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ANIMALES DE COMPAÑÍA

De mascotas a ser miembros de la familia

Medidas llamativas como un posible cursillo para dueños de canes o el «DNI animal» dan cuenta de una evolución respecto a décadas atrás

Las mascotas ya no son mascotas. Al menos, no responden al concepto más tradicional que se tiene de las mascotas. El de ‘animal de compañía’ es un término que encaja más con el hecho de que en el Código Civil ya sean «seres sintientes» y no «cosas» desde el año pasado. Pero muchas personas van más allá y los consideran miembros de la familia de pleno derecho. Son hijos perrunos o gatunos, en su mayoría, aunque cada vez proliferan más los hurones y otras especies.

«Yo creo que hemos evolucionado mucho, en el mismo sentido que antes ya lo habían hecho otros países europeos», dice a Levante-EMV la presidenta del Consell Valencià de Col·legis Veterinaris (CVCV), Inmaculada Ibor. «Hay una sensibilidad por los animales, por su protección. Estamos detectando los beneficios que nos están aportando, esa es la realidad que tenemos ahora: parejas jóvenes que se plantean antes tener un animal que tener un hijo», subraya Ibor.

En concreto, en la Comunitat Valenciana hay un millón de animales de compañía registrados, lo que supone dos animales por cada diez personas —sin contar los que no están registrados—. Por provincias, la de Castellón es la más amante de los animales: a diez habitantes le corresponden 2,4 animales, por los 2,3 de Alicante y los 1,8 de Valencia.

«En un tiempo de posguerra, como el de mis padres, la gente debía mirar más por sí misma, pero con la llegada del bienestar ha cambiado mucho la percepción», dice esta profesional. La propia veterinaria se ha transformado desde que ella se graduó, a finales de los ochenta: «antes el veterinario titular hacía de todo, ahora hay mayor grado de especialización, como fisioterapia de animales, cirujanos...», explica.

Los tiempos marcan las leyes

Dos nuevas legislaciones sobre animales se llevan a cabo de manera casi paralela en los gobiernos central y autonómico. Es algo extraño porque existen dudas sobre las competencias sobre ese asunto, pero desde hace décadas las asume la Generalitat. La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, presentó este mes en el marco del Día Mundial de los Animales la nueva «ley marco» que todavía debe aprobar el Congreso. El texto preliminar incorpora elementos como un cursillo para quienes quieran tener perro o un llamado «DNI animal».

Tanto para Ibor como para el fiscal de Medio Ambiente de València, Eduardo Olmedo, es un texto que «llega tarde». Olmedo, en particular, es crítico con la norma nacional. «La ley marco que pretende uniformizar no tiene sentido ya porque hay legislaciones autonómicas. Preveo que las autonomías van a hacer caso omiso», asevera Olmedo, quien opina que el Gobierno debería «pactarla» con las comunidades.

Ibor considera que la ley marco sería un avance pero afirma que ese «DNI animal» ya existe con datos similares y que se debe estudiar cómo hacer el cursillo para futuros propietarios de perros para que no aumente «la burocracia». «Soy muy partidaria de la formación y la educación, pero quizá un título no va a asegurar que eres consciente para cuidar a un animal y otras personas se echen para atrás», asegura.

Sacrificio cero

Mientras, también avanza una ley valenciana que presentó el Consell el pasado agosto y que se debe tratar en los próximos meses. Su punto central es el de reducir de manera drástica las opciones de sacrificio. «Uno ahora puede eutanasiar a su animal y no pasa nada, no es un delito sino una infracción administrativa», dice Olmedo. La Generalitat pretende que la eutanasia solo se permita en escenarios en los que se eviten sufrimientos innecesarios.

El proyecto de ley nacional avanza con la misma premisa: el sacrificio cero —siempre en animales domésticos y con caza y tauromaquia por fuera de la norma—. La especialista en Derecho Animal Amparo Requena pone el foco en una situación concreta: «hay perros que tienen enfermedades incurables, por las cuales ahora se les puede sacrificar, pero que pueden vivir con esas enfermedades siempre que tengan un tratamiento compatible». También detalla como novedades positivas que se reconozcan «por fin» las colonias de gatos y los planes de esterilización para las mismas. El borrador estrecha el cerco sobre la venta de animales fuera de criaderos y sobre maltratadores.

Los veterinarios piden por un lado que en la ley valenciana se amplíe la identificación obligatoria para gatos y hurones, no solo para perros. «La identificación es uno de los pilares para evitar el abandono, una de las principales tareas para tener un sacrificio cero», asegura, en referencia a los animales sacrificados tras no ser adoptados o no encontrados vía chip. También es relevante por la posible transmisión de enfermedades a las personas. A la ley estatal, el CVCV le reclama un cuerpo de peritos veterinarios que actúen en casos de maltrato.

«Llegué a tener once gatos de acogida»

«La gente, si ve un perro en la calle, enseguida llama a la policía para avisar de que está perdido. Sin embargo, si es un gato, lo tenemos normalizado pese a que la esperanza de vida de un gato callejero es de cinco años y si está perdido es de apenas unos días». Lo dice Vero Ramírez, que preside la asociación Gats Sense Sostre, de Moncofa.

Desde 2019, cuando empezaron, han conseguido controlar siete colonias de gatos de esa localidad castellonense. Gracias a un convenio con el ayuntamiento, la colaboración de un veterinario local, supermercados y los vecinos, han conseguido esterilizarlos para evitar su crecimiento descontrolado, dotarles de mejor calidad de vida mediante algunas casetas y alimentándolos. Son solo tres mujeres del pueblo que lo hacen todo. Su actividad es una de las que reconoce la nueva ley estatal en el anteproyecto, una demanda de largo tiempo. «En un momento me llegué a juntar con once gatos de acogida», recuerda Ramírez.

A pesar de sus esfuerzos, han pasado episodios dramáticos. Un día, al visitar una colonia que tenía 30 gatos, un miembro estaba muerto. Y el día siguiente, otro. Y el tercero, uno más. Al final pudieron determinar que era un virus llamado panleucopenia. Les dieron tratamiento y a las semanas la epidemia se detuvo. Sobrevivieron 15 de esos gatos.

Detección y adopción

En Gats Sense Sostre dejan a los felinos callejeros en ese hábitat porque saben que son reticentes a entrar en una casa a partir de cierta edad. Pero emprendieron un plan de adopción de las crías que nacían en las colonias. «En cuarentena notamos que salieron más gatos en adopción, pero hemos notado que en verano hay un parón importante», cuenta. Lo que sí nota Ramírez es que los dueños a los que entregan los cachorros «ven el amor que da el animal». «En mi familia, está mi hija y después, mis tres gatas, son unas más de la familia», cuenta.

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