El Instituto de Investigación de Ingeniería del Agua y del Medio Ambiente (IIAMA) de la Universitat Politècnica de València (UPV) lidera un proyecto europeo dirigido a mejorar la calidad del agua potable y su adaptación al cambio climático.

El proyecto "SÀPIDES", cofinanciado por la Agència Valenciana de la Innovació (AVI) y por la Unión Europea a través del Programa Operativo del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) de la Comunitat Valenciana 2014-2020, tiene como objetivo mejorar la capacidad de previsión de episodios o 'blooms' de compuestos sápidos en el agua prepotable que permitan su adecuada gestión.

Del mismo modo, estudiará la posible influencia del cambio climático en la producción de estos compuestos y la adaptación de los procesos de la gestión del agua bruta y su potabilización, informa la UPV.

El estudio, liderado por el IIAMA y en que colaboran también Global Omnium-Aguas de Valencia y Kenso Solutions, S.L., tiene una duración de 30 meses y se aplicará en el abastecimiento de agua potable de las comarcas de la Ribera Alta y Baixa, el Camp de Morvedre, la ciudad de València y su área metropolitana.

El director del IIAMA y coordinador del proyecto, Manuel Pulido, explica que "el estudio parte de la realidad de que el agua para el consumo humano normalmente contiene minerales y sustancias orgánicas en disolución que le pueden aportar sabores y olores, más o menos detectables, según la concentración de los compuestos y la temperatura del agua".

De hecho, la geosmina y el 2-metil-isoborneol (2-MIB) son los compuestos más comunes que generan olor y sabor y que pueden encontrarse en el agua bruta, indica.

"Estos compuestos son difíciles de eliminar mediante los tratamientos de potabilización convencionales y, además, poseen un umbral de percepción muy bajo, haciendo de su detección un gran reto a conseguir", añade Pulido.

Por ello, el proyecto desarrollará técnicas para mejorar su tratamiento y de este modo, disminuir la incidencia de esta problemática.

Concretamente, identificará los productores de compuestos sápidos; diseñará e implementará una red de sensores para la monitorización de las variables claves en su producción; desarrollará un sistema de alerta temprana y simulará el impacto del cambio climático, en diferentes escenarios, sobre la producción de sápidos, la adaptación del proceso de potabilización y explotación de resultados.

"A pesar de que estos problemas de olor y sabor no son dañinos para la salud humana, causan una alerta en los consumidores produciendo una sensación desagradable que hace que no se consuma el agua servida", indican los responsables del proyecto.