La expansión del discurso del odio se ha visto agravado por dos factores, por un lado el mal uso de las redes sociales, y por el otro el estado de polarización política. Esta es una de las conclusiones a las que se llegó ayer en la primera jornada sobre delitos de odio organizada en la Ciudad de la Justicia de València por la Policía Nacional, en colaboración con la Universitat de València y la Universidad Europea. Prueba de ello es que el 30% de los mensajes de odio vertidos en las redes sociales durante los últimos meses de julio y agosto iban dirigidos a menores inmigrantes, los llamados ‘mena’. O como desde el pasado mes de marzo se han incrementado la xenofobia contra personas de origen marroquí pasando del 7,9 al 16%. Mostrando así que los discursos xenófobos de determinados grupos políticos de extrema derecha están calando en la sociedad.

La jornada se realizó en la Ciudad de la Justicia. | I. C.

«Hay mucho odio en nuestras calles y con determinadas coyunturas se agrava», reconocía el vicedecano de Derecho de la Universitat de València, Javier Guardiola, quien analizó la tensión que existe entre principios constitucionales como la libertad de expresión y de ideología y la represión de la discriminación y el discurso del odio, dejando claro que no frenar este tipo de conductas supondría la fractura y destrucción de nuestra sociedad.

Uno de los aspectos en los que coincidieron los ponentes de esta jornada sobre delitos de odio es en el problema de la infradenuncia. De hecho, como indicó la fiscal coordinadora de Delitos de Odio Susana Gisbert, solo se denuncian entre un tres y un diez por ciento de los delitos de odio que se cometen. El principal motivo de ello es que habitualmente se trata de víctimas especialmente vulnerables, desde un inmigrante irregular que no presenta denuncia porque teme que acabe siendo perjudicial para él por su situación en el país, o un sintecho sin recurso alguno que está por desgracia tan acostumbrado a un trato discriminatorio que ya lo normaliza. Es más, según reconoce la fiscal especializada en esta materia, se encuentran que muchas de las víctimas que finalmente denuncian reconocen que no es la primera vez que han sufrido este tipo de actos o tratos discriminatorios y que solo ante la gota que colma el vaso deciden dar el paso.

Silvia Sempere, doctora en Criminología de la Universidad Católica de Valencia, dio algunas de las claves de por qué las víctimas de delitos de odio se muestras reacias a denunciar. La creencia de impunidad de los autores —la víctima cree que no se les va a poder condenar— y que su denuncia no va a servir para cambiar nada, lo cual es erróneo. La falta de conciencia de haber sido víctima, la poca confianza en las autoridades, la vulnerabilidad —riesgo a ser expulsado del país en el caso de una persona en situación irregular—, o el sentimiento de culpa o vergüenza —no quieren que su entorno se entere de su condición sexual— también suponen trabas para dar el paso de la denuncia.

Por su parte, el jefe del grupo III de la Brigada de Información de la Policía Nacional de Valencia, Pedro Martínez Herranz, remarcó la importancia de denunciar lo antes posible para poder facilitar la labor de los investigadores e identificar a los autores. El especialista en delitos por motivos ideológicos cometidos por grupos de extrema derecha dio algunas pautas que se les da a los policías para combatir este tipo de delincuencia. «Deben fijarse en todos los indicadores de polarización, datos características y escenarios que singularizan el delito como de odio y que van a procurar las herramientas a la fiscalía y los jueces», explicó, desde banderas a tatuajes, vestimenta o simbología de la que puedan hacer uso tanto el agresor como la persona que lo padece. Así, puso como ejemplo la agresión a un joven por llevar una camiseta rosa, ya que el agresor cometió el delito bajo la creencia de que era homosexual, generando un odio hacia este colectivo aunque la víctima no lo fuera.

Respecto al perfil del autor de este tipo de delitos de odio, un estudio de Instituciones Penitenciarias establece que suele ser un varón español (un 81’5% son españoles), con pocos estudios, soltero y sin pareja, en paro o con pocos ingresos. Cristina Escamilla, profesora de Criminología y Psicología de la Universidad Europea de València, aportó algunos rasgos comunes a este tipo de agresores como la sospecha o miedo sin base e injustificado sobre los demás, rencor persistente, impulsividad, irritabilidad y agresividad, así como ausencia de remordimiento.

La concienciación sobre los delitos de odio era mínima hace solo un lustro. Así lo recuerda una víctima agredida por su condición sexual. Cuando en agosto de 2016 tres desconocidos le propinaron una paliza en València por el mero hecho de ser homosexual, Héctor lamenta que en ese momento la policía tramitó lo ocurrido «como una riña callejera». «La víctima necesita apoyo y acompañamiento desde el primer momento, yo me sentí solo», confiesa. «A día de hoy no sé quienes eran mis agresores, se pueden sentar a mi lado en el metro y no saber que son ellos», relató todavía con miedo.

Desde la asociación Movimiento contra la Intolerancia llevan más de veinte años luchando para que ninguna víctima de este tipo de delitos se sienta sola. Pero lo cierto es que internet y las redes sociales está dificultando la labor policial en la lucha contra el discurso del odio, al ejercer de altavoz de estos mensajes xenófobos amparados en el anonimato. De las 90 denuncias que presentó el pasado año la asociación por mensajes de odio en redes sociales solo se admitieron a trámite menos de cuarenta.

Por último, los ponentes insistieron en la importancia de evitar la victimización secundaria. Para ello, se insta a utilizar siempre biombo en la vista oral para evitar el contacto visual con su agresor, y realizar prueba preconstituida en la medida de lo posible.

«La víctima necesita apoyo y acompañamiento, me sentí solo»

Héctor sufrió una paliza por su condición sexual en 2016, pero se tramitó como una riña callejera

I.cabanes. valència