Esa palabra que triunfa y se repite sin cesar y que se suele asociar además al cambio climático. El otro día desde la Cátedra Tierra Ciudadana en una iniciativa denominada “Voces contra la desertificación y la Sequía”, Kristin Suleng me hizo una agradable entrevista que me gustaría comentar en esta columna. Quería saber mi opinión sobre este problema en la provincia de Alicante. Como es mi costumbre empecé por matizar esta cuestión, por distinguir entre lo que es una sequía coyuntural y lo que es una sequía estructural e, incluso, lo que simplemente es la aridez estival de todos los veranos. Se sorprendió cuando le comenté que la zona con más peligro de desertización de la provincia era el norte, sobre todo el nordeste, por una razón evidente, es la que tiene más vegetación. También le recordé que es absurdo hablar de una única provincia porque podemos distinguir no menos de tres provincias de Alicante desde el punto de vista climático y, por tanto, desde el punto de vista de la vegetación y la disponibilidad de agua. El centro y sur de la provincia, con un clima predominantemente mediterráneo semiárido y, por tanto, con poca densidad de vegetación, aunque no por ello con menos riqueza florística, no corren un grave peligro de desertizarse porque ya son semiáridas. Cuando la gente habla de desertización pensando en una invasión del desierto del Sahara hacia estas tierras olvida que el extremo norte de África tiene menos componente desértico que una buena parte del sudeste español en el que se enmarca esa parte de la provincia de Alicante ya citada. Es curioso, porque el carácter estructural de la sequía en esa zona y su densidad urbana y riqueza económica hace que ya tenga solucionado de forma permanente el suministro de agua por un mix de elementos que van del trasvase hasta la desalación o los sobreexplotados acuíferos subterráneos. Curiosamente, la parte más humedad de la provincia, sobre todo el interior de las dos Marinas, el Comtat o l’Alcoià, a pesar de tener un clima mucho más propicio, sí puede sufrir problemas de desertización, impulsados por el cambio de usos del suelo, el abandono agrario o los incendios forestales. Además, como zona predominantemente rural y mucho más dependiente de los recursos propios para el abastecimiento de agua, mucho peor interconectada con recursos alternativos, tiene mucho mas riesgo de sufrir problemas de abastecimiento que el resto. En la paradoja máxima resulta que desde el sur de la provincia dicen que dependen del trasvase, un recurso exógeno, para frenar la desertización y el cambio climático. ¡Lo que hay que oír!