La lava escupida por el volcán ha dejado atrás decenas de viviendas y de plantaciones plataneras. Aurelio Ferris ha tenido la suerte de que la lengua de fuego se ha dirigido hacia la parte opuesta de la isla. No obstante, el valenciano se muestra entristecido por el devenir de sus vecinos. «Por donde pasa la lava ya no se puede hacer nada. Las familias han perdido sus casas y muchos agricultores se han quedado sin tierras donde cosechar. Y lo peor es que no podrán reconstruir nada hasta dentro de varios años», expone Aurelio. El Gobierno canario no ha tardado en calificar La Palma como «zona catastrófica» y ya ha iniciado los contactos para intentar obtener ayudas de los fondos de solidaridad europeos. Dinero con el que intentarán paliar las perdidas materiales que, según las estimaciones iniciales, ya superan los 400 millones de euros.