Neptuno se acerca al borde de la piscina para someterse a una espirometría. Es Julieta, su cuidadora, la que le coloca el aparato sobre el lomo para medir la cantidad de aire que puede retener este macho nacido en 2004 en el Oceanogràfic. Una prueba no invasiva, e indolora, que permite a los investigadores estudiar los posibles efectos en los cetáceos del aumento de la temperatura del mar por el cambio climático. Por ejemplo, hasta qué profundidad podrían bajar en el medio natural para buscar alimento. O cuanta energía requerirían para ello.

«La visita al Oceanogràfic es fundamental para educar y concienciar» | FOTOS FUNDACIÓN OCEANOGRÀFIC

Detectar enfermedades respiratorias, conocer el lenguaje de las belugas o reducir el impacto de la pesca en las tortugas marinas son algunos de los logros que sitúan a la Fundación Oceanogràfic como un referente mundial de investigación. «La visita al acuario valenciano es fundamental para educar y concienciar desde un mensaje positivo, porque va más allá de la parte de ocio». Así lo remarca Daniel García Párraga, director de Operaciones Zoológicas e investigador de la Fundación.

«La visita al Oceanogràfic es fundamental para educar y concienciar»

García Párraga, obsesionado con el bienestar animal, incide en la labor científica que se lleva a cabo desde 2003, pero multiplicada en el último lustro. En esa línea se expresaba Francisco Torner, biólogo marino y director de control, al resaltar el papel de «altavoz» que cumple el mayor recinto marino de Europa a la hora de «sensibilizar a la sociedad para conservar la biodiversidad».

Punto de anidación

Las acciones de recuperación de tortugas marinas, con su crianza hasta que alcanzan un peso que les permita sobrevivir en libertad, han conseguido sacar adelante 366 ejemplares. España, por el cambio de las condiciones climáticas, se ha convertido en punto de anidación pero la tasa de supervivencia si se las deja a su suerte se sitúa en 1/1.100. Con la supervisión y mimos del equipo veterinario una de cada dos puede alcanzar la madurez.

Los proyectos de conservación se extienden a especies como el gallipato (Pleurodeles waltl), un anfibio en serio peligro en la Comunitat Valenciana, el samaruc (Valencia hispanica), el galápago europeo (Emy orbicularis), el tiburón pintarroja (Scyliorhinus canicula) o flora como la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus carthaginensis).

García Párraga recordaba la estrecha, y fundamental, colaboración con instituciones como la Conselleria de Emergencia Climática y Transición o la Universitat de València. Pero también con los pescadores que cuando encuentran animales atrapados por las redes «facilitan el trabajo para que puedan ser tratados en el Oceanogràfic antes de volver de nuevo al mar». Además, se han puesto en marcha acciones para reducir el volumen de residuos con el voluntariado de aliado.

La gerente Kadi García enfatizaba la importancia del rumbo tomado con la llegada de Avanqua en 2015. Punto en el que destacaba los pilares en los que se asienta la Fundación Oceanogràfic: investigación, conservación y divulgación. Algo en lo que coincidía el director general Eduardo Nogués. De fondo, mientras, los gruñidos de los leones marinos se mezclaban con las voces de escolares y turistas que de nuevo vuelven a llenar el enclave tras una época muy compleja por la pandemia.