Las personas con discapacidad tienen el derecho y el deber de participar en la sociedad. Sin embargo, muchas veces no pueden demostrar todo lo que son capaces de ofrecer porque directamente se les niega la oportunidad. Este es el «bucle maldito» que Albert Marín, tesorero de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe), describió en un encuentro sobre la Inclusión en el mercado laboral de las personas con discapacidad organizado por Levante-EMV y patrocinado por Caixa Popular.

El encuentro reunió en el Club Diario Levante a representantes de la Generalitat, del sector bancario y de asociaciones de personas con discapacidad para analizar la difícil situación que atraviesa este colectivo en su acceso al mercado de trabajo. «Hay que cambiar nuestra mentalidad y nuestros estereotipos. No todos tenemos las mismas capacidades. Hay cosas que las personas con alguna discapacidad no pueden hacer, pero hay que centrarse en las muchísimas cosas que sí pueden hacer», afirmó Reme Alarcón, directora laboral de Caixa Popular.

Según datos del INE, en 2019 la tasa de actividad laboral de las personas con discapacidad (34 %) era menos de la mitad de la tasa de las personas sin discapacidad (77,7 %) y la cifra de paro se situaba 10 puntos por encima del resto. Este panorama evidencia la falta de sensibilización de la sociedad hacia el problema de las personas con diversidad funcional para acceder al mercado de trabajo, una situación derivada de una brecha formativa y que genera precariedad, entre otros factores.

«Hay un porcentaje de plazas en las empresas y los servicios públicos para personas con discapacidad que no se está cubriendo como tocaría y habría que plantearse si es suficiente», admitió Enric Nomdedéu, secretario autonómico de Empleo y director general de Labora. Concretamente, la legislación establece que en las empresas con más de 50 trabajadores el 2 % de sus empleados deben ser personas con discapacidad. Además, la administración pública tiene que reservar para este colectivo un 7 % de las plazas de convocatorias.

Un trabajo digno

Las ofertas de trabajo que llegan a los profesionales de la intermediación laboral suelen ser de baja cualificación y con unos salarios muy bajos. Para tratar de fomentar la inclusión, Enric Nomdedéu afirmó que se han duplicado las ayudas a centros especiales de empleo, que tienen como objetivo ofrecer a las personas con discapacidad una formación y un puesto como tránsito hacia el mercado ordinario de trabajo.

No obstante, el director de Labora admitió que no siempre se está haciendo un buen uso de estos. «Hay grandes empresas que montan su propio centro y las personas acaban trabajando con los mismos parámetros de productividad que en una empresa de economía regular pero con las subvenciones», explicó Nomdedéu, que hizo una distinción entre los que son «sin ánimo de lucro» y los que son «sinónimo de lucro». Teresa Miedes, coordinadora del Área de Empleo de la Fundación Asindown, se mostró a favor de los centros especiales de trabajo siempre y cuando cumplan con su objetivo inicial. Desde la fundación se apuesta por el trabajo en empresas ordinarias con apoyo, tanto para el usuario como para las familias y la propia entidad.

«Contamos con unas 115 personas trabajando. Hubo un bajón importante con la pandemia, pero hemos remontado. Nuestra apuesta es la formación previa, acelerando el proceso madurativo de las personas con discapacidad y ralentizando su envejecimiento», afirmó Miedes, quien pidió a la administración que se subvencionen contratos inferiores a 20 horas para personas con diversidad funcional y contratos superiores a dos años.

«Las empresas tienen que dar el paso de abrir el punto de mira. Es gente muy implicada, que valora el trabajo porque le da estabilidad e independencia», explicó Reme Alarcón, que trasladó su experiencia con la inclusión de personas con diversidad funcional en Caixa Popular. «Cuando se incorpora una persona con diversidad funcional es muy importante que la empresa tenga información y asesoramiento por parte de las asociaciones», manifestó Alarcón.

En el encuentro, moderado por el periodista de Levante-EMV Julio Monreal, también participó Miguel Montagut, director del proyecto «Sin barreras» de Caixa Popular, una iniciativa transversal con la que la entidad bancaria desarrollará acciones para alcanzar la normalización y la sensibilización de la sociedad con respecto a las personas con discapacidad en el mundo laboral.

«Pretendemos conseguir una sensibilización interna desde la incorporación de personas con discapacidad, que sabemos que han aportado un valor adicional a la empresa. Buscamos de qué manera apoyar tanto económica como personalmente, implicando a las personas de Caixa Popular», explicó Montagut.

La educación es la base

Pero para acceder a un empleo, la formación es imprescindible. «Las personas con discapacidad necesitamos educación. No solo para el trabajo: teniendo una formación y una cultura es mucho más fácil participar en la sociedad, es una vía de integración y participación social vital», recalcó Albert Marín. A pesar de esto, según datos del INE, la tasa de analfabetismo en las personas con discapacidad ascendía en 2019 a un 5,07 %, muy por encima de la tasa en el resto de la población.

El tesorero de Cocemfe también puso énfasis en las dificultades de las personas con discapacidad física para acceder a la formación cualificada, especialmente en el mundo rural. «En algunos pueblos todavía hay colegios en los que el profesor tiene que subir al alumno por las escaleras. Esto es un reto muy importante, un colegio no puede ser no accesible porque no hay nadie que lo necesite, tiene que ser accesible per se», declaró Marín.

