Un estudio de Fisabio, la Universitat de València y la Universitat Jaume I relaciona la exclusión social y la pobreza familiar con problemas de conducta, agresividad o trastornos mentales como la ansiedad o la depresión en la infancia y señala la importancia de adoptar regulaciones políticas estructurales y medidas dirigidas a este colectivo.

Llucia González, investigadora del Ciber de Epidemiología y Salud Pública, que forma parte de la Fundación Fisabio, aseguró que “vemos claramente como aquellos niños que tienen más riesgo de pobreza o exclusión social desarrollan más síntomas de trastornos como depresión, ansiedad, u otros problemas de comportamiento como la agresividad”. El trabajo se basó en una cohorte de mujeres embarazadas entre 2003 y 2005 a las que propusieron participar para ver los efectos ambientales en el desarrollo de los hijos”, según explicó González, que matiza que se trata de síntomas que manifestaron los menores. 

En total el trabajo analizó la situación de 395 y 382 niños y niñas de entre 7 y 11 años, de Guipúzcoa y València, respectivamente, dos áreas de riqueza y políticas de inversión muy diferentes, informa Fisabio en un comunicado.

Según la investigación, un mayor riesgo de pobreza y exclusión social se relaciona directamente con un aumento de problemas de salud mental en la infancia, y de forma indirecta también con el contexto físico y social, el estrés familiar y el perfil parental. La relación entre el nivel de pobreza y exclusión social familiar y los problemas internalizantes y externalizantes se mostró determinada por el nivel de estrés parental. También estaba afectada por el perfil parental, que incluye conceptos como la percepción que tienen las madres y padres de su rol en la crianza o los conocimientos que tienen sobre el desarrollo evolutivo.

Así, el trabajo enfatiza en la importancia de adoptar medidas políticas y estructurales de protección a la infancia frente a la pobreza que mejoren las condiciones de vida de los niños. Según explicó González, ya se han tomado algunas en el papel (solo ahí) como el borrador de la ley de salud mental presentada por Podem. Aunque, según especificó, no es suficiente. “Serían necesarias también ayudas directas contra la pobreza, promover políticas que ayuden a reducirla, como un mejor acceso al Ingreso Mínimo Vital, que no sea solo electrónico para evitar la brecha digital, aumentar el salario mínimo e incluso flexibilizar las jornadas laborales”. 

Servicios Públicos

Además de las medidas a largo plazo, González puso el foco en la necesidad de dotar de más profesionales de la salud mental a los servicios públicos. “Es obvio que los psicólogos no pueden resolver la escasez material, peo sí que pueden acompañar a las familias, crear espacios seguros, estrategias de afrontamiento y de resiliencia, y más herramientas para capear una situación complicada”.

Algunas de ellas implicarían mejorar el servicio de búsqueda de empleo, evitar el sistema educativo dual que segrega a los que tienen más recursos de los que no los tienen, incrementar el salario mínimo interprofesional o eliminar la pobreza energética, entre otras.

No obstante, según indica Gonzalez, primera firmante del artículo, "estos cambios profundos y estructurales pueden no ser factibles a corto plazo, por lo que para rebajar los problemas de salud mental podemos poner en marcha otras medidas indirectas, entre ellas, la aplicación de programas de parentalidad positiva

La Comisión Europea define la pobreza como el estado en el que hay una insuficiencia de recursos para vivir con dignidad, mientras que la exclusión social engloba a las personas a las que no se les permite participar en la sociedad a causa de sus características.

Para medir estos dos parámetros, el análisis ha contado con el indicador Arope (At Risk of Poverty or Social Exclusion), utilizado desde 2010 por la Unión Europea, indican las mismas fuentes.

Al relacionar Arope con la salud mental y el contexto familiar de los niños y niñas objeto de estudio, los resultados mostraron que el riesgo de pobreza y exclusión social se relaciona con más problemas de salud mental tanto de tipo internalizante (como ansiedad, depresión o problemas somáticos) como externalizante (problemas de conducta o agresividad).

La investigación subraya que los sistemas sociales próximos a los niños -como la familia, la escuela u otras redes sociales- pueden contribuir al desarrollo de mecanismos de protección que compensen el efecto de las condiciones estructurales desfavorables en la infancia.