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El perfil del ciberacosador: un veinteañero, bien parecido y embaucador

Los casos de acoso ‘online’ aumentan un 175 % respecto a 2018 coincidiendo con el confinamiento

Una menor lee una conversación en el móvil. | ANTONIO AMORÓS

El perfil del ciberacosador no es el de un «hombre cincuentón feo y solitario», sino el de un «veinteañero bien parecido». Es una de las principales conclusiones de la I Jornada StopOnSexgroom, celebrada en la Universitat Politècnica de València y dedicada al ciberacoso sexual a menores (OG, por sus siglas en inglés de Online Grooming), un fenómeno criminal donde abundan los mitos y los prejuicios.

En España, los casos de OG han crecido un 175 % respecto a 2018, como recoge la Memoria de la Fiscalía General del Estado publicada en 2021. Las restricciones de la pandemia han puesto en una situación de mayor vulnerabilidad a las víctimas, al estar más expuestos a las nuevas tecnologías.

El OG es un proceso comunicativo de engaño a través de internet en el que un adulto utiliza el lenguaje y otros modos semióticos para abusar de otra persona con el fin de obtener imágenes de contenido erótico. Las redes sociales, principalmente Instagram y Tik Tok, y los juegos online son las plataformas donde hay más presencia de ciberacosadores.

El gran mito del adulto solitario como acosador habitual quedó triturado con las palabras de Eduardo Casas, subinspector de policía del Grupo de Protección a menones de la Unidad Central de Ciberdelincuencia: «De todos los casos que he tratado, solo uno era el de un hombre cincuentón. El resto eran jóvenes de en torno a 20 años de edad», dijo durante la jornada en la que participaron lingüistas, psicólogos, criminólogos, policías, juristas y docentes. ¿Por qué lingüistas? «Porque el mecanismo que utilizan los acosadores para atrapar al menor es mediante la comunicación», sentencia Carmen Pérez, lingüista y organizadora.

Patrones lingüísticos

Tal es la importancia del lenguaje en este tipo de delito, que el Ministerio del Interior trabaja en la creación de una herramienta que sirva para detectar los patrones lingüísticos del ciberacosador. «El acoso empieza de muchas formas, desde ‘hola cariño, ¿cómo estás?’, hasta pásame una foto tuya’. No es un patrón único. Hay varias estrategias. En muchos casos, la víctima llega a creerse que está en una relación de amor», añade Carmen Pérez.

«Hemos comprobado que el OG despliega un sofisticado arsenal de tácticas de embaucamiento. Muchas veces se hacen pasar por menores y se ganan la confianza de su víctima, interesándose por sus aficiones y adulándola por cualquier motivo. Tratan de aislarla y entonces llegan las exigencias», explica Nuria Lorenzo-Dus, lingüista de la Universidad de Swansea (País de Gales).

El retrato del acosado es el de una niña de entre 8 y 16 años. «Pero los chicos sufren más, porque tienen miedo a que la familia se entere y sepa que son homosexuales, porque a esas edades hay gente que no tiene clara su orientación sexual», afirma Pérez. «A ello se suma que un adolescente cree que tiene el control sobre todo, y cuando se da cuenta de que no, llega la culpa y se niega a contarlo», añade Eduardo Casas sobre el círculo vicioso en el que entra el menor. ¿Cómo consigue un ciberacosador que su presa le envíe una foto? «Muchas veces, por chantaje, o por engaño. Y una vez ha conseguido una, amenaza con publicarla si no le envía más», explica la organizadora.

Los expertos destacan que hay mucho trabajo por delante. «Las familias, en general, son muy descuidadas. Deben concienciarse de que el teléfono móvil no es un juguete. Es un instrumento de apertura al mundo. Menores de 10 años que todavía no van solos al supermercado ya tienen un móvil, que es mucho más peligroso. Hay que mantener un diálogo constante con los hijos. Los menores que tienen confianza con su familia están más protegidos», explica José Martínez-Ferrando, profesor del IES Clara Campoamor de Alaquàs.

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