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‘pensamiento Camuñas’

Un general retirado es la última estrella para los seguidores del revisionismo sobre la guerra civil y la dictadura

Un grupo de manifestantes instala una pancarta contra la exhumación de Francisco Franco a la puerta del Valle de los Caídos en la mañana del día en que se llevó a cabo, el 24 de octubre de 2019. j.j.f.

Según difunde Rafael Dávila, los nazis bombardearon Gernika a pesar del general Mola, y los republicanos pudieron incendiar la ciudad tras el raid de la Luftwaffe. «…Empezaron los incendios y se oyeron muchas explosiones. Indudablemente, comentan, fueron incendiando y robando, como en Irún, los propios rojos», recoge su libro ‘La Guerra Civil en el Norte’ (La Esfera). El autor es general de División retirado, fue ayudante de campo de Juan Carlos I, y mandó la Legión y la Guardia Real. Dávila ha escrito su libro, que ya va por la segunda edición, basándose en papeles que le dejó su abuelo, el teniente general Fidel Dávila, uno de los militares destacados de la contienda civil y la dictadura posterior.

Con su libro, elogiado en foros conservadores y ultraconservadores –uno de los últimos, la Fundación Villacisneros, en junio pasado-, el actual general Dávila ha ingresado en el hall of fame de un público derechista instalado en un creciente revisionismo de la memoria histórica y muy movilizado desde la exhumación de Franco. Es la corriente que sonó en voz alta en el acto del PP ‘Concordia y Constitución’ el día 19 en Ávila, cuando el exministro Ignacio Camuñas culpó a la II República de su derribo y negó que lo del 18 de julio de 1936 fuera golpe de Estado.

Fenómeno ‘fake’

Pero el ‘pensamiento Camuñas’ no es afloramiento repentino. Otras voces lo repican desde hace años en libros y conferencias sobre la Guerra Civil y la dictadura posterior. La cúpula del PP no ha desautorizado una corriente de opinión que frecuenta también los frentes de una «batalla cultural» a la que a menudo se refieren dirigentes de Vox.

Los más modernos planteamientos de este revisionismo de derechas son tres: que el gobierno del Frente Popular carecía de legitimidad en 1936 porque venció por tongo electoral, que el PSOE inició la guerra con la revolución de Asturias de 1934 y que la asonada del 18 de julio no fue un golpe.

Pocos historiadores prestigiosos -Javier Tusell y Santos Juliá entre ellos- han podido evitar tener que dedicar energías a desmentir el caudal de falsedades que otro historiador especialista en la Guerra Civil, como Ángel Viñas se explica como «propio del fenómeno de las ‘fakes’». De hecho, él mismo ha calificado de «bulo trumpiano» algunas de las aseveraciones del general Dávila.

Del argumentario del revisionismo, a la profesora de historia contemporánea y experta en fosas del franquismo de la Universidad de Barcelona, Queralt Solé, es la negación del golpe la que le parece «más tóxica, por lo que supone de justificación de la rebelión contra la democracia». Viñas cree que el argumento más dañino es el que sitúa el inicio de la guerra en 1934, «porque ahí pilla mal a la izquierda, que cometió un error». El revisionismo, advierte, «ganará la batalla de la cultura popular dependiendo de los medios que ponga a su disposición el poder».

A la izquierda, el dictamen que encargó Ramón Serrano Súñer para justificar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. A la derecha, Franco bajo palio. ev

Orígenes

En el principio fue el dictamen. Acabada la Guerra Civil, y mientras los vencedores instruían y ejecutaban juicios sumarísimos contra los vencidos en paredones de toda España, el ministro Ramón Serrano Súñer firmó dos órdenes instando a un grupo de juristas, en el que había exministros de la República, que elaborase el que se titularía ‘Dictamen de la comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes en 18 de julio de 1936’.

El documento, de un centenar de páginas, reúne el argumentario con el que el nuevo régimen franquista quiso legitimar ante las potencias extranjeras el golpe de Estado que le dio origen, no como sublevación, sino como reposición del orden.

