Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La paja del arroz ya no podrá quemarse en ninguna zona de l’Albufera en 2022

Solo se autorizan de forma extraordinaria en un tramo desde este viernes

Un tractor faenando en un arrozal de la Ribera Baixa. | J.L.BORT

La campaña del arroz que finaliza ahora con la siega será la última en la que podrán quemarse los restos de paja. Así figura en el borrador en el que trabaja la Conselleria de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica. En ese nuevo y futuro documento del departamento de Mireia Mollà, los arrozales quedarán divididos en tres zonas donde solo se podrá recoger, triturar o fanguear. Una rotación de técnicas, alguna no exenta de complicación, que en algunos puntos vendrá condicionada por la orografía del terreno. Incinerar, eso sí, estará prohibido.

Es a partir de este viernes, 1 de octubre, cuando se autoriza por última vez el uso del fuego controlado con carácter extraordinario y únicamente por razones fitosanitarias. En este caso de aquellas superficies de cultivo ubicadas en la zona A. El año pasado, como se recordará, se permitió en los campos situados en la B, al sur de l’Albufera, con la Sequiota por el norte, Sueca por el sur, y el Escorredor por el oeste. Una alternancia que arrancó en 2018 con el objetivo de reducir los problemas ecológicos y de salud que originaba el humo.

Ese plan de gestión de la paja del arroz para evitar la contaminación atmosférica como exige la Unión Europea ha cumplido tres años sin demasido éxito. Ninguno de los actores implicados está plenamente satisfecho. Ni los agricultores, ni los grupos ecologistas. Los primeros, con el alcalde de Sueca Dimas Vázquez a la cabeza, han solicitado a la conselleria que se amplíe el permiso para poder acabar con los restos de la cosecha de su término a través de la combustión. Los sectores conservacionistas, mientras, exigen que se cumplan ya los requerimientos ambientales comunitarios.

Desde la conselleria se considera este un año de transición y así se les comunicó a los productores el pasado lunes. Solo en casos muy excepcionales y con autorización previa por parte de los técnicos se permitiría alguna salvedad en 2022.

Pudrición y aguas negras

Desde el gobierno autonómico quieren evitarse a toda costa sucesos como el de noviembre de 2020, cuando tras un intenso temporal de lluvia las toneladas de residuos no retirados llegaron al lago de l’Albufera. El resultado fue un episodio de pudrición y anoxia que degeneró en aguas negras y elevada mortandad de peces. Situación que obligó a la conselleria a actuar de urgencia.

Los arroceros consideran que el fuego favorece la destrucción de esporas de hongos como la Pyricularia oryze, así como semillas y bacterias de malas hierbas. Esta práctica, con efectos fitosanitarios como defienden los agricultores, origina sin embargo problemas de salubridad y es también una fuente importante de gases de efecto invernadero.

Cabe recordar también las denuncias presentadas en los últimos años ante la Fiscalía Provincial de València y las autoridades de la UE por incumplir, entre otros aspectos con la Política Agraria Común. Las ayudas agroambientales que reciben los propietarios siguen condicionadas a sistemas de gestión alternativos a las llamas.

Compartir el artículo

stats