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MERCADO LABORAL

Capacidad para emprender

Las personas con discapacidad que no encuentran trabajo ni en el sector público ni en el privado tienen en el autoempleo una salida laboral, pero echan en falta más subvenciones

La «tumborroller» es un diseño de Rodem. | RODEM

La «tumborroller» es un diseño de Rodem. | RODEM

Cualquier joven siente que se asoma a un precipicio cuando acaba su formación y llega el momento de buscar empleo. Sin embargo, si es un joven con discapacidad el precipicio carece de puentes o estructura alguna para pasar al otro lado. La ley marca un porcentaje obligado de empleabilidad para el colectivo que no cumple ni la Administracion pública ni la empresa privada.

Sergio Ortuño y Elies Soler en Rodem, la ortopedia especializada en productos para personas con movilidad reducida que cuenta con taller y siete empleados. M.A.Montesinos

El 81 % de las empresas en España incumple con la Ley de Inserción Laboral de Personas con Discapacidad (Lismi). El Estado ofrece ayudas y prestaciones económicas a aquellas empresas que cuentan con discapacitados en sus plantillas. Y ni con esas. Tampoco la Adminsitración pública hace los deberes. La tasa de desempleo de las personas con discapacidad está ocho puntos por encima de la tasa de paro general.

En la Comunitat Valenciana, solo el 33 % del colectivo de mayores de edad con discapacidad trabaja. Ahora bien, una amplia mayoría de las personas que figuran en este porcentaje paga su cuota de autónomo para poder subsistir y ha encontrado en el autoempleo la única salida laboral posible ante un trabajo por cuenta ajena que les ignora. Sin embargo, ser emprendedor con discapacidad tiene truco o, mejor dicho, incluye una discriminación. Una más, para el colectivo.

Faltan ayudas

Lo explica, negro sobre blanco, Elies Soler, fundador de Rodem, una empresa de ortopedia que incluye taller y distribuye y diseña productos que facilitan la vida a las personas con movilidad reducida. «Existe una discriminación hacia el autónomo porque si decides emprender no puedes seguir cobrando una pensión no contributiva por la discapacidad. Debes elegir. Las empresas sí se ahorran la cuota si emplean a una persona con discapacidad pero el autoempleo no tiene beneficios fiscales. Te lo tienes que pensar muy bien, porque es arriesgado y la realidad es que no hay ayudas para que las personas con discapacidad se atrevan a emprender», explica Elies.

Él lo hizo a los 19 años, dos después del accidente que le causó una paraplejía y tras descubrir el aparato que cambiaría su movilidad y su futuro: un «Stricker Handbikes». «A los 19 años me compré uno y fui consciente de lo que suponía. Es un dispositivo que se acopla a la silla de ruedas. Básicamente es una tercera rueda, impulsada con manivelas o con motor, que se engancha a la parte delantera de la propia silla, elevando las ruedecillas delanteras y convirtiendo la silla en un triciclo de manos en tan sólo unos segundos. La principal ventaja es que las ‘handbikes’ son acoplables a la propia silla, por lo que el usuario nunca llega a abandonarla. Al poder desengancharla en cuestión de segundos, se convierte en el medio de transporte ideal para los usuarios de sillas de ruedas. Ahora hemos diseñado una tumbona de playa con ruedas para poder ir tranquilamente a la playa sin depender de horarios ni puntos accesibles», explica Elies.

Lo hace junto a su socio desde hace unos años, Sergio Ortuño. «Tuve unos problemas de salud y decidí tomarme la vida de otra manera. Así que comparto el negocio pero ya no estoy al frente y vuelvo a cobrar una pensión porque, como ya he explicado, hay que elegir», asegura quien montara una empresa con 25 años, utilizando su habitación de oficina. En 2014 abrió la ortopedia en València con un taller que es un éxito. Hoy el negocio cuenta con siete empleados y es un referente en productos de movilidad reducida.

Búsqueda de trabajo

Elies recalca que quien emprende pierde la pensión de discapacidad y Loles Maldonado lo confirma. No se conocen de nada pero sí reconocen el mismo problema. Por eso ella, que ha tenido una idea de emprendimiento, la deja en manos de su mejor amiga, Vanessa, porque «necesito mi pensión para vivir y mantener a mi hijo ya que tengo reconocida una discapacidad permanente absoluta».

La idea es crear una cooperativa con la que potenciar trabajo y actividad económica en zonas despobladas para que habiten personas vulnerables. «Vi las colas del hambre y me sentí identificada porque, si yo no estaba allí era por mi red familiar», explica. Loles tiene una idea, podría arrancar un proyecto pero no puede hacerlo. Imposible perder su pensión. Sin embargo, ella reivindica el trabajo como un medio de vida más allá de permitir la independencia económica «y una manera de sentirte útil, de mantenerte viva y activa, y de cumplir con unas rutinas y prosperar».

Ahora bien, para emprender se necesitan unos conocimientos que es mejor conocer antes de iniciar la aventura. Loles Maldonado ha formado parte de la segunda edición del programa de la Universitat de València «Capacitas».

Un plan de búsqueda de empleo destinado al alumnado y a las personas tituladas universitarias con certificado de discapacidad mayor o igual al 33 %. «‘Capacitas’ es un programa de acompañamiento en la búsqueda de empleo. Las empresas tienen necesidades y, además, la obligación de tener cierto cupo y nosotros mejoramos sus competencias y les proponemos esa sinergia con personas más que capacitadas para ocupar esos puestos de trabajo», asegura la directora del servicio de empleo UVocupació, Marisa Quintanilla.

El programa, además, trabaja en eliminar las barreras en el acceso a un puesto de trabajo porque «si rompes las barreras eliminas la discapacidad e igualas a la persona». El año pasado 2020, el programa consiguió 37 inserciones laborales y en 2021, de momento, ha habido 15.

«Montar un negocio es arriesgado porque puedes perderlo todo»

Gonzalo Deval tiene 54 años y abrió su estudio de fotografía en Benissanó en 1994. Desde entonces, no ha parado. «Empecé con reportaje social y desde hace diez o doce años colaboro con el comité paralímpico, además de hacerlo para Servimedia, para prensa, para entidades que representan a personas con discapacidad... Soy fotógrafo de la ONCE y la verdad es que trabajo nunca me ha faltado. He trabajado para ayuntamientos y para colectivos. He hecho de todo. Eso sí, en pandemia lo he pasado mal, porque al principio no tuve derecho a ayudas, aunque luego ya sí. Pero ha sido duro, la verdad», explica.

Él nació con su discapacidad y asegura que la gente del colectivo que emprende «lo que tiene es una idea y la quiere sacar adelante. Podemos hacer lo mismo que el resto y nos adaptamos a nuestras circunstancias. Es decir, si uno se tiene que levantar dos horas antes (porque le cuesta levantarse, tiene que montar el carro en el coche...) pues lo hace. Si monta su negocio, si decide emprender, al final hace lo que le gusta y eso es muy importante para sentirse realizado», explica. Deval apuesta por al educación para la inserción de un colectivo «que ha sido escondido y repudiado», pero «ahora se visibiliza gracias a plataformas y entidades. Estamos más integrados pero aún queda mucho por hacer. La discapacidad es algo natural y se debe tratar como algo normal».

Sobre el autoempleo, reflexiona sobre los pros y los contras. «El emprendimiento conlleva una parte fiscal, económica y de cuentas para la que hay que estar preparado. Montar un negocio es saber que no es una panacea y que si pierdes, puedes perderlo todo. Yo solo he enfermado una vez en 30 años porque es algo que no te puedes permitir», concluye el fotógrafo.

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