La primera Constitución que tuvo España, la promulgada en 1812 en Cádiz, contó con la activa participación en su debate y redacción, con el escritor, pensador, filósofo y teólogo, el sacerdote setabense Joaquín Lorenzo Villanueva, quien de monárquico absolutista acabó convertido en liberal, razón por la cual Fernando VII lo encarceló, marchándose al exilio, primero a Londres y posteriormente a Dublín, donde murió.

 La Constitución fue promulgada por las Cortes de Cádiz el 19 de marzo de 1812, motivo por el cual popularmente es conocida por La Pepa. Después de tantos siglos de monarquías absolutistas, no se la dejó vivir tranquila y estuvo sometida a grandes vaivenes a lo largo del siglo XIX.  El primer golpe de muerte que recibió fue precisamente en Valencia, ciudad por donde entró procedente de su exilio Fernando VII, firmando en el Palacio de Cervelló, donde se alojó, el Decreto de su abolición el 4 de mayo de 1814.

El clérigo Joaquín Lorenzo Villanueva.

 El texto constitucional introducía como gran novedad que la soberanía nacional residía en las Cortes y no en el poder del monarca, además de establecer la división de poderes del Estado, todos ellos hasta entonces concentrados en el Rey. Dimanante de la nueva situación constitucional y del trabajo de los valencianos en dichas Cortes, sobre todo de Joaquín Lorenzo Villanueva, se fijaron cuatro provincias en el Reyno de Valencia, las tres actuales aún vigentes y  la de Xàtiva, regidas por sus diputaciones.

El rey Fernando VII

 El Estado continuaba siendo monárquico, pero atemperado y controlado por las Cortes, integradas solo por diputados, sin Senado, siendo la duración de las legislaturas de dos años. Garantizaba libertades, la propiedad privada, el principio de legalidad, la justicia, la inviolabilidad del domicilio, la libertad de prensa, la educación básica y. por influencia de los clérigos diputados, entre ellos Villanueva,  se primaba la religión católica que seguía siendo considerada como la única en España, la única del Estado. Fueron abolidos los señoríos feudales con sus jurisdicciones y poderes y  el Tribunal de la Inquisición.

 De los trabajos realizados en las Cortes de Cádiz existe un libro titulado “Mi viaje a las Cortes”·, escrito por Joaquín Lorenzo Villanueva, testigo de ellos donde relata lo más importante de lo acontecido entre 1810 y 1813. Fue un intelectual precoz, a los 19 años era ya doctor en Teología. Enseñó Filosofía en el Seminario de Orihuela, pasando luego a Madrid, donde le apoyó Juan Bautista Muñoz Ferrandis, de Museros, cosmógrafo real. Escribió muchos libros de índole religiosa, entre ellos, en colaboración de su hermano Jaime, dominico, “Viaje literario a las iglesias de España”, donde recogió particularidades de las distintas Iglesias y liturgias de España que visitó y documentó. En Madrid ingresó en la Real Academia de la Lengua,  en la Real Academia de la Historia y fu consultor del Santo Oficio.

En el centro, el Palacio de Cervelló, con los jardines de la Glorieta a la izquierda y el Convento de Santo Domingo, la muralla y el rio Turia en primer término.

Aquí le sorprendió el 2 de mayo de 1808, el alzamiento del pueblo contra la invasión napoleónica de España, interviniendo en la defensa de Madrid, hechos que le llevaron a cambiar de su ideología monárquica absolutista por la liberal, iniciando una vida política muy activa en esta nueva línea. En las Cortes luchó para que desapareciera del mapa el Tribunal de la Inquisición. Por su ciudad natal hizo que se le restituyera el nombre histórico a Xàtiva, la que convirtió en capital de provincia, gobernación y Obispado, aunque por poco tiempo en 1814.

 

Canónigo de Cuenca y embajador en la Santa Sede

 Por su activismo liberal, Villanueva fue encarcelado por los absolutistas. En otro vaivén político fue liberado y marchó a Cuenca en cuya catedral poseía una canonjía. Designado diputado a Cortes por Valencia consiguió que en 1821 de nuevo la Seu de Xàtiva fuera  catedral y la ciudad capital de provincia.

 En 1822, en período liberal, fue nombrado embajador de España ante la Santa Sede, pero el Papa no le dio el placet y le prohibió entrar en Roma dada su deriva liberal. En reciprocidad el gobierno español expulsó al Nuncio. En 1823, Fernando VII volvió a la senda absolutista y arrumbó con todo lo hecho por los liberales. Joaquín Villanueva decidió exiliarse, embarcando en Gibraltar destino a Londres, pasando luego a vivir a Dublín. En su exilio, se dedicó a una de las tareas que más le ocupó en vida, escribir.

El palacio de Cervelló, en la Plaza Tetuán de Valencia.

 Cuenta Díez Arnal que “en 1840 la esposa de Fernando VII y regente del reino desde 1833, María Cristina de Borbón dos Sicilias, (su hija pequeña Isabel sería la futura reina) abdicó de la regencia entregando el gobierno al general Baldomero Espartero (1793-1879) a quien nombra primer ministro del Reino (17 de octubre). Pues bien la carta de abdicación se realizó y se firmó en nuestro Palacio de Cervelló. La regente partiría hacia el exilio dejando a su hija Isabel bajo la tutoría de Espartero. Isabel II sería la reina que más visitaría este palacio pues estuvo en nuestra ciudad en dos ocasiones más, una en mayo de 1844 ya como reina y la segunda también en mayo, pero de 1858. Posteriormente el efímero rey Amadeo de Saboya (rey entre 1870-1873) ocupó el palacio entre el 3 y el 7 de septiembre de 1871.”