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La quinta ola no frena a las caravanas ni a los campistas

Los "campings" valencianos, de los más demandados, nota un buen repunte pese al alza del virus - Siguen un 20 % por debajo de 2019

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Los "campings" resisten al último avance del virus Daniel Tortajada

Las ruedas de una maleta resisten peor contra la gravilla y el asfalto de un camping que en la moqueta de un hotel, pero la castellonense Laura y sus hijos tenían claro que para estas vacaciones preferían acampar al aire libre. Mientras los tres entran al camping Monmar, en Moncofa, Laura cuenta que hasta el último momento ha dudado por la subida reciente de contagios de covid en la C. Valenciana y que algo fundamental ha inclinado la balanza hacia este destino. «Estábamos entre un camping de Benicàssim y este, y ha sido un factor el hecho de que Moncofa no tenga toque de queda», dice. Luego, se van los tres a toda prisa a montar la tienda porque el calor aprieta en un día sin brisa a cien metros del Mediterráneo.

Laura (izquierda) va con sus hijos de ‘camping’. | D. TORTAJADA

Desde la Federación de Campings de la Comunitat Valenciana esperaban un buen segundo verano de la pandemia pero la quinta ola está provocando cancelaciones «de última hora» en el verano, dominado sobre todo por los turistas nacionales —en invierno, la ocupación central vira hacia los europeos—. «Pero no nos podemos quejar de la campaña porque somos un alojamiento al aire libre, lo tienen peor los hoteles rurales y las casas rurales», expresan en la patronal.

El preciado aire libre, donde el virus se diluye más rápido, se ha vuelto un tesoro y la alternativa de acampar se vuelve apetecible. Sin embargo, los datos del Instituto Nacional de Estadística indican que, como el resto de alojamientos, los campings de la autonomía han reducido entre enero y mayo un 20,81 % sus viajeros y un 33,17 % sus pernoctes respecto a los mismos meses de 2019. Eso sí, los datos son astronómicamente superiores en el mismo lapso de 2020. «El año pasado lo salvamos de puntillas, este año el verano será bueno», afirma el gerente de Monmar, Eugenio Sanz. Por lo común, agosto es el fuerte en cuanto a campistas. «Pero julio, que siempre flaquea, nos ha dado una sorpresa positiva», revela Sanz. Según la patronal de campings, algún lugar de acampada puede que eche el cierre si tiene un segundo verano negativo seguido. No es el caso de Monmar, que abrió hace 21 años.

Un estilo de vida que se beneficia

Allí prácticamente han echado raíces el madrileño Emilio y el valenciano Miguel, dos jubilados que se conocieron haciendo camping ya hace treinta años y cuyas caravanas son de sobra conocidas en Moncofa. Emilio y Miguel se toman un descanso de arreglar su microondas —«se le ha roto el gatillo que abre la puerta»— para responder a Levante-EMV. «Aquí somos convivientes al aire libre», bromean. «Los campistas tenemos una parte grande de ventaja», considera Miguel. Emilio reconoce que el año pasado, sin vacunar, «había más precauciones». La mascarilla, por ejemplo, ya no es tan frecuente, aunque se le sigue viendo a algunos turistas. «Me ha sorprendido la subida de contagios, pero estoy tranquilo al estar vacunado», asevera el veterano y descamisado Emilio. «Mi tío tenía el número uno de socio de la federación de campistas de España», dice con orgullo. Pasase lo que pasase, Emilio y Miguel, que tampoco faltaron en 2020, no iban a fallar a su cita.

Quienes sí lo pensaron hasta última hora fueron Diana, Luis, Jonathan y Alicia, dos parejas recién llegadas con toda la tropa desde Aragón. La C. Valenciana, que cuenta con 79 campings, es una de las favoritas para hacer este tipo de turismo, solo por detrás de Cataluña en pernoctes y de esa comunidad y Andalucía en número de viajeros. «Casi nos echa para atrás la subida de casos, pero bueno, yo ya no sé ni en qué ola estamos», dice Alicia. Diana explica que reservaron hace unos meses pero reevaluaron el viaje porque les daba «un poco de respeto». Superado el temor, las parejas ya ponen el toldo para que sus hijos vayan cuanto antes a la piscina.

De pegarse un chapuzón regresa otro pequeño a su parcela familiar. «Seguro que las chanclas de tu padre estaban al lado de las tuyas otra vez», reprocha su madre, María Dolores, de Torrent, mientras corta una enorme sandía para su hija. Ella y su amiga Carmen se notan «más liberadas» este año «Hay alguna gente a la que por las condiciones le parece menos seguro, pero yo creo que es el sitio más seguro», recalca justo cuando su hija empieza a toser. A los pocos segundos, por fortuna, la tos para. Solo era una pepita de sandía endiablada. Ya pasó. Al menos, eso sí pasó.

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