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Una excavación revela la existencia de fosas con 113 fusilados en Llíria

Los investigadores tienen constancia del cadáver de una embarazada de ocho meses

Trabajo de exhumación en el cementerio de Llíria de fosas comunes de la Guerra Civil

Las sospechas se han confirmado y los familiares tenían razón. En el cementerio municipal de Llíria están sepultadas personas represaliadas por el bando nacional tras la toma de la ciudad en 1939. En concreto, se calcula que son 113 personas, el fusilamiento más sangriento solo después de Paterna, donde las víctimas se cuentan por millares.

Con este hallazgo se zanja una polémica que ha enfrentado a las autoridades locales con los familiares, quienes insistían que sus víctimas estaban en el cementerio municipal y no en el civil como ha defendido personal del ayuntamiento durante un largo tiempo. A los fusilados hay que añadir los fallecidos en el Hospital de Sangre de Llíria que al pertenecer al bando republicano, también los enterraron en fosas comunes sin identificar.

En Llíria, los fusilamientos se produjeron tras la guerra como represalia a los ciudadanos y ciudadanas. La primera zanja que se ha excavado corresponde al 24 de octubre de 1939 donde se sabía que habría víctimas en su interior gracias a una cruz de mármol que indicaba el nombre de uno de los fallecidos. La excavación comenzó el 29 de noviembre y ayer el equipo de ArqueoAntro y la Agrupación de Familiares de Víctimas del Cementerio de Llíria confirmaron la presencia de represaliados entre los cadáveres soterrados, si bien pidieron «cautela» hasta que la excavación avance un poco más, ya que se trata de una zanja donde se enterró a personas fallecidas en los años 60, por lo que hay que realizar una distinción entre los cadáveres.

«Es un momento importante para cerrar la historia de nuestros familiares. Yo mismo tengo aquí a mi bisabuelo y a mi tío», explicó Sergio García Tudela, presidente de la Agrupación. Inés Blay, la portavoz de ArqueoAntro que está dirigiendo la excavación, concretó que en esta fosa había doce personas enterradas pero en los años 60 se extrajo una, por lo que quedan 11 víctimas. En la zanja que las arqueólogas y antropólogas excavaban ayer, había dos cuerpos que pertenecían a sepulturas corrientes y otros dos que todo indica que habrán sufrido represalias, aunque tendrán que confirmarse en el laboratorio.

La roca del suelo ha aparecido a tan solo un metro de profundidad, lo que facilita el trabajo. Según Inés, eso confirma que no hay más sepulturas a gran profundidad (como sí sucede en Paterna). En los perfiles de la zanja excavada aparecieron dos cráneos con fracturas perimortem, donde la causa de muerte fue la perforación con un proyectil. Ahora, los especialistas ampliarán el perímetro en las dos semanas de trabajo que les queda -hasta ahí llega la subvención concedida- para encontrar a más personas en el camposanto edetano.

Matías Alonso, memorialista y asesor de Memoria Histórica en la Diputación de València, incidió en la importancia de «creer» a los familiares sobre la ubicación de las fosas. «Esta fosa está empezando a manifestarse y con esto se cierra una polémica, porque se nos discutió mucho que los represaliados estuvieran aquí», señaló. «Esto confirma que allí donde los familiares señalan, están. A ellos no les interesa mentir», zanjó. Además, agradeció al Ayuntamiento de Llíria su colaboración con los familiares y a la Conselleria de Memoria Democrática por la subvención recibida para los trabajos de excavación.

Ensañamiento con ‘La Chata’

En estas fosas se encuentra ‘La Chata’, Concepción Aduá, una mujer embarazada de ocho meses que fue fusilada el 3 de junio de 1939. Hasta ahora es la única mujer en estado de gestación que hay constancia de que fuera asesinada en la Comunitat. Perseguían a su marido pero la detuvieron a ella para obligarle a él de que volviera del exilio si quería que continuara viva. Así lo hizo y cuando llegó a Llíria, su mujer ya estaba muerta. A él lo fusilaron en octubre y a la madre de ella le condenaron a diez años de prisión.

Entre los familiares presentes se encontraba Vicente Torres Ibáñez, nieto de Miguel Torres Palacio, fusilado el 30 de octubre de 1939. «Siempre se ha dicho que fue un cabecilla de los republicanos, pero tenemos dudas de por qué le mataron en realidad», lamentó el nieto junto a otros tres descendientes más.

Otro familiar, Francesc Giner, estaba presente por su abuelo Vicent Zaragozá i Riera, que murió en el Hospital de Llíria por las heridas causadas en el frente y que sepultaron en una de las fosas comunes de este cementerio.

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