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Antivacunas en la UCI: "Si lo llego a saber..."

Los sanitarios alertan: el 98 % de pacientes en UCI no están inmunizados - Muchos rechazaron la vacuna por miedo o dudas sobre el fármaco

Un paciente graveingresado en la UCI en un hospital valenciano.

Un paciente graveingresado en la UCI en un hospital valenciano. Germán Caballero

El «Ojalá me hubiese vacunado» de Jorge Lis, negacionista declarado que lleva varios días conectado a una máquina en la UCI de La Fe para poder sobrevivir tras infectarse de coronavirus, ha removido conciencias esta semana en España. Era el objetivo que su hermana Elena y su familia buscaban cuando hicieron pública la historia: trasladar que las vacunas salvan vidas, que no es tan raro ser joven y acabar en la UCI con coronavirus y que aquello de «A mí no me va a pasar nada», muchas veces no se cumple y acaba en un «si lo llego a saber...».

Los responsables de Cuidados Intensivos, los que están al pie del cañón, han agradecido y mucho este paso adelante de la familia de Jorge en las páginas de Levante-EMV pese al delicado momento por el que están pasando. Porque sí, los profesionales sanitarios son los primeros que han constatado que la vacuna funciona y que ahora, esos pacientes de mayor gravedad han rejuvenecido y tienen otra gran característica en común: no están inmunizados. «Por Dios, decidlo. No paréis de repetirlo. La gente se tiene que vacunar», ruegan.

La Conselleria de Sanidad confirmó las cifras esta semana: nueve de cada diez ingresados en UCI en esta ola (la semana ha acabado con 113 enfermos graves en la C. Valenciana) no estaban correctamente inmunizados. Esto no significa haber rechazado la vacuna: los hay demasiado jóvenes para haberla recibido, los hay con la mala suerte de haberse contagiado entre las dos dosis o incluso con las dos pero sin haber desarrollado suficiente inmunidad, pero también los hay que habían rechazado directamente el inocularse pese a tener edad para ello. El resto es el porcentaje mínimo de «fallos» de las vacunas, en línea con lo previsto por los desarrolladores de estos fármacos. «Desde junio, el 98 % de los que han ingresado en UCI no estaban inmunizados. Creo que esto confirma que las vacunas sí están funcionando», explica Marisa Blasco, jefa de la UCI del Hospital Clínico de València y presidenta de la Sociedad Valenciana de Medicina Intensiva.

Porque ahora, más de ocho meses después de que se empezara a vacunar en España, es la primera pregunta obligada que se les hace a los nuevos ingresos en UCI: «¿Está vacunado de covid? Si es que no, les preguntamos por qué. Y ahí vienen las sorpresas», relata Blasco.

El porcentaje de los que rechazaron recibir la vacunación fluctúa, pero siguen llegando a las UCI. «Yo esta semana de cinco enfermos covid-19, dos de ellos rechazaron vacunarse conscientemente. Ayer mismo intubé a un chico de 41 años que no quiso vacunarse», explica uno de los jefes de Cuidados Intensivos de un gran hospital de la capital valenciana.

Negacionistas vs antivacunas

A quien ha rechazado la vacuna se les ha tachado de negacionista, pero Blasco y el resto de sus compañeros hacen distinciones. «Los hay negacionistas, que niegan que exista el coronavirus, los de la teoría de la conspiración, pero son los menos», asegura la jefa de la UCI del Clínico, que también ha recibido en el servicio a «algún antivacunas, que siempre han estado en contra de medicarse de forma preventiva».

Frente a esos dos grupos, los que más abundan entre los que han rechazado las vacunas son, sin embargo, una especie de «antivacunas oportunista», que quizá sí vacunó en su día a sus hijos porque tenía claras las ventajas, pero que, llegados al punto de vacunarse contra la covid, no ha querido hacerlo.

«La argumentación, errónea, es que estando ellos sanos no querían ‘arriesgarse’ a ponerse la vacuna por un ‘por si acaso’», observa Marisa Blasco, para quien estas personas «solo han comprado más boletos que el resto para entrar aquí». Tras empeorar y verse a las puertas de la UCI, algunos asumen las consecuencias mientras otros entonan el ya tristemente famoso «Si lo llego a saber...». «Oímos mucho esa frase», apuntan los profesionales.

