Desde que se publicó el primer informe del IPCC, en 1990, hasta el sexto informe que se ha hecho público el pasado mes de agosto, ha ido cambiando la consideración social del cambio climático. En aquellos años se ponía de manifiesto el mayor problema ambiental contemporáneo, que nos va a acompañar durante muchas décadas. Lo importante era el impacto ambiental del proceso. Se celebró entonces la Cumbre de Rio de Janeiro que estableció un cambio mundial notable en la consideración del medio ambiente. Progresivamente, se iba haciendo patente que la cuestión climática iba a afectar a la economía y a la sociedad. La publicación del trabajo de Stern, en 2006, ponía de manifiesto el importante impacto económico del cambio climático actual. El cuarto informe del IPCC, en 2007, apuntaba ya la relación existente entre calentamiento climático y cambios en la frecuencia e intensidad de eventos atmosféricos extremos, con sus implicaciones socio-económicas: daños económicos y pérdida de vidas humanas. Y la pandemia Covid-19 ha evidenciado las relaciones entre la alteración de los elementos climáticos y el desarrollo o propagación de enfermedades. En este contexto, diversos estudios recientes están señalando que la peor pandemia del siglo actual va a ser el cambio climático. Son las tres etapas de la consideración social del cambio climático: la ambiental, la socio-económica y la sanitaria, que se han ido superponiendo para configurar una cuestión de atención prioritaria.