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«Las redes sociales son una autopista para generar odio»

La eurodiputada Maite Pagazaurtundúa presenta «Cartografía del odio», un trabajo en el que se alerta del aumento de este tipo de delitos

La eurodiputada y autora de ‘Cartografía del odio’, Maite Pagazaurtundúa, en València.  | M.A. MONTESINOS

La eurodiputada y autora de ‘Cartografía del odio’, Maite Pagazaurtundúa, en València. | M.A. MONTESINOS / Diego Aitor San José. València

Diego Aitor San José

Diego Aitor San José

València

Maite Pagazaurtundúa conoce el lado práctico y teórico del odio. El primero le llegó como víctima tras 13 años bajo escolta policial por las amenazas del entorno de ETA tras fundar en el Euskadi «de la socialización del dolor» la asociación ¡Basta ya!. A ello se le ha unido recientemenete su «Cartografía del odio», un trabajo de investigación sobre este tipo de delitos en seis país de la UE (España, Alemania, Francia, Italia, Polonia y Hungría) entre 2015 y 2020 y que se encuentra en pleno proceso de presentación.

«Vivimos una época en la que los delitos de odio pueden dar un gran salto» comienza a explicar la también eurodiputada de Ciudadanos cuando se le pregunta sobre el momento actual. «Ojalá podamos impedirlo», añade. Pagazaurtundúa señala, tras analizar y crear una base de datos de más de 80.000 impactos que lo que se ve hoy en la sociedad «es que existe el oxígeno, el elemento de hostilidad y polarización que puede ayudar a su incremento».

Y aunque Facebook, Twitter o Tiktok sean herramientas que entretienen y comunican, Pagazaurtundúa las apunta como el «elemento distintivo de esta época» para la propagación del odio porque, recuerda, «el fenómeno de la generación de prejuicios, intolerancia y discriminación es histórico». «Las redes sociales ofrecen la posibilidad de generar todo esto de manera industrial, tanto sea con inteligencia artificial como no, tanto sea con granjas de bots como no. Son una autopista para la generación de odio», expresa la especialista.

En este punto, la parlamentaria en Bruselas y Estrasburgo incide en resaltar el papel de las «injerencias extranjeras», entre las que destaca a Rusia, que tienen «el objetivo común de debilitar la democracia y el pluralismo político». «Son muy difíciles de demostrar su sello, pero sabemos que están detrás de muchas campañas», indica. También recuerda el problema «de la caja negra de los algoritmos de las grandes plataformas» que se benefician de la generación de comunidades de odio. «No es que sea su objetivo, pero les sale rentable», apuntala.

El momento, además de por las herramientas digitales, también tiene riesgos del aumento de delitos por una situación de crisis económica y social tras la covid. En este sentido, la eurodiputada indica que los prejuicios acaban fomentando «la creación de enemigos» que sirven de justificación «para explicar cuando algo va mal». «Esto puede acentuarse de tal forma que el agresor se considere víctima y justifique la agresión», explica.

En el caso de España, Pagazaurtundúa destaca dos peculiaridades: más incidencias de odioconstatables en torno a la discapacidad y los de intolerancia política, con gran aumento. Respecto a los primeros, dibuja «como hipótesis» que en España hay «una conciencia y un tejido social importante que ayuda a dar el paso de denunciar».

Porque la eurodiputada incide en que los delitos de odio están, en su mayoría, «infradenunciados». «Siempre de va por detrás, primero porque se tarda hasta considerarlos como delitos de odio, y segundo, porque hay colectivos que desconfían en acudir a la comisaría a denunciar», señala.

El otro punto específico en el que destaca el caso español, aunque esta vez no es por concienciación, es lo que llama «el elefante en la sala»: los delitos de intolerancia política. «Sabemos que la competitividad política es dura, que a veces hay juego sucio, que no somos arcángeles ni los políticos ni los medios, pero hay límites en los que no se reconoce al otro», explica. Y advierte que tiene consecuencias para todos.

Se muestra optimista

«Hay un momento en el que se deja de diferenciar las confrontaciones legítimas, los problemas de gestión, con los prejuicios y el debate público se contamina de una manera en la que se matan moscas a cañonazos», lamenta, un proceso que hace «imposible» llegar a acuerdos «porque estás en la descalificación e invalidación al 100 % del otro».

No obstante, se muestra optimista, «ya lo era en Euskadi» y reclama «mandar a extramuros» a esos actores porque, expresa, nos jugamos mucho».

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