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"El confinamiento en Austria se veía venir, los hospitales están saturados"

Dos valencianas residentes en Viena opinan que la inmunización ha creado una «fractura social»

Elena Biosca, ayer ante el Palacio de Schönbrunn donde debería ubicarse el mercado navideño. | E.B.

La plaza frente al Palacio de Schönbrunn, en la capital austriaca de Viena debía estar ayer a rebosar de gente, como lo está cada año en los primeros días del típico mercado navideño. Pero este año no ha sido ni será así. Ayer comenzó el confinamiento domiciliario nacional decretado por el Gobierno austriaco, el cuarto para los ciudadanos del país europeo tras la subida de casos positivos de coronavirus.

Una situación que se suma a que solo (alrededor) del 65 % de la población está vacunada y que ha motivado al Ejecutivo nacional ha anunciar una ley de vacunación obligatoria a partir de febrero de 2022. Dos decisiones que han suscitado protestas en diferentes ciudades del país el pasado fin de semana, convocadas por la extrema derecha y que llegaron a concentrar cerca de 7.000 personas en la capital.

Aitana Vivó es de València pero vive en Viena desde hace una década. «Se veía venir», dice a Levante-EMV desde la otra punta de la línea telefónica. «Han tenido que confinarnos a todos porque por primera vez en Austria hay saturaciones en los hospitales. Hasta ahora, lo que ha pasado en España no había tenido lugar nunca aquí», dice Aitana, que trabaja desde su casa desde que comenzó la pandemia.

Detalla, además, que este fin de semana los mercados navideños y las zonas comerciales estaban «a reventar». «La gente aprovechó para pasear y comprar regalos antes de que nos encerraran». Una cuarenta más laxa, en la que sí se puede ir a trabajar o al colegio (aunque se recomienda que, dentro de las posibilidades, se haga desde casa) o a pasear. Ayer, en el primer día de cuarentena las calles estaban «casi vacías» bajo un cielo gris y lluvioso, tal como comenta Aitana Vivó. Cada diez días, detalla, se revisarán las medidas para prorrogarlas o eliminarlas.

Por otra parte, Elena Biosca, clarinetista de Rafelbunyol afincada en Viena, dice, respecto a la cuarentena que, «hace tiempo que aquí es invierno, hace frío y la gente se junta más». Esta coyuntura sumada a la poca gente vacunada es el resultado del aumento de casos positivos. «Los austriacos no han vivido el quedarse encerrados en casa más de dos meses ni han visto de cerca desenlaces catastróficos por el virus». «La percepción es otra», opina. Respecto a la obligatoriedad de vacunarse en febrero de 2022, Elena se muestra preocupada. «Es un tema muy delicado» porque «aún teniendo PCR gratis todos los días los casos suben». Aitana, por su parte, cree que las vacunas han creado una gran «fractura social». ¿Por qué? pregunta este periódico: «por la tradición de culto al cuerpo y la desconfianza en la medicina. También que no han visto (en general) a personas cercanas pasarlo mal por el virus», opina.

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