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ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO

La batalla de l’Albufera para frenar el mar

La entrada de agua marina por el aumento de las temperaturas y la falta de aportes hídricos del Xúquer abocan a un escenario de salinización del lago

Uno de los embarcaderos del lago de l’Albufera . f.calabuig

El calentamiento persistente del Mediterráneo augura una batalla sin tregua de l’Albufera contra la intrusión marina. El incremento acumulado de la temperatura de la superficie del mar se sitúa en 1,32 ºC, pero este verano que ya concluye ha registrado valores superiores a los del período 1982-2021. Especialmente en la vertiente más oriental como es la valenciana. Con una subida del nivel del mar de entre 2 y 3 milímetros al año, el retroceso medio de las playas estaría entre 1 y 2 metros en 2040. Una catástrofe. Si los humedales costeros son la zona de mayor riesgo, l’Albufera es la que más extensión puede llegar a perder por delante de marjales como el de la Safor, Pego y Oliva o las lagunas de Santa Pola.

El uso turístico se combina con el agrario en el Parc Natural. f.calabuig

Con los datos que maneja el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el lago situado junto a València está abocado a un notable aumento de la salinización. Según los datos que aparecen en el último plan hidrológico del Xúquer, l’Albufera tiene unos 5 km² por debajo del nivel del mar, superficie que podría llegar hasta los 32 km² en el corto plazo e irse a los 73 km² en el más largo.

La batalla de l’Albufera para frenar el mar

En contextos más extremos, aunque menos previsibles, superaría los 100 km². El avance de la cuña salina implicaría una transformación severa del espacio con consecuencias inimaginables. De hecho ya hay puntos críticos en la zona norte, donde la restinga es más débil y llega menos agua del Xúquer. Situación que ha llevado a València a reclamar al Ministerio para la Transición Ecológica una intervención urgente en la primera línea de costa.

Los estudios que maneja el organismo de cuenca, llevados a cabo por el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica, inciden en los riesgos asociados al cambio climático, al tiempo que desgranan toda una serie de posibles medidas de adaptación. Entre ellas, la de un cambio en la gestión de los niveles del lago con una idea clara: la necesidad de un mayor volumen de agua. Algo que a su vez condicionaría la tasa de renovación del vaso, que depende de los aportes que recibe. Punto clave para el control de la calidad en general y de la biodiversidad de este castigado ecosistema.

Piezómetros en la zona norte

Héctor Moreno, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural e investigador del Centro Valenciano de Estudios del Riego, empezó a colocar piezómetros en la zona norte del lago en 2007. El objetivo era desarrollar su tesis precisamente sobre la salinización y su afectación al cultivo del arroz. Desde que la concluyó en 2013 hasta ahora ha seguido realizando muestreos del suelo para evaluar la capa freática. «La parte norte se está salinizando poco a poco, algo que se agravará si decae la llegada de agua dulce y hay un aumento de la temperatura del mar», reafirma.

Para Moreno, las implicaciones irían desde un desplazamiento de la flora propia por la entrada de más plantas halófilas, así como un problema para la producción arrocera tal como se conoce ahora. De ahí que recomendara en su día la posibilidad de comprar tancats por parte de la administración para salvaguardarlos. Lo ideal, en su opinión, sería realizar un estudio integral y más amplio de un problema que considera muy preocupante.

En la línea de Moreno, Carles Sanchis Ibor, presidente de la Junta Rectora del Parc Natural, recuerda que trabajos como «el refuerzo de las motas, la restauración de ullals o la adquisición de tancats son un buen escudo defensivo». En un contexto de fenómenos cada vez más extremos, la regeneración de la orla de vegetación helofítica del lago se sabe trascendental. De ahí que estas apuestas formen parte de algunos de los proyectos presentados por el gobierno del Botànic a los fondos Next Generation. Así lo avanzaban hace algunos días la consellera de Transición Ecológica, Mireia Mollà y el vicealcalde de València, Sergi Campillo.

Plan integral del Consell

La Generalitat trabaja en un plan integral para recibir la mayor cantidad de recursos con los que salvaguardar un enclave que en la década de los años setenta sufrió un colapso ambiental por culpa de los vertidos. Una senda, la de la contaminación, que ha costado revertir. Solo ahora, más de cuarenta años después, los técnicos empiezan a registrar el regreso de algunas especies de flora acuática sumergida que estaban desaparecidas por la falta de transparencia del agua. La adquisición de terrenos en el perímetro del lago se completará con un plan de acondicionamiento de las acequias y barrancos que desembocan en el humedal.

El listado de peticiones a la Unión Europea se adoptó tras un amplio proceso participativo con representantes de los colectivos implicados en la gestión de l’Albufera como sindicatos agrarios, regantes, ecologistas y ambientalistas, entre otros. Sanchis Ibor remarca la necesidad de afrontar ya la adaptación al cambio climático, de ahí que la comisión científica de la Junta Rectora del Parc Natural esté ultimando la organización de una jornadas en diciembre sobre este asunto.

Joan Miquel Benavent, director general del servicio Devesa-Albufera, insiste en que lo que es una reclamación histórica: recibir los caudales necesarios. Con lo sucedido en el Mar Menor aún la retina, el que fue hace años director-conservador del Parc Natural insiste en la necesaria aportación de agua de calidad y en cantidad del Xúquer. También advierte sobre el peligro de dragar el lago. «Hay que drenar en los canales de entrada y salida del agua, eso sí, pero no el vaso, y recrecer las motas, así como reclamar al gobierno aportaciones hídricas en la época invernal», reitera. «No puedes dejar en seco toda la marjal durante tres meses», apunta. La menor profundidad de l’Albufera permite una mayor renovación de agua, aunque Benavent echa la vista atrás para recordar la enorme mortandad de peces que se dio en julio de 1994 por falta de oxígeno. «Aquello fue dantesco, murió todo», lamenta.

Opciones muy costosas

Una de las opciones según la CHJ, aunque muy costosa, pasaría por un sistema de drenaje que evitara la inundación de los terrenos agrícolas con agua salada y la introducción de variedades de arroz más tolerantes. Otra, por un manejo efectivo de las compuertas que regulan la entrada y salida del mar al humedal, o la recarga de acuíferos, incluso el cambio de usos del suelo.

Aunque desde la confederación se apunta a que se requieren estudios más detallados, sí existe consenso en que las playas y los cordones dunares bien conservados resultan una barrera eficaz contra la penetración marina además de proteger los bienes más vulnerables. Incluso en las peores condiciones. Algo ya habitual y recurrente en un Mediterráneo cada vez más cálido y cargado de energía, donde se suceden los temporales extremos.

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