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"Hubo días de locura, pero da pena irse"

Casi 3 millones de personas han pasado por estos espacios

«Hubo días de locura, pero da pena irse» | GERMÁN CABALLERO

«Coja por ahí y siga el camino de las vallas rojas. Allí está el sitio de la vacunación». Ayer hacía falta guiar a quien iba a vacunarse al Museo de las Ciencias Príncipe Felipe porque el volumen de pinchazos se había reducido tanto, que casi parecía que todo había terminado. Y así era. Casi cinco meses después, el más emblemático de los espacios habilitados como vacunódromos por la Conselleria de Sanidad echaba el cierre como el resto de los 132 espacios que han vacunado a casi tres millones de personas en la mayor campaña de inmunización nunca vista en España, la de la covid.Un sitio inusual para un cometido inusual.

«Hubo días de locura, pero da pena irse»

El día se notaba relajado, unos cientos de citas suponían poco movimiento frente a las 15.000 almas que en un día llegaron a poner el brazo para protegerse frente al coronavirus en una jornada. «Aquellos días fueron una locura», reconocen Elena y Francesca, administrativa y enfermera del departamento de salud Doctor Peset que hoy recuperan sus puestos de trabajo habituales.

«Hubo días de locura, pero da pena irse»

«Por aquí hemos tenido puntas de 13.000 personas en una jornada, tantos que no daba tiempo ni a decirles hola, sobre todo cuando se citó para Astrazeneca. Lo normal, unos 8.000 en jornada de mañana y tarde... Toda una experiencia», resumen. A ambas les asoma un punto de nostalgia en la voz cuando hablan de volver a sus puestos. «Al principio no sabías a lo que venías pero estaba todo tan bien montado y la gente ha sido tan maja que ahora nos da pena irnos», aseguran.

La hora del almuerzo se convirtió ayer en una pequeña despedida de esta familia de 150 miembros entre personal sanitario, de seguridad, limpieza y organización. Son los últimos de Filipinas que ayer seguían trabajando conscientes de que iba a ser su último día bajo las arcadas diseñadas por Santiago Calatrava. La visita del president Ximo Puig y la consellera de Sanidad, Ana Barceló, acentuaba esa sensación de fin de una etapa. «Muy raro estar aquí. Desde luego una experiencia para contar a los nietos», reconocía Marta que supervisaba la espera de 15 minutos de los recién vacunados. Según las cifras de Sanidad, han sido 2.146 los profesionales sanitarios que día a día han trabajado en estos espacios.

«Si ya admiraba a los sanitarios, ahora los quiero. Yo he crecido desde luego como ser humano después de trabajar aquí». La reflexión la hacía Chelo, vigilante de seguridad que, de supervisar fábricas se puso a pastorear futuros vacunados. Para ella el trato con la gente ha sido enriquecedor aunque los nervios y la pandemia generaba «mucho miedo» y algún encontronazo. «Sí, ha habido experiencias malas, pero las justas y yo las pongo en el cajón de los miedos. Desde luego, los días de 15.000 personas no fueron fáciles pero trabajamos todos a una». A Chelo se le ve la sonrisa en los ojos, más allá de la mascarilla. Sabe que ha vivido algo «único» que nadie quiere repetir pero de lo que ha valido la pena formar parte.

A partir de hoy, los centros de salud recogen la pelota y será desde allí donde se termine de inmunizar a los rezagados y de intentar convencer a los que quedan. Una etapa más en una pandemia nueva para todos. En la Ciutat de las Arts, las gaviotas y los turistas vuelven hoy a ser los protagonistas. No más vallas rojas.

Los últimos de la campaña. 1 Elena, administrativa del hospital Peset (segunda por la izquierda) con varias compañeras en su último día. 2 Chelo, del servicio de seguridad, a las puertas del punto de vacunación. 3 Apenas había citas ayer en el último día de inmunizaciones en los vacunódromos. F

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