En los últimos años los medios de comunicación están haciéndose eco de unas denominaciones de la ciencia climática que se transmiten a la sociedad sin mayor filtro. Ciclogénesis explosiva, medicane, vaguada o DANA polar, vórtice polar, corriente en chorro…Son expresiones que encierran procesos atmosféricos complejos y que comunicadas sin mayor explicación que un simple titular, generan equívocos y temor social ante el desconocimiento de su funcionamiento. Estos días toca el turno a la DANA polar y al chorro polar. Y el titular se acompaña con el mensaje del “desplome” de las temperaturas. Leyendo así una noticia, dan ganas de encerrarse en casa durante varios días. Es cierto que nos enfrentamos a la primera situación de frío de esta temporada de otoño-invierno, pero es lo lógico a finales de noviembre. Unas jornadas de nieve y frío que está causada por la llegada de una masa de aire frío, procedente prácticamente del Océano Glaciar Ártico (aire ártico) y que se descuelga desde aquellas latitudes a través de una vaguada y que, normalmente, cuando alcanza la península Ibérica desarrolla una gota fría (DANA) en su interior. Además, esta vaguada viene impulsada por una corriente en chorro que circula ondulante, de norte a sur, en forma de meandro de río. Esta es la secuencia lógica de formación de una situación atmosférica de frío y nieve ya en noviembre. Nada de extraordinario. El resultado, en efecto, será una caída significativa de temperaturas y el desarrollo de lluvias y nieve en cotas bajas. Un titular del tipo “Una DANA traerá un chorro polar que provocará el desplome de las temperaturas”, ¿a qué impulsa una reacción lógica de quedarse en casa porque viene “la mundial”?. Precaución pues a la hora de utilizar vocablos que resultan llamativos, pero de los que se desconocen su funcionamiento, ocasionando un alarmismo innecesario.