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Los suicidios de jóvenes aumentan un 30 % en el primer año de la pandemia

Ochenta y dos valencianos de entre 20 y 39 años se quitaron la vida en 2020, más que víctimas en las carreteras

El presidente Ximo Puig

La invisible huella del suicidio deja heridas abrasadoras a su paso. A la incomprensión del entorno se añade el peso del estigma y los tabús que arrastran las víctimas de la principal causa de muerte por razones no naturales en España. Los últimos datos conocidos anuncian una realidad no por oculta menos escalofriante, que preocupa especialmente por la forma en la que está golpeando a los jóvenes.

Ochenta y dos valencianos de entre 20 y 39 años se quitaron la vida a lo largo de 2020, más de un 30 % más que el año anterior, cuando la pandemia de la covid aún no se había instalado en la vida cotidiana. La cifra supera a los habitantes que hay empadronados en una veintena de pueblos de la Comunitat Valenciana. También a la de muertos en accidentes de tráfico contabilizados por la DGT en todo el territorio (74) en el mismo periodo. Esa evolución al alza de los suicidios en la franja de edad que comprende a veinteañeros y treintañeros contrasta con el ligero descenso del 3,4 % en el número total de víctimas mortales por suicidio, 430 en 2020, más de una al día.

La caída es mucho más pronunciada entre la población de más de 70 años, con 101 fallecidos, un 21 % menos que el año anterior, cuando hubo 128. La cifra de muertes, en cambio, se mantiene casi invariable respecto a 2019 entre los que tienen entre 40 y 69 años y en los menores de edad. Eso sí, las estadísticas autonómicas reflejan un repunte de las autolesiones y las amenazas de suicidio en entornos escolares.

Con todas estas evidencias encima de la mesa y los niveles de inquietud en auge por los efectos que puede deparar a largo plazo la crisis sanitaria, el Consell ha decidido no esperar más y activar un pionero plan de choque urgente volcado en la salud mental de la población infantil y juvenil. Porque muchas cosas están fallando, porque hasta ahora ha existido un gran vacío para combatir el suicidio, una lacra que no entiende de clases sociales y en la que juegan un papel determinante los componentes biológicos y psicológicos. «Muchas conductas suicidas no son detectadas y las que lo son no son bien atendidas», advirtió ayer Rafael Tabarés, el comisionado de la Generalitat responsable de pilotar el programa de acción, que se cerró en el Palau tras una reunión en la que participaron el president Ximo Puig, la vicepresidenta Mónica Oltra y la consellera de Sanidad, Ana Barceló.

La intención del gobierno valenciano es poner las luces de largo alcance. De ahí que se haya dibujado un plan de carácter estructural que prevé una inversión global de 100 millones de euros con 2027 como fecha de horizonte. La hoja de ruta contempla la incorporación de 270 profesionales de refuerzo vinculados a las diferentes áreas que confluyen en la salud mental. Sin embargo, la urgencia de intervenir cuanto antes ha conducido al Consell a adelantar el calendario, con el diseño de un listado de actuaciones inmediatas que se ejecutarán con cargo al presupuesto de 2021. Entre esas medidas figura la contratación de 69 profesionales para poner en marcha tres equipos de intervención comunitaria intersectorial (uno por provincia) y otros tres equipos para casos de alta complejidad. También se habilitarán tres hospitales de día de atención infantil y juvenil.

De aquí a seis años, el Consell espera disponer de diez nuevas instalaciones de este tipo en la C. Valenciana y de una decena equipos de intervención comunitaria compuestos por profesionales especializados, así como de cuatro hogares con atención residencial para jóvenes que padezcan algún tipo de enfermedad mental diagnosticada.

De forma paralela, con la colaboración de Labora, la Administración autonómica prepara un programa de empleo que permitirá crear una red de agentes de salud compuesta por 450 jóvenes con enfermedad mental grave que ayudarán a otras personas de su edad con problemas similares. La medida contará con una dotación de 13 millones de euros y se suma a los 16,5 millones que se inyectarán para la creación de escuelas promotoras de la salud, con un papel centrado en la prevención.

Una convención ciudadana por la salud mental prevista en octubre marcará un punto de inflexión para el desarrollo del nuevo plan. Participarán jóvenes y profesionales del ámbito sociosanitario, con el punto de mira puesto en superar el esitgma que pesa sobre la salud mental.

Un 25 % está «en la cuerda floja»

La crisis sanitaria ha puesto en el disparadero un problema en auge que el president situó ayer como «prioritario» en la agenda del Consell. La superación de la pandemia no solo depende de la reactivación económica y social, sino también de la recuperación emocional, ahondó Ximo Puig en su intervención.

En ese sentido, Tabarés fijó en el 25 % el porcentaje de la población más vulnerable que se encuentra «al borde del precipicio, en la cuerda floja», por su precariedad y sus trastornos. «Muchas de estas personas saldrán de la cuerda si vuelve la normalidad y cuentan con recursos familiares, personales y sociales, pero el resto están en un riesgo de exclusión más grave y seguirán cayendo en el abismo o ya están en el fondo», incidió. El comisionado advirtió de que los problemas de salud mental más frecuentes surgen antes de los 15 años. En el 75 % de los casos se presentan antes de los 25. Un 20 % de los jóvenes sufren problemas mentales y de adicciones, en la diana del plan.

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