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Vuelven las consultas cara a cara con demoras de 15 días y control de aforos

La presencialidad al 100 % anunciada por Puig se conseguirá de forma gradual - La falta de un triaje de síntomas covid preocupa a los profesionales

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El centro de salud Ingeniero Joaquín Benlloch, en Malilla, vuelve a la presencialidad F. Calabuig

Con diarrea, mareos, algo de fiebre y dolor de cabeza, Carmen decidió ayer acercarse a su centro de salud —el de Ingeniero Joaquín Benlloch, en Malilla— para que la viera su médico en el primer día de presencialidad de los centros de salud. Explicó sus síntomas en el mostrador de acceso y la mandaron a la calle a esperar, «por si acaso fuera covid, me han dicho», ante la falta de espacio dentro y la cantidad de pacientes que ya había esperando.

Su caso ejemplifica los problemas a los que se ha enfrentado el sistema en la primera intentona de vuelta a la normalidad en la Atención Primaria: sigue habiendo demora para ver al médico de Familia —de dos semanas de media— y la «apertura de puertas» de los centros de salud con la amenaza aún latente de la covid-19 genera el problema de cómo se va a manejar a los casos sospechosos como el de Carmen si la consigna es que se puede ir sin llamar antes al centro de salud, no hay nadie que filtre en la puerta y sin espacio suficiente para garantizar un doble circuito covid/no covid en condiciones, en muchos casos como en Malilla.

En su caso, y por falta de espacio, la solución ha sido mandarla a la calle a una hora que, precisamente, no invitaba a estar a la intemperie. En otros puntos de la C. Valenciana se ha optado por colocar a una persona en la puerta para que hiciera el cribado inicial y decidiera «separar» a quien venía con síntomas compatibles o incluso para controlar el aforo al no ser las salas de espera lo suficientemente grandes. La calle (pese a las inclemencias del tiempo) vuelve a ofrecer un escape rápido a la falta de espacio y a la amenaza covid.

Las soluciones han sido tantas como centros de salud hay en la Comunitat Valenciana porque la orden era la de garantizar la presencialidad, el cómo había que hacerlo era algo más complicado y lo seguirá siendo conforme esta prometida presencialidad sea, realmente, del 100 %.

La calle volvió a ser una segunda sala de espera para los pacientes de muchos centros de salud con poco espacio

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Porque aunque el president Ximo Puig anunció la presencialidad 100 % para este lunes, lo cierto es que ayer fueron pocos los centros en los que todas las visitas fueran cara a cara médico-paciente. «Las agendas están cerradas desde hace tiempo y eso no se va a poder cambiar de un día para otro», apuntó Eva Suárez, presidenta de la Asociación Valenciana de Pediatría. Como ella, muchos colegas tenían ayer una buena parte de su agenda de consultas telefónicas y otra, más reducida, de visitas presenciales, proporción que esperan que cambie pronto conforme los pacientes puedan optar por la visita presencial, hasta ahora normalmente vetada, «aunque espero que no se pierda lo bueno que ha traído la pandemia», pedía Suárez.

«Lo bueno», a su entender y al de muchos profesionales es el de contar con el recurso de las visitas por teléfono cuando la presencialidad no es necesaria. El problema, según añadió la pediatra, es que se ha dejado en manos del paciente «y no el profesional» la decisión de optar por una u otra forma de visita. Desde CSIF y Sindicato Médico hacían hincapié ayer en este extremo y reivindicaban que sea «el profesional sanitario quien decida atender presencial o telefónicamente al paciente».

Lo que ayer se notó fue que muchos más pacientes se acercaron de urgencia al centro porque la demora para conseguir cita sigue estando en una media de quince días, según ha podido comprobar este diario, pero solo en algunos sitios había alguien en la puerta para asegurar que, de ser síntomas compatibles con covid-19, se le remitiera a otra zona para evitar contagios. En Malilla, a Carmen la han enviado a la calle pero porque ella de forma proactiva ha notificado su síntomas «pero no todo el mundo lo hace y podemos tener el problema del contagio dentro del propio centro de salud, porque podemos tener casos sospechosos de covid compartiendo espacio con todo tipo de pacientes», advertía Jesús Gil Pinilla, vocal en València del Sindicato Médico Cesm.

Para la presidenta de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar, Mª Ángeles Medina, mientras haya pandemia «debería haber un triaje proactivo para evitar focos de contagio» pero todo pasa por más personal. «Y llueve sobre mojado, no se ha hecho nada de todo lo que se nos prometió en su día para resurgir de las cenizas y ahí estamos, en las cenizas con una vuelta a la presencialidad en una situación aún más crítica».

Gran parte de las restricciones decaerán a partir del 9 d’Octubre

El president de la Generalitat, Ximo Puig, insistió ayer en que el objetivo a partir del próximo sábado, 9 d’Octubre, es el fin de gran parte de las restricciones que han estado vigentes durante meses para volver a la normalización de la vida cotidiana, talcomo ya anunció durante el debate de política general en las Corts.

«La agenda -subrayó el jefe del Consell a preguntas de los periodistas- está marcada actualmente por la superación definitiva de la pandemia y la reacción económica y social en la Comunitat Valenciana». No obstante, matizó que se avanzará en estas metas con la vista siempre puesta en los «datos epidemiológicos», pues ahora «estamos en un riesgo bajo, pero esos datos orientarán siempre la toma de decisiones en este sentido».

El viernes, 8 de octubre, terminarán las actuales restricciones. A finales de semana se reunirá la Comisión Interdepartamental para consensuar las medidas que se mantienen y cuáles se eliminan. Ayer, desde el ocio nocturno se reclamó el aforo del cien por cien en las discotecas, horarios según la licencia de actividad y la vuelta de la pista de baile. Sobre la posibilidad de prescindir de manera definitiva de la mascarilla, Puig dejó en manos de la Comisión Interterritorial la adopción de la medida.

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