Ya es costumbre que toda la prensa, sobre todo la regional, se haga eco a finales del verano de las famosas cabañuelas. Las cabañuelas pretenden averiguar el tiempo de todo un año a partir de lo observado en el tiempo del tiempo de agosto. Lo sucedido con el chaval de 14 años a los que todos los medios de comunicación han llamado sin empacho meteorólogo porque “adivinó” Filomena y que predice todo tipo de catástrofes para este próximo año, reproducido por todos los medios de comunicación nacionales e incluso por algún colega climatólogo y meteorólogo pasa de castaño a oscuro. Siempre he defendido el valor patrimonial de este método que responde a la ancestral necesidad del ser humano de adivinar el futuro sobre todo en algo de lo que dependía tanto como el tiempo. Otra cosa es que la gente se tome en serio estas predicciones absurdas sin ninguna base científica ni empírica, según reconocen incluso muchos agricultores. Tengo claro que es mucho más apetecible para mucha gente creer a este defensor de los tradicional frente a esos complicados científicos. Ese chaval y otros aficionados a estas cosas deben aprovechar su experiencia en la observación y estudiar materias relacionadas como la geografía o la física y no creerse que lo saben todo cuando durante unos días los medios les encumbran para conseguir likes y clics, para olvidarlos muy poco después. No se trata de oponer la observación y el método científico. El error de partida es querer adivinar el tiempo del futuro a meses vista. La observación de la naturaleza sí resulta útil, no infalible, en la predicción local a horas o pocos días vista y se puede combinar perfectamente con el método científico. Tengo que decir que las previsiones estacionales vagas en las que se empeña AEMET, porque se lo demanda la opinión pública, o las del IPCC con el clima que hará dentro de unos años, ante la necesidad de concienciar con el tema del Cambio Climático, que, obviamente también fallan por ese empeño en apuntar demasiado lejos, no ayudan a la credibilidad de la ciencia porque se apuntan como certezas cuando no son mas que tendencias. Otro día hablaremos de volcanes.