Así, todos los participantes en el evento coincidieron en defender la necesidad de una educación y formación inclusivas. «La educación debe ser inclusiva y especialmente sensible. Tanto el profesorado como los alumnos tienen que ser tolerantes. Pero hay muchas barreras todavía, incluso físicas», reconoció Reme Alarcón.

Con el fin de garantizar una formación para las personas con discapacidad, Teresa Miedes explicó que, desde Asindown, crean sus propios cursos enfocados al mercado laboral. De esta manera, también ofrecen una oportunidad a las personas con discapacidad que acaban la educación obligatoria y que están pasando por una de las etapas más difíciles, la adolescencia, en la que algunos pueden haber sufrido acoso escolar.

Sensibilizar a la sociedad

«Estamos haciendo una formación dual. Algunas empresas han cedido sus aulas para que puedan formarse junto a los profesionales de la misma empresa y después hacer prácticas para que se sientan parte ella y para que la población vea que están trabajando y que son productivos», desarrolló Miedes.

El problema es que una gran parte de la sociedad no está preparada para ver a una persona con discapacidad trabajando en una empresa ordinaria y de cara al público, sobre todo si no es detectable, como puede ser el caso de la discapacidad psíquica. «En el momento en el que una persona con una discapacidad mental intenta acceder a un empleo y se enteran de su discapacidad, tienen muchos problemas con la empresa», explicó Albert Marín.

Asimismo, Teresa Miedes señaló la incongruencia de pretender que «personas con menos recursos y menos capacidades se adapten a una sociedad, en general normalizada, cuando sería más fácil que la población que no tiene problemas se adaptara en pequeña escala a las personas con diferentes capacidades».

Además, falta mucha implicación por parte de la sociedad para transformar esta realidad. «Tenemos que convencer a la gente de que es tarea de todos que una persona con discapacidad pueda tener un trabajo digno», afirmó Marín. Sobre esto, el tesorero de Cocemfe propuso enseñar a la población a tratar a las personas con discapacidad.

Cambio cultural

«Se necesita un cambio cultural para conseguir una inclusión que sea sostenida en el tiempo», expresó Montagut. Al respecto, recordó que las empresas también deben estar sensibilizadas. «Nuestra gestión desde el principio ha sido por valores. No estamos dispuestos a hacer negocio a cualquier precio. Tenemos muy claro cuáles son las bases sobre las que hay que funcionar», reconoció Montagut.

Para conseguir estos objetivos la colaboración entre los diferentes agentes que intervienen en la inclusión laboral de las personas con discapacidad es fundamental. De esto fueron conscientes todos los invitados a este encuentro.

«Se necesita la colaboración entre la administración, poniendo los medios adecuados para que todas las personas tengan las mismas oportunidades; las asociaciones que conocen bien cuáles son sus necesidades y que pueden hacer de nexo; las empresas, que tenemos una responsabilidad social; y los medios de comunicación que tienen la obligación de sensibilizar a la sociedad para que cambie su paradigma», expuso Montagut. Reme Alarcón añadió el «ejercicio personal» que cada uno debe hacer para romper con esa mentalidad.

Por su parte, Albert Marín hizo un símil con lo que ha pasado en los últimos años con la ecología. «Una tarea esencial es que el problema de la inclusión laboral de las personas con discapacidad pase a ser de toda la sociedad, que tiene que empezar a valorar que una empresa cumpla con las cuotas y vaya un poco más allá de la legislación al respecto», declaró Marín.

No obstante, la perspectiva de las asociaciones y de la administración no es del todo negativa. «El cambio es lento, pero si miramos veinte o treinta años atrás, las personas que nacían con algún tipo de discapacidad se quedaban en casa. Hoy en día hay diversidad», subrayó Miedes.

Así, Enric Nomdedéu señaló la necesidad de que haya referentes públicos de este colectivo en la sociedad. El secretario autonómico también lanzó un mensaje alentador: «La lógica nos acompaña a ser mínimamente optimistas. Hay generaciones que vienen detrás y que empiezan a ver las cosas de una manera diferente».

La digitalización abre una brecha más para la diversidad funcional

La pandemia de coronavirus supuso la aceleración del proceso de digitalización que ya había comenzado y que se ha extendido a todos los ámbitos. El problema es que el aprendizaje de las personas con discapacidad puede ser más lento, lo que provoca una gran brecha digital.

«Cualquier herramienta nueva ofrece grandes oportunidades, pero también grandes problemas. La brecha digital es muy grande, sobre todo a partir de cierta edad», afirmó Albert Marín en el encuentro sobre la «Inclusión en el mercado laboral de las personas con discapacidad» en el Club Diario Levante. Al respecto, señaló la pérdida de «intimidad económica» de las personas que necesitan a otras para hacer trámites.

Desde Asindown, Teresa Miedes explicó que han tenido que volver a enseñar algunas labores que han pasado del papel al digital. «Nos hemos encontrado una necesidad de avanzar y aprender nuevas tecnologías. Pero nos está costando encontrar cursos adaptados y los tenemos que hacer nosotros», declaró Miedes.

Por su parte, Enric Nomdedéu valoró la ayuda que ofrece la digitalización, pero admitió que supone «reaprender muchas cosas». «Si somos capaces de hacer que la tecnología ayude a las personas con más dificultades, estaremos ayudando a todas la sociedad», admitió el director general de Labora.

Así, empresas como Caixa Popular son conscientes de las necesidades que se detectan al respecto y de los cambios que hay que implementar. «La digitalización abre puertas de mejora», concluyó Miguel Montagut.