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Usuarios de Salud Mental se atan para denunciar los protocolos en su atención

Piden que se les tenga en cuenta para actualizar las medidas

Los concentrados se ataron de forma simbólica ante la valla del hospital General de València. | T.Á.C

Una treintena de personas, en su mayoría usuarias de Salud Mental, se concentraron ayer a las puertas del Hospital General de València para reclamar cambios en los protocolos de atención y denunciar algunas de las prácticas que se aplican para tratar los síntomas que padecen, especialmente cuando sufren un brote, como la «sobremedicación» o la contención, es decir, atarles a las camas cuando son atendidos en los centros hospitalarios.

El acto, que se enmarcó en la celebración del Día Mundial de la Salud Mental, incluyó la lectura de un manifiesto y una «performance» en la que los presentes se ataron de manos y pies junto a la valla el centro para hacer visible la denuncia.

Desde el colectivo reclaman una «actualización» de los protocolos de atención y la puesta en marcha de un plan que incluya otros métodos que consideran efectivos como el diálogo abierto. También demandan un trato justo e igualitario «como a cualquier persona», que se evite la «infantilización» que en ocasiones sienten durante el tratamiento, la abolición del «sistema manicomial» y la creación de espacios autogestionados a través del apoyo mutuo.

«Lo que ocurre es que cuando alguien sufre un brote extremo la actuación se limita a sota, caballo y rey, es decir, medicación de alto calado y atarlo a la cama, algo que puede ser muy traumático para quien lo sufre», explicaba Óscar Gallart, usuario del servicio de Salud Mental.

Piden participar en la elaboración de nuevos protocolos que eliminen esas prácticas traumáticas y que consideran «obsoletas». «Queremos que cuenten con nosotros, que se abra una vía de comunicación con las autoridades» para poder hacerles llegar propuestas que ellos mismos aplican mediante terapias de apoyo mutuo «en las que nos damos solución a nosotros mismos». Reclaman la participación «plena y efectiva» en la elaboración de la legislación que les afecte.

Lola, otra usuaria, vivió la experiencia de pasar horas atada a una cama en el hospital General. En su caso sufrió su primer brote durante un cuadro de estrés porque no podía dormir. Acudió a un centro de salud y la medicación no le hizo efecto. A partir de ese momento, narraba, hubo una serie de decisiones que, lejos de ayudar a calmarla, aumentaron su nerviosismo. «Me llevaron en ambulancia, donde no me dejaron ir sentada, que era como yo me sentía mejor; en urgencias me metieron en un box muy pequeño donde estuve mucho tiempo esperando». Tras requerir la atención en varias ocasiones y ver que no llegaba aumentó su nerviosismo se presentó un guardia jurado, lo que lejos de calmarla agravó más la situación. Todos aquellos acontecimientos derivaron en un brote que explotó cuando, entre gritos, empezó a llamar a personas de su familia. Ante su estado llegaron dos guardias de seguridad que la inmovilizaron en el suelo. «Uno me puso la rodilla en la nuez y no me dejaba respirar», narraba la mujer. Entonces recibió una inyección que la calmó e hizo que se hiciera sus necesidades encima. Luego la ataron a la cama hasta el día siguiente. «Me tuvieron atada de pies y manos a la cama y aquella situación me traumatizó», narraba la mujer.

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