirá a Ábalos, por esa especie de relación mística y muy cultivada, porque él se preocupa mucho por esa gente. Me cuesta pensar que él no tenga actividad política.

¿Los jóvenes de hoy vivirán peor que sus padres?

Ese es un problema que solo pasa en Europa occidental. Hemos hiperprotegido tanto a los jóvenes que acaban creyendo que su vida no vale la pena y que no van a tener oportunidades. Pero cuando alguien tiene la Enciclopedia Británica en el móvil y puede irse a viajar a no sé dónde es una situación radicalmente diferente a la de sus padres.

¿Un gobierno de izquierdas puede tolerar no poder hacer nada por el precio de la luz?

Seguro que no. Vivimos en una eterna contradicción. Los mismos que van una mañana a cerrar Cofrentes se van a la otra a decir que las placas solares afean el paisaje. O tenemos una gran ofensiva por las renovables que tiene un coste visual y ambiental o no podremos tener un coste de producción más bajo.

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