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Inclusión

El restaurante de las sonrisas ex tuteladas

Una empresa que cuenta con cinco restaurantes en València tiene entre muchos de sus jefes de cocina a jóvenes ex tutelados. A pesar de enfrentarse a la calle en un país que no conocen y a requisitos leoninos a los 18 años han conseguido salir adelante gracias una empresa apuesta por ellos pese a las trabas administrativas

Sori, Mohamed, Elmahdi y Francesco, en uno de los locales de La Picaeta. M.A.Montesinos

Sori, Mohamed y Elmahdi son jóvenes (23, 20 y 21) pero más maduros y fuertes que cualquiera de su edad. Bastante más. Porque nadie nunca les ha regalado nada. Son «ex menas», jóvenes que pasaron por centros de menores en su día y el regalo de su 18 cumpleaños fue quedarse en la calle solos, en un país desconocido que poco pudieron ver encerrados en un centro. Encima, con requisitos leoninos para conseguir un permiso de trabajo en un tiempo muy corto. 

A pesar de este panorama (que mejora tras la última regulación del reglamento de extranjería), los tres salieron adelante porque una empresa decidió apostar por ellos. Sori, Mohamed y Elmahdi son jefes de cocina de tres de los cinco restaurantes de «La Picaeta», una cadena de restaurantes gestionada por «Hijos de Amparo Tamarit» en València. Actualmente la cadena cuenta con 10 chicos extutelados, varios recién contratados pese a la pandemia.

Todo empezó con Mamadou Keita hace diez años. Hoy el guineano tiene 27 y es jefe ejecutivo de todos los restaurantes. «La experiencia con él fue tan positiva que decidimos apostar por más. Son chicos que tienen un enorme diferencial con el resto, y es que le echan muchísimas ganas», cuenta Francesco Michelín, el responsable de recursos humanos de la empresa. 

Elmadhi es uno de esos chicos. Llegó hace tres años y es jefe de cocina del último local recién abierto por la empresa hace un mes. Él, como muchos otros jóvenes ex tutelados, pasó por la escuela de la Fundación Iniciativa Solidaria Ángel Tomás (FISAT), que también cuenta con pisos de emancipación en los que estuvo, por ejemplo, Sori. Pero Elmadhi no llegó con 18 a esta empresa, antes trabajó en el IVAM en la cocina del chef con estrella Michelín José Luís Mascaraque. De ahí a «La Picaeta». 

Trabas a la contratación

La última incorporación, según cuenta Michelín, se llama Youssef y llevan tres meses esperando que sus papeles estén en orden tras ofrecerle un contrato de un año a jornada completa. Pese a estas trabas han ofrecido también un contrato a Ibra, otro joven extutelado. «No hay ninguna facilidad, de hecho en todos los casos tenemos que terminar la relación laboral después de las prácticas, hacerle una oferta de trabajo al chico y esperar a que puedan conseguir todos sus papeles para trabajar, más de tres meses», explica Michelín. 

Pese a todo, el responsable de recursos humanos matiza que «tenemos la suerte de que la apuesta por ellos siempre nos ha salido bien, son personas que cumplen y se lo ganan con creces. Nosotros no les estamos haciendo ningún favor, al revés, son ellos los que trabajan muy bien», incide.

«Si le echas ganas a los estudios en el centro te ayudan mucho y acabas con la documentación», dice Mohamed

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Michelín matiza que «ahora mismo es muy difícil encontrar trabajadores y tener a estas personas que le echan actitud es algo muy difícil de ver». Mohamed recuerda con sorna el primer día, nada más cumplir los 18; «eran navidades y teníamos a 180 personas en una noche, nada más entré, saludé y me pusieron a fregar los platos (risas)». Mohamed fue contratado recién cumplida la mayoría de edad, pero Elmahdi (que tampoco pasó por un piso tutelado) estuvo viviendo meses en un hotel, compaginando las prácticas en hostelería y un trabajo de limpieza, hasta que encontró un piso en el que poder salir adelante. Más maduro que casi cualqiuera a su edad.  

Del centro de menores al mundo

 «Nosotros llegamos a un país en el que no sabemos el idioma y alejados de la familia, estamos solos. Cuando nos meten al centro de menores los trabajadores se creen directamente que somos malos, pero nosotros hemos visto malos y buenos, de todo», así define Elmahdi la llegada a España. 

Francesco, Sori, Mohamed y Elmahdi, en el local de La Picaeta M.A.Montesinos

Mohamed, que también vivió esta situación, explica que «si te esfuerzas y le echas ganas a los estudios los trabajadores sociales lo notan, te ayudan mucho y se ponen a trabajar para que tengas la documentación lista lo antes posible. Si prefieres quedarte fumando sin hacer nada... Muchos acaban en la calle y sin papeles, y se dan cuenta de que han perdido el tren porque es casi imposible conseguirlos luego». 

Elmahdi pide cambiar un aspecto muy sencillo de los centros de menores: «que los trabajadores escuchen un poco a los chicos, porque yo pasé por ahí y nadie me preguntó que me gustaría ser, que me habría gustado estudiar. Que les escuchen, porque muchos acaban apuntados en un curso que no les interesa solo por no estar encerrados en el centro». Salir adelante a los 18, sin ayuda y en un país que no conoces no es algo fácil, pero Elmahdi da el siguiente mensaje a los chicos que están ahora mismo en los centros. «Si tienes algo en tu cabeza y quieres conseguirlo tienes que esforzarte. Las cosas se consiguen». 

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