Bulos, dudas e invulnerabilidad

La percepción de invulnerabilidad frente a la pandemia es la que está dando argumentos a aquellos que se retroalimentan «de bulos y dudas que se lanzan sobre la seguridad o efectividad de las vacunas en redes sociales (Twitter mencionaba el texto de la familia Lis) o Whatsapp y por el miedo a posibles reacciones adversas», subraya a este diario la vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, María Garcés.

Es «el a mí no me va a pasar nada, o a mí no me va a tocar» y mejor quedarme así que meterme nada raro en el cuerpo». Cierto que, como todo fármaco, las vacunas tienen reacciones adversas, pero la gran mayoría son todas leves o moderadas y solo en casos contados —en todo el mundo se han puesto ya millones de dosis— se han reportado reacciones graves. La polémica por la posible relación causal entre la vacuna Astrazeneca y los trombos en senos cavernosos, ayudó a apuntalar esta línea de pensamiento, pese a que, como insisten los expertos y la propia Agencia Europea del Medicamento, «los beneficios de las vacunas siguen excediendo los riesgos». Como ejemplo, el estudio de la Universidad de Cambridge que estableció que ingresar en la UCI por covid-19 era hasta 638 veces más probable que sufrir un trombo por Astrazeneca para los personas de 60 a 69 años en una situación de circulación alta del virus.

Tras los ensayos clínicos, una de las vacunas más seguras como es la de Pzifer reporta la parálisis facial periférica aguda como reacción adversa rara (una o más personas de cada 10.000) y la miocarditis y la pericarditis en frecuencia no conocida. Los efectos más frecuentes son también los más leves que la mayoría sufre, como la fatiga, los escalofríos, el dolor de articulaciones o las náuseas, que se pasan en muy poco tiempo.

Un 1,26 % de negativas

Las negativas a vacunarse no son, sin embargo, la norma en la Comunitat Valenciana. La Conselleria de Sanidad lleva un registro de citas que no se completaron pero en pocas ocasiones queda registrado como negativa a la vacuna. »Solo sabemos quien ha dicho que rechaza la vacuna y se ha registrado en el sistema. Los que no han venido a vacunarse no podemos saber con certeza si es porque rechazan la vacuna o por otras razones», razonan los responsables de la campaña vacunal valenciana. El último dato que el Consell dio a conocer es que las negativas conscientes a vacunarse suponen un 1,26 % del total. Frente a ese dato, las coberturas vacunales se mantienen altas: la totalidad de los mayores de 80 años se han vacunado, el 98,6 % de los valencianos de entre 70 a 79 años y el 95,5 % de los que están en la sesentena, pese al retraso de la segunda dosis.

«No somos un país de antivacunas, son algo residual aquí», certifica la investigadora María Garcés. La cultura vacunal española es robusta y queda patente en las cifras de coberturas vacunales de los más pequeños: el 98,3 % de bebés valencianos se vacunaron en 2019 de la triple vírica (sarampión, rubéola y paperas) y de, hecho, Sanidad está buscando la erradicación del sarampión a través de la vacunación.

Ese era también el objetivo inicial de la vacuna masiva contra la covid-19, pero la erradicación del virus no va a ser posible, al menos por ahora. La razón hay que buscarla en la naturaleza de las vacunas covid actuales, que no son esterilizantes. Es decir, evitan el hecho de desarrollar la enfermedad en sus formas graves pero no el contagiarse y contagiar, como ocure con la gripe.

Esto supone que el virus, aunque el 70 % de la población llegue a estar inmunizada totalmente, va a seguir circulando y anula la estrategia de ir de «polizón», beneficiarse de que el resto se hayan puesto la vacuna. «Tendrán muchas papeletas de coger el virus», sostienen los expertos, que indican que será necesario aumentar el porcentaje de inmunizados para buscar una verdadera normalidad y hacen más patente la necesidad de protegerse y seguir cumpliendo con las normas básicas de precaución, como son usar la mascarilla o mantener la distancia. Por si acaso, porque sí nos puede tocar a nosotros y para evitar ese «Si lo llego a saber» que ahora escuchan los sanitarios de las Unidades de Cuidados Intensivos valencianas.

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