En la tarde del pasado sábado la provincia de Castellón se convirtió en una fábrica de supercélulas. Yo en el radar de precipitaciones intuí hasta tres de ellas, que se suelen presentar con altos ecos (reflectividades) en este instrumento de seguimiento y muchas veces trazan trayectorias distintas al resto de células tormentosas. Los inmensos cumulonimbos que las conforman son realmente virulentos, con una base muy característica, de forma lenticular, sobre la que se levanta una espiral grisácea conformada por una miríada de gotas de agua minúsculas y cristalitos de hielo. En esos torreones nubosos hay un trajín tremendo. Dentro de ellos el aire sube zigzagueante, rebañando gotas y hielo que acaban formando las cascadas de precipitación, esas mismas que anegan todo a su paso en cuestión de minutos. En la localidad castellonense de Vallibona cayeron algo más de 41 litros por metro cuadrado y 32 en Ares del Maestrat (datos de la red AVAMET), aunque realmente el meteoro que sobresalió fue el pedrisco. La ciudad de Castellón vivió una granizada descomunal, con “piedras” cuyo diámetro superó el de las pelotas de golf. Pasó lo mismo en Benicarló, Peñíscola o Vila-real.

“Nunca había visto nada igual” repetían los vecinos de estos núcleos urbanos, esta vez con razón. La delegación valenciana de la AEMET salió al paso para sentenciar: en casi 80 años de observación en la capital castellonense, nunca se había reportado granizo con un tamaño superior a una nuez. Se rebasó con creces. La furia inusitada de estos chaparrones encaja con los últimos estudios dedicados al pedrisco en el actual escenario de calentamiento global. El martes hice acopio de “papers” para Meteored y me reencontré con un estudio de junio del año pasado, llevado a cabo por la aseguradora Munich Re en colaboración con el Laboratorio Europeo de Tormentas Severas.

Esta investigación hizo un análisis de datos de 14 modelos climáticos regionales considerando los dos posibles escenarios que plantea el IPCC para finales del siglo: el RCP4.5 donde las temperaturas aumentan poco más de 2 ºC respecto a los niveles preindustriales y el RCP8.5, en el que los estados no hacen nada y el calentamiento se desboca hasta superar en 4 ºC los registros de finales del siglo XIX. Según esta pesquisa, en la opción más moderada (RCP4.5) se podría esperar un incremento de un 30 a un 40% de los episodios con piedras de granizo superiores a los 5 centímetros de diámetro en Europa. La otra proyección más pesimista considera que el pedrisco de gran tamaño podría hasta duplicar su presencia en las tormentas, sobre todo en Europa Central, sur de Francia, Italia y también aquí, en el este de la Península Ibérica y Baleares. Pronto veremos si van por la senda correcta.