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El aumento de los alquileres saca a la luz un mercado negro de pisos compartidos

El precio medio ha subido un 10,6 % en València en lo que va de año y los agentes del sector confirman que la demanda es superior a la oferta

Una mujer mira las ofertas de un escaparate de una inmobiliaria, en una imagen de archivo. | GERMÁN CABALLERO

Todos los expertos aconsejan destinar un máximo del 30 % del salario para pagar el alquiler. Teniendo en cuenta que el sueldo medio en la Comunitat Valenciana se sitúa entorno a los 1.500 euros, destinar más de 450 euros al mes rompería dicha regla. Sin embargo, encontrar un piso en València a un precio igual o inferior a ese importe mensual es una misión difícil, casi imposible.

Solo hace falta acudir a alguna de las principales plataformas que operan a nivel nacional para darse cuenta del aumento registrado en los últimos tiempos. Un reciente informe de la inmobiliaria Tecnocasa atestigua un crecimiento del 10,6 % en València durante el último año.

La demanda supera a la oferta y los agentes del sector alertan sobre un fenómeno nuevo: ante la imposibilidad de poder acceder al piso elegido por las dificultades económicas y la tendencia alcista muchos arrendatarios optan por realquilar habitaciones para tener un extra. El problema es cuando actúan a espaldas del propietario. Más aún si en el contrato pactado hay una cláusula sobre la imposibilidad de hacerlo.

Sebastián Cucala es el actual presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de la Comunitat Valenciana. Ayer atendió a Levante-EMV y expuso que la aparición de un mercado paralelo de personas que subarriendan habitaciones no es un fenómeno nuevo: «El contrato con varios arrendatarios sí está legalizado. Los problemas llegan cuando se sigue esta práctica sin consentimiento expreso del titular del piso».

A su vez, dijo que muchas veces los dueños se ven con dificultades para acreditar la existencia de esta mala praxis: «El propietario se ve con pocas armas, ya que depende de testimonios de otros vecinos y estos llegan si hay, por ejemplo, problemas de convivencia. A nivel jurídico puede ser hasta complicado y largo si el propietario exige un desahucio aunque sea una práctica ilegal. La persona que está alquilada siempre puede decir que son familiares o amigos que han venido a verle y solamente están de paso».

Vicente Diez es el actual portavoz del colegio de agentes de la propiedad inmobiliaria de València. Consultado por este diario, ayer también confirmó que el mercado negro de pisos compartidos sí está registrando un auge: «No es algo nuevo, pero es verdad que se ven casos en la ciudad de València y en su área metropolitana. La principal causa es que acceder a un piso en condiciones en la ciudad por menos de 500 euros es algo difícil, incluso por 500».

«De hecho, puede pasar que al dueño de un inmueble le sea más rentable alquilar las habitaciones. En este caso hay más gestión, porque no se alquila el piso entero, pero más rentabilidad».

«El subarriendo es algo que sí está permitido si el titular del piso es consciente. Es legal con ese consentimiento, al final el propietario lo que busca es asegurar una renta», expuso Díez.

«Lo malo es que hay casos en los que la gente realquila para hacer negocio sin decir nada. Eso es algo que nosotros evitamos y que al final lo que causa es un encarecimiento de las condiciones del mercado. Hablamos de una práctica ilegal, centrada en ganar dinero a espaldas del dueño. Los casos han aumentado por la dificultad de encontrar viviendas asequibles en alquiler», apostilló.

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