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40 años (casi) de Estatut

Cuatro de los ponentes del Estatut d'Autonomía recuerdan la negociación y valoran el alcance de la norma

Una de las manifestaciones en la transición para exigirel Estatut d’Autonomia. EL CAMERAMAN

El próximo año se cumplen cuatro décadas de la aprobación del Estatut d’Autonomia, la norma clave del autogobierno valenciano. Levante-EMV ha hablado con los ponentes vivos de una norma que permitió alcanzar el máximo techo competencial y que fue fruto de uno de los consensos políticos más importantes de la joven democracia valenciana.

Un magnolio en Benicàssim conmemoró la aprobación del Estatut. Levante.emv

El expresidente de la Generalitat, Joan Lerma,no duda en afirmar que el texto fue «acertado» ya que ofreció una herramienta básica con la que todas las fuerzas políticas pudieron trabajar. «Conseguimos las cosas que nos propusimos, la norma hizo posible que la autonomía fuera una realidad».

«La clave es que hicimos un Estatut pactado porque era la única forma de que durase, que fuera de todos, no de ningún partido», sostiene José Ramón Pin Arboledas, entonces diputado de Unión de Centro Democrático (UCD).

El socialista Felipe Guardiola, que ejerció de exvicepresidente en el Consell preautonómico y en el socialista de Joan Lerma, afirma que fue un Estatut «suficiente» y se remite al contexto histórico en el que se negoció. «Un terreno de juego embarrado», resume, con una legislación limitada y muchas tensiones internas dentro del propio PSOE y externas con UCD.

Luis Berenguer, que militó en UCD y después se integró en el PSOE, considera que el autogobierno era «una necesidad» y por eso los ponentes buscaron para la C. Valenciana las máximas competencias, las que la equiparaban a las nacionalidades históricas. «Teníamos los mimbres suficientes y todo fluyó. Sobre la lengua se había llegado a un acuerdo sobre el valenciano, sin gran problema, y con las competencias también hubo acuerdo de ir a las máximas, aunque al final la cuestión de los símbolos se complicó», explica.

Lerma pone el foco en que el Estatut de 1982 hizo posible el traspaso de competencias, sobre todo sanidad y educación, y con el paso del tiempo se fueron supliendo las grandes carencias en infraestructuras: «El Estatut sirvió para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos», sostiene.

Para Guardiola, el Estatut fue «ambicioso» ya que «en la práctica fue un Estatut de primera, porque pudimos obtener toda las competencias que reclamaban las llamadas comunidades históricas». «Hubo quien quiso devaluarlo, pero no fue un ‘estatutet’», afirma. Ahora bien, Guardiola admite que una cosa fue la autonomía política y otra, la financiera. «Este es el gran tema pendiente, que requiere altura de miras y que se superen los bloques».

Berenguer destaca «el buen clima entre los representantes de todos los partidos en las reuniones de Benicàssim y València y añade que en la actualidad el debate político tiene un clima totalmente distinto. «En las negociaciones del Estatut siempre hubo respeto a las posiciones políticas, somos hijos de la Transición, yo estoy muy orgulloso de esa cultura y esos valores», apunta. Pin Arboledas sostiene que todo lo que se hace por consenso dura y admite que había conciencia entonces de que el Estatut iba a perdurar en el tiempo. Y añade que el Estado de las Autonomías es hoy imparable. «A nadie se le ocurriría hacer ahora un Estado unitario, pero ojo, que cuesta menos destruir que construir», advierte.

Para Lerma, la mejor prueba del éxito es que ha durado 40 años y el primer test fueron las elecciones autonómicas. Para el actual senador territorial, lo más relevante del Estatut, el salto cualitativo, fue la plasmación del reconocimiento institucional de la Comunitat Valenciana. Respecto a si la vía del artículo 143 de la Constitución por la que se accedió a la autonomía y no la del 15 ( la rápida, de las llamadas históricas) mermó las posibilidades de autogobierno, Lerma dice que en la práctica el proceso habría sido muy parecido. En esto hay consenso entre todos.

Guardiola presidió la confererencia mixta de transferencias y defiende que se hizo con mucho trabajo y la mejor voluntad. «¿Nos equivocamos? Creo que no. Era la foto fija que teníamos en ese momento, pero las competencias son algo vivo y fueron a más. La autonomía nunca se acaba de terminar y eso se traslada también para el tema financiero», apunta.

El conflicto de los símbolos

Berenguer y Pin apuntan que el conflicto identitario se intentó solucionar de alguna forma con la inclusión en el prólogo de la denominación tradicional de Reino de València y la más moderna de País Valenciano, aunque sin valor normativo. Pin dice que Lerma aceptó la bandera con franja azul y la denominación de País. Es la redacción que iba a salir, pero antes de la última votación se cambió por Comunidad Valenciana.

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