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Saltos imprudentes: De la diversión a la tragedia solo hay una zambullida

El Hospital Nacional de Parapléjicos y la Unidad de Lesionados Medulares de La Fe advierten de los riesgos irreversibles de saltar de cabeza al agua sin comprobar antes la profundidad

El Puig. ED

El mar está en calma, una familia disfruta de un día de playa en el Puig. Una niña de catorce años juega en el agua con la colchoneta junto a su primo y un amigo, un año más pequeños. «Vamos a subir a tirarnos», dice uno de ellos señalando el espigón —realmente no importa quien de los tres lo dijo—. No era la primera vez que saltaban desde allí. «Íbamos todos los fines de semana, estaba acostumbrada a saltar, tampoco es que me diera respeto, aunque ese día algo me decía que no saltara». Los dos chicos se lanzaron al mar desde las rocas. Diversión y risas. «Te toca».

«Llegado el momento tuve dudas de lanzarme o no y cuando me lancé ya sabía que había saltado mal», reconoce aquella niña, Yolanda, ahora una mujer de 45 años atada de por vida a una silla de ruedas tras quedar tetrapléjica por una lesión medular al golpear su cabeza contra la arena del fondo marino.

Al igual que ella, la imprudencia e inconsciencia de saltos al agua desde rocas, salientes y lugares no habilitados para ello, de una forma inadecuada y sin haber comprobado previamente la profundidad, suponen cada año daños medulares irreversibles a entre ocho y diez personas en el país, la mayoría jóvenes. Puede que numéricamente no sean muchos en comparación con otros accidentes como los relacionados con la seguridad vial, pero según remarca el doctor Ángel Gil Agudo, jefe del servicio de rehabilitación del Hospital Nacional de Parapléjicos, ubicado en Toledo y centro de referencia para este tipo de pacientes, «la gravedad de las lesiones, la habitual juventud de quien lo sufre y que son fácilmente evitables con unas mínimas medidas preventivas» convierten a las zambullidas en una bomba de relojería que cada verano conviene desactivar. «¡No te juegues el cuello!», es el lema de la campaña de concienciación para prevenir este tipo de siniestros.

El 85 por ciento de los pacientes con lesión medular por una zambullida son varones, de una media de entre 18 y 35 años. Así, el pasado año ingresaron en el Hospital Nacional de Parapléjicos siete personas por este tipo de imprudencias, seis de ellos hombres. Uno de los pacientes era alicantino. Además, la Comunitat Valenciana cuenta con la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital La Fe, donde son derivados en un primer momento esta clase de pacientes.

«El proceso de rehabilitación fue muy duro», recuerda Yolanda, que pasó hospitalizada casi un año, los tres primeros meses totalmente inmovilizada en la cama. «Me colocaban un peso de 23 kilos colgando de la cabeza para estirar el cuello». En su caso la lesión medular no es completa, en parte por la altura desde la que saltó, entre tres y cuatro metros. De ahí que, con años de rehabilitación y mucha fuerza de voluntad, haya podido recuperar la movilidad de los brazos y las muñecas.

La historia de Yolanda es un ejemplo de superación que invita a aquellos que sufran una lesión de este tipo a no decaer en ningún momento. Pese a su movilidad reducida, esta valenciana, estudió Farmacia y Magisterio, y ha trabajado durante trece años como maestra de infantil, con niños de tres a cinco años, hasta que el pasado verano se jubiló por un empeoramiento de sus problemas de salud. «Explicándoles cuatro pautas el primer día de clase», los niños le demostraron que son seguramente el colectivo más integrador para personas con algún tipo de discapacidad. «No prejuzgan, son como un lienzo en blanco, para ellos era ‘una seño’ más con una silla con mando».

Saltos infortunados

Saltos infortunados

No trasladar al herido

«Hay que evitar tirarse de cabeza al agua. Y si se hace, siempre hay que hacerlo con las manos por delante y la cabeza entre los brazos extendidos en prolongación del cuerpo», argumenta el doctor Ángel Gil sobre la forma correcta de saltar para que las manos protejan el cráneo ante cualquier posible obstáculo. Además, a más altura el peligro de lesión medular es mayor.

En caso de impactar con la cabeza contra una superficie dura se produce una flexión o extensión brusca del cuello, la fractura de las vértebras cervicales, y la lesión medular. «Dejé de mover absolutamente todo, estaba paralizada, mi cuerpo no me respondía», recuerda Yolanda el instante que cambió su vida para siempre por un mal salto. Mientras, su primo y su amigo seguían jugando en el agua, «pensaron que estaba de broma, haciendo el payaso». Su madre fue la primera en darse cuenta de la gravedad de lo que había ocurrido.

La subieron a la colchoneta y la arrastraron por la arena hasta una furgoneta con la que la acercaron sin moverla hasta la posta de Cruz Roja. De ahí una ambulancia la trasladó en esta misma colchoneta hasta el hospital. Tras un accidente medular cualquier movimiento puede resultar irreversible, de ahí que no se deba trasladar al herido en un vehículo particular.

«Cuando ocurre una situación de este tipo el instinto es el de socorrer, pero hay que modular ese instinto», explica Ángel Gil. «Lo primero que hay que hacer es sacar a la persona del agua para evitar un ahogamiento, y ponerla rápidamente en la orilla sobre una superficie rígida en una posición decúbito supino, a ser posible, y llamar al servicio de emergencia correspondiente para que sean ellos los que de una manera adecuada procedan al traslado».

«Si movidos por la urgencia y la buena voluntad lo metemos en la parte trasera de un coche particular para llevarlo al hospital, eso puede provocar movilizaciones del cuello inadecuadas que ante una lesión en un principio incompleta, puede agravarse a una lesión completa irreversible», aclara el especialista del Hospital Nacional de Parapléjicos.

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