Entre otras afirmaciones de un frondoso pliego de culpabilizaciones contra la República, el dictamen dice: «La implantación del Estatuto de Cataluña, negación de toda la historia nacional, supuso un momento de singular relieve y gravedad…». El informe dedica páginas a relatar un fraude y alteración del recuento en las elecciones de febrero de 1936, coacciones al poder judicial, ambiente de violencia y, en capítulo específico, el asesinato del líder derechista José Calvo Sotelo.

La negación de legitimidad a la República en 1936, o la atribución a su gobierno de comportamientos dolosos que hoy hace el revisionismo manan de este documento propagandístico de 1939-1940.

El resto de las fuentes son conocidas por los lectores de cierta edad: el biógrafo de Franco y director general de prensa en 1937 Joaquín Arrarás, el escritor de best sellers Ricardo de la Cierva, los militares y ensayistas franquistas Ramón Salas Larrazábal y José Manuel Martínez Bande y, más recientemente el catedrático Luis Suárez, que en 2011 introdujo en el diccionario de la Real Academia de Historia una entrada más que eufemística sobre Franco.

Para Ángel Viñas, el revisionismo y sus acuñaciones son herramienta populista de éxito. «Cuando Santiago Abascal -líder de Vox- llama al Gobierno ‘social-comunista’ sabe que de comunista no tiene nada, pero retrotrae a la derecha a los años 30, y al recuerdo de Franco como anticomunista», explica Viñas.

Pero el revisionismo no frecuenta la publicidad subliminal solo con juegos de palabras, también intenta revestirse de prestigio buscando fuera, intentando arrimar a la causa a hispanistas extranjeros con fama. El caso de Stanley G. Payne es el más señero.

Conspiración sobre la conspiración

En el ciclo Diálogos FAES, organizado por el think tank de José María Aznar y foro de votantes conservadores o simplemente antiizquieristas, compareció a una sesión en la primavera de 2016, aún visitable en YouTube, el hispanista norteamericano Payne, conocido por su posición crítica con la memoria histórica y por sus planteamientos heterodoxos, de orientación conservadora, sobre la Guerra Civil. «No hay memoria histórica. La memoria es individual y subjetiva, y la historia es objetiva (…) ¡La frase ‘memoria histórica’ es un oxímoron!», protestó entrevistado por Manuel Álvarez Tardío.

El entrevistador es historiador de la Universidad Rey Juan Carlos, en cuyos pasillos reside otro foco del revisionismo histórico en Madrid. Su libro ‘El camino de la democracia en España 1931-1978’ fue prologado por Rafael Arias Salgado, el mismo exministro de Aznar que se sentaba a la derecha de Pablo Casado en el reciente acto de Ávila, mientras a su izquierda culpaba Camuñas a la República de la Guerra Civil.

Tesis refutadas

Álvarez Tardío es coautor, con el también profesor de la Rey Juan Carlos Roberto Villa, de ‘1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular’ (Espasa, marzo de 2017), libro que desarrolla una de las tres ya citadas principales argumentaciones del revisionismo: que las elecciones que ganó el Frente Popular fueron un tongo. Esa tesis ha sido refutada por, entre otros historiadores, Santos Juliá.

En la misma primavera de 2016, Payne fue invitado por el Instituto de Estudios Históricos de la universidad católica CEU a disertar sobre «El camino al 18 de julio». En la conferencia, con dirigentes del PP entre el público, culpó al Gobierno de la República de intentar obtener un rédito político del asesinato del líder derechista Calvo Sotelo, chispa detonante del golpe.

«El asesinato del jefe de la oposición política al gobierno parecía no importarle, su respuesta fue bien poca cosa; prometió una investigación que nunca tuvo lugar -teorizó Payne-ni dijo nada para tranquilizar a las derechas. La verdad es que el Gobierno de Casares Quiroga no quería hacerlo porque (…) se prefería alguna reacción del Ejército, porque estaban seguros de que sería muy débil y fácilmente aplastable y colocaría al Gobierno en una situación de mayor fuerza».

El anfitrión fue Alfonso Bullón de Mendoza, historiador que, con la Fundación Villacisneros -que se define defensora del «humanismo cristiano y la unidad de España»-, organizó en 2019 otro ciclo de conferencias celebrado por su público: ‘La alternativa al Frente Popular’. Entiéndase: no el del año 1936; el título apodaba ‘Frente Popular’ a la alianza actual de gobierno de Pedro Sánchez con Unidas Podemos.

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