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Francesc Nogales: "Algunos no nos conformamos con dar clase como hace 25 años"

"El primero que se tiene que divertir en el colegio es el maestro y enseñar de forma que cada situación suponga un pequeño reto", explica el enseñante, que lleva dos décadas en las aulas

Francesc Nogales es tutor de 3º de Primaria en el centro concertado de l’Horta Sud. | FERNANDO BUSTAMANTE

Premio Educa Abanca al Mejor Docente de Primaria de España. Nogales (València, 1977) descubrió la vocación docente a través de su hermano, con necesidades educativas especiales. Con formacióna en Educación Especial y Audición y Lenguaje (AyL), ahora cosecha éxitos mientras enseña en el Colegio San Enrique de Quart de Poblet. Es tutor de 3º en el centro concertado.

¿Cómo se ha recibido el premio en el colegio y, sobre todo, el alumnado? ¿Cómo ha sido el primer día como «Mejor docente de España» [por ayer]?

Ha sido un día normal, aunque los niños sí estaban nerviosos y por la mañana me han dicho que me habían visto en la TV y en la portada del diario. Para ellos es muy especial. A parte de eso, hemos hecho clase habitual, que es lo importante. Hay que seguir siendo uno mismo y es fundamental tener siempre los pies en el suelo aunque tengamos la cabeza en las nubes.

¿Por qué cree que su labor ha sido destacada a nivel estatal?

Por la importancia de las familias, porque no sería posible si no me hubieran nominado. Pero yo no soy mejor que nadie; hay muchísimos profesores y yo no soy el mejor de España. Hay muchos docentes que, al igual que yo, se dejan el alma día a día en sus clases y buscan la manera de que sus alumnos aprendan de una forma óptima. Al final no se reconoce la labor mía, sino la de todos los docentes que no nos conformamos con dar la clase como nos la dieron a nosotros hace 25 años.

Todo el mundo tiene una opinión y se habla, se critica y se debate mucho: ¿Cuál podemos decir que es el nivel de la educación en España?

Se ha criticado mucho por los cambios de leyes. Es cierto que ha habido muchísimos y algunos poco justificados, pero lo importante no es eso, sino que hay docentes que han pasado 25 años y siguen dando la clase exactamente igual que el primer día. Entonces, ¿para qué han servido esos cambios de leyes? Muchas veces, para nada, porque lo que marca la diferencia es el docente. Por eso, creo que la educación en España está mucho mejor de lo que nos pensamos gracias a la labor de los maestros, somos quienes sujetamos la vela y el mástil para que el barco no naufrague. Se habla de que la educación está fatal y se lanzan mensajes negativos, pero ya es hora de empezar a darnos cuenta de las cosas positivas: hay una «materia prima» increíble, tenemos un grupo de profesores que valen oro... y eso hay que ponerlo en valor.

Comenta que algunos cambios legislativos en Educación no han estado justificados. ¿Ahora sí es momento para una nueva ley? ¿La Lomloe será un impulso para el cambio en las aulas?

Puede ayudar o favorecer para que se implanten metodologías un poco más activas. Para mí, el objetivo de una ley es que los alumnos salgan más preparados para el futuro y la manera de conseguirlo es dotarles de todas las competencias y capacidades. Si la ley promueve eso, fantástico y, si baja las ratios, genial. Si al final la ley dice al docente «haz lo que puedas», para eso no hace falta una nueva.

¿Y qué pasa con el profesorado que no acepta algunos cambios? Por ejemplo, hay mucho debate con la organización por ámbitos —con asignaturas agrupadas—, sobre todo en Secundaria.

Creo que no hay que lanzarse a una metodología totalmente innovadora. Al final, necesitamos mantener lo positivo de una metodología más tradicional o clásica, y también la de una más innovadora, y convivir las dos. Tenemos alumnos a los que les funciona muy bien una clase magistral, pero a otros no... Hay que crear ese «paisaje» de aprendizaje en el que le puedo ofrecer a un alumno actividades digitales; además de manipulativas para que afiance ese aprendizaje. Si conseguimos eso —que es difícil y requiere mucho equilibrio—, estaremos en el buen camino. Además, debemos apoyarnos en los puntos fuertes de cada profesor, por eso defiendo que haya profesores variados en los colegios, y formación.

Ha hablado del alumnado y quería preguntarle por su nivel: ¿Es cierto que cada vez saben menos y se les exige menos?

En ese sentido, lanzo una pregunta yo: si cogiéramos alumnos de hace 25 años y les pidiéramos que hablasen en público ante 500 personas, ¿serían capaces? Porque los míos sí, hoy [por ayer] lo han hecho, a través de una videoconferencia, y han hablado frente a la pantalla, pero ellos sabían cuánta gente les veía. A lo mejor aprenden menos contenido y, evidentemente, no van a saber la lista de los reyes godos, pero ¡ojo!, tampoco la sabían mis padres... A veces hay mitos que hay que empezar a quitar; es maravilloso que aprendan determinadas competencias, porque los contenidos los pueden encontrar en Google: la cuestión es que sepan cómo buscar.

Se dice que hay un profesor que marca para toda la vida. Teniendo en cuenta que pasamos como mínimo 13 años en el sistema educativo... ¿No deberían ser más los docentes que recordemos con cariño?

Seguramente, pero yo siempre digo que a mí no es tanto el profesor —que los hubo también—, sino los alumnos que me han marcado. Los profesores también tenemos huellas increíbles que nos dejan los alumnos. Me acuerdo de una forma maravillosa de Azucena, Manuel... Son niños que, de alguna manera, también me han enseñado a mí.

Y a usted, ¿cómo le gustaría que le recordara su alumnado?

Ufff [Ríe]. Creo que me recordarán como el ‘profe’ loco que hacía locuras en clase... Ahora me escriben alumnos y me dicen: «Ya sabía hace 15 años que eras el mejor ‘profe’ de España» o «Yo iba contenta a clase porque sabía que tú estabas en el cole». Esas conexiones son porque hay un aprendizaje emocional y porque lo que les enseño queda vinculado a una vivencia positiva; y saben que yo confiaba en ellos. Estas cosas te demuestran que lo que haces es positivo.

¿Y qué falla para que algunos niños o niñas vean como algo aburrido o una carga ir al colegio y no quieran o no les guste?

Fallan muchas cosas, pero parto de que el primero que no debe ir aburrido al colegio es el profesor; si es así, mal camino. El primero que se tiene que divertir es el maestro y enseñar de forma que cada situación suponga un pequeño reto; y acercarse a la realidad de los alumnos con los que cuesta más conectar. Cuando se individualiza así la educación, el alumno se siente importante. También aparece motivación cuando ven que para su familia es importante lo que hace.

Eso de ir con alegría al colegio le puede acarrear críticas de haters y otros docentes, pero no le pueden acusar de ser un «gurú» alejado de la realidad de las aulas... Usted está en clase y demuestra que es posible, ¿no?

¡Claro que sí! No me considero gurú ni influencer, pero animo a que los docentes «salgan del armario», en el sentido de contar lo que les funciona en el aula. Si una actividad supone un éxito y los alumnos salen encantados y aprenden, hay que compartir la buena experiencia. Así otros profesores, si quieren o tienen voluntad, lo puedan hacer. No se trata de vender humo.

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