Podría haber sido perfectamente un debate sobre financiación autonómica, pero era sobre vacunación. La comparecencia de la consellera de Sanidad, Ana Barceló, en las Corts estuvo marcada por los reproches de la oposición a la gestión de la pandemia, críticas a las últimas restricciones aprobadas, a la situación hospitalaria por «falta de personal» y también por la insuficiencia de las dosis para inmunizar a los jóvenes.

Nadie utilizó la palabra infravacunación porque quizás con el piloto automático puesto se les hubiera escapado hablar de recursos económicos por comunidades, pero la idea sobrevoló la sesión. Porque pueden ser verdad dos realidades que parecen contradictorias: que la Comunitat Valenciana inocule al mismo ritmo de la media española (como expresó Barceló), pero que el porcentaje de inmunización se encuentre a la cola de España (como reprocharon tanto PP como Cs).

El cruce de caminos que explica ambas posibilidades es una menor recepción de dosis. Y lo que para Barceló forma parte de la solidaridad del sistema de salud donde primero se repartieron los viales por proporción de personas vulnerables y a partir de abril fue por población total (lo que ha perjudicado a la Comunitat Valenciana que se verá compensada en el próximo mes), para los partidos de la derecha es culpa de la consellera por no reivindicar «las vacunas adecuadas».

«Son incapaces de exigir a Sánchez más vacunas», espetó el responsable de Sanidad del grupo popular, Juan José Zaplana. «Además de pedir esfuerzos a los demás, también debe hacer cosas», señaló Zaplana a la titular del departamento de salud, entre las que está «pedir más vacunas a Pedro Sánchez», al que ayer le volverían a pitar los oídos.

Por su parte, Fernando Llopis, de Ciudadanos, indicó a Ana Barceló que «no debe ser consellera ni un minuto más porque pone las decisiones erróneas de Sánchez por delante de los valencianos» y expresó, frente a las explicaciones de la consellera, «que una cosa es ser solidario y otra cosa es ser servil ante Sánchez». No solo eso, sino que aseguró que esa compensación no serviría para arreglar toda la campaña turística que se había ido a ese lugar escatológico al que se suele mandar a alguien cuando hay enfado. «Por su culpa», le reprochó finalmente a la consellera.