Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Puig intenta blindar el Consell ante una desestabilización por Podem

La opción más sencilla e indolora es un recambio rápido y limpio

Martínez Dalmau, ayer, en un acto del Colegio de Administradores de Fincas de València. | M. ROS

Martínez Dalmau, ayer, en un acto del Colegio de Administradores de Fincas de València. | M. ROS

Los temores cuando empezó a caminar en 2019 el Botànic II estaban en el papel de Unides Podem, el elemento nuevo en el Gobierno valenciano, ya que en la primera legislatura de la coalición de izquierdas había preferido quedarse fuera y apoyar desde las Corts. Los miedos se disiparon pronto. Rubén Martínez Dalmau ha sido un leal compañero de viaje para el president de la Generalitat, Ximo Puig. Se han entendido y han mantenido en más de una ocasión posiciones compartidas frente al criterio del otro socio, Compromís. Así sucedió en el inicio de la pandemia, el 10 de marzo de 2020, cuando se aprobó la suspensión de las Fallas con la resistencia entonces de la formación de Mónica Oltra y Joan Ribó. O cuando la vicepresidenta cuestionó el otoño pasado la propuesta final de Presupuestos de la Generalitat al considerar que no se había respetado lo acordado para su departamento.

La salida del vicepresidente segundo abre ahora un horizonte nuevo en la mitad final de la legislatura. El riesgo para Puig es que el movimiento derive en un motor de desestabilización en el Consell. El perfil del marcado como posible sucesor, Héctor Illueca, genera cierta confianza, porque conoce la Administración (es inspector de Trabajo), está en un cargo de responsabilidad en el Gobierno de España y no se ha caracterizado por dejarse ver en polémicas. Sin embargo, al Palau habían llegado ya, antes de que Dalmau comunicara su intención de dejar el Ejecutivo, globos sonda desde Podem sobre la posibilidad de cambios en la manera de conducir el Consell: más peso de las otras fuerzas en la toma de decisiones desde Presidencia.

La respuesta dada hasta ahora es que los resultados refrendan el funcionamiento del Botànic, que repitió victoria en 2019 y que a día de hoy representa el principal gobierno progresista en una autonomía española.

El grado de enojo con lo que está sucediendo en Podemos queda patente en que la primera reacción en el Palau ha sido reivindicar el control de los tiempos de la salida de Dalmau. Incluso se llegó a amagar en algún momento con no aceptarla. Pero esta opción parece ya desechada una vez que la decisión del alto cargo es firme y pública.

No hay pleno del Consell hasta el día 10 de septiembre por razón de las Fallas. Hasta ese momento no es previsible nada oficial. Puig debe decidir en estos días si ejecuta la salida en ese momento, si prefiere esperar o incluso si formaliza la dimisión pero no designa a nadie en la vicepresidencia podemita.

Esta última es una opción que trasladan en el Palau, si bien sería enviar el mensaje de que se está preparando una crisis del Consell de más calado, lo que coparía los debates. Incluso está sobre la mesa en estas horas volver al escenario del primer Botànic, con Podem fuera del Gobierno y apoyando en Corts, ya que su líder, Pilar Lima, es la síndica. Para una salida de este tipo habría que tener en cuenta, no obstante, a Compromís. Frente a ello, la solución más sencilla es un recambio rápido de Dalmau. Y ya se verá después.

En todo caso, el mensaje que envía el entorno de Puig es contundente: Podem ha de aclarar si está en el gobierno o en la oposición. Pero se rechaza de plano alterar el que ha sido el funcionamiento interno hasta ahora del Consell del Botànic. Incluso estarían dispuestos en caso extremo a romper el tripartito. Esa es la advertencia que se lanza ahora, con la perspectiva de que un Podem en las Corts en oposición al lado de PP y Vox podía ser de difícil asimilación para el electorado cuando la gestión de la pandemia no ha generado crisis ni han surgido ruidosos escándalos de gobierno.

La oposición de derechas es la que sale ganando con cualquier escenario de inestabilidad de Gobierno. Por eso, pasadas las fiebres iniciales, lo más sensato para Puig y Podemos sea un cierre rápido de la salida del vicepresidente y sin especulaciones de nuevas estrategias de gobierno. El silencio y la moderación de Pilar Lima y la dirección morada en estas primeras horas apunta a ese camino.

Pase lo que pase, la crisis en la cúpula de Podem ya ha adelantado el curso político y ha puesto el foco en los equilibrios internos de poder del Consell y no en la recuperación sanitaria y económica de la pandemia, como pretendía Puig.

Compartir el artículo